El cerebro del adolescente puede ser especialmente sensible

El cerebro del adolescente puede ser especialmente sensible

Se está hablando mucho últimamente de que la adolescencia, al igual que la infancia, incluye distintas  períodos sensibles durante los cuales la plasticidad cerebral es elevada. Sin embargo, al realizar una revisión de la literatura de la neurociencia un grupo de investigadores de la  University College London (UCL)  ha visto poca evidencia sobre esta afirmación.

Sin embargo, todavía han hallado un pequeño número de estudios sobre cómo la formación de la memoria, el estrés social y el consumo de drogas se procesan de forma diferente en el cerebro de los adolescentes en comparación con otros períodos de la vida.

El cerebro del adolescente puede ser especialmente sensible a los nuevos recuerdos, al estrés social y al consumo de drogas

Los investigadores, que han publicado sus conclusiones en el Trends in Cognitive Sciencesexplican que los humanos conservan cierta plasticidad -los cambios en el cerebro y el comportamiento en respuesta a las demandas ambientales, experiencias y cambios fisiológicos- a lo largo de la vida. Sin embargo, durante los períodos sensibles esta plasticidad se intensifica y el cerebro “espera” a estar expuesto a un estímulo particular. Por ejemplo, los cerebros de los bebés están preparados para procesar la entrada visual y el lenguaje.

La capacidad de formar recuerdos parece estar aumentada durante la adolescencia, que es un buen ejemplo de cómo puede ser un período sensible. Las pruebas de memoria en las diferentes culturas muestran un “bache de reminiscencia”.  A los 35 años o más somos más propensos a recordar los recuerdos autobiográficos de cuando teníamos entre 10 y 30 años que oros recuerdos anteriores o posteriores. La música, los libros, las películas y eventos públicos de la adolescencia también es superior en comparación con la de otros períodos.

Además, los investigadores señalan que los aspectos simples de la memoria de trabajo o procesamiento de la información en curso pueden alcanzar la madurez en la infancia, mientras que otras capacidades más complejas, como las capacidades de memoria de trabajo auto-organizado continúan mejorando durante la adolescencia temprana e implican regiones frontales del cerebro que aún están en desarrollo. En este sentido, explican los investigadores que, aunque la memoria de trabajo puede ser entrenada en los adolescentes, realmente no se sabe cómo los efectos de esta formación difieren respecto a otros grupos de edad.

Muchas enfermedades mentales tienen su inicio en la adolescencia y la vida adulta temprana, posiblemente provocado por la exposición al estrés. El equipo de la UCL exploró estudios que indican que tanto el estrés social como la exclusión social tienen un impacto desproporcionado en la adolescencia. También argumentan que la adolescencia puede ser un período vulnerable para la recuperación de estas experiencias negativas.

“Los adolescentes son más lentos en  olvidar los recuerdos aterradores o negativos”, explican los investigadores. “Esto podría significar que algunos tratamientos para los trastornos de ansiedad, que se basan en la exposición controlada a lo que un paciente tiene miedo, pueden ser menos eficaces en los adolescentes y podrían ser necesarios tratamientos alternativos.”

Por último, los estudios mostraron que la adolescencia es también un tiempo de compromiso mayor en los comportamientos de salud de riesgo, como la experimentación con el alcohol y otras drogas. Los adolescentes parecen ser particularmente susceptibles a la influencia de los pares en la percepción del riesgo y la asunción de riesgos en comparación con otros grupos de edad. La investigación en roedores también admite que los cerebros de los adolescentes pueden tener una mayor sensibilidad a la marihuana.


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