El desarrollo del lenguaje (Parte I)

La conquista del lenguaje es un paso fundamental en el desarrollo de una persona. A través de las palabras y de los gestos se pueden expresar los sentimientos, las ideas y los deseos, comunicarse con el mundo y actuar sobre él. A pesar de que los niños pronuncian sus primeras palabras alrededor del año y medio de vida, desde que nacen son capaces de comunicarse por medio del llanto, de la sonrisa, de la emisión de sonidos y de los gestos. Desde los primeros balbuceos hasta las primeras frases, el pequeño pasará por múltiples etapas que lo llevarán a desarrollar su capacidad de expresión oral.

Del nacimiento a los dos meses
El bebe se comunica mediante gestos no intencionales y expresiones afectivas. El llanto es la primer forma de hacerle saber a su mamá que siente hambre, que tiene sueño, que le duele algo o que simplemente necesita estar con ella. Aunque los padres se desesperan al principio porque creen que no pueden interpretar cuál es la verdadera necesidad de su hijo, poco a poco, aprenden a decodificar los distintos tipos de llanto.

De los dos a los cuatro meses
Cuando mamá o papá le hablan, el bebé responde con el famoso Ajjjooooó!!! Los balbuceos, los gritos y las
primeras vocalizaciones (“aaa”, “eee”), señalan el inicio de la etapa pre-lingü.stica. Los padres se entusiasman y le hablan a su hijo, el bebé “responde” mientras lo escuchan con atención y, una vez que termina de emitir sonidos, los adultos continúan hablándole. Sin proponérselo, con este ejercicio, los padres enseñan a sus hijos a “dialogar”.

Los cuatro meses
Es la etapa de los monólogos largos. El bebé disfruta muchísimo con los variados sonidos que emite y con la
posibilidad de escuchar su propia voz. A través de la reiteración de las vocalizaciones o de las distintas combinaciones de sonidos, va autoestimulando los músculos del habla. Por eso es importante permitir que vocalice cuanto quiera.

De los cinco a los ocho meses
Se amplía el repertorio de gestos que constituye el medio de comunicación más efectivo del bebé desde su
nacimiento hasta el año de vida. Además, los gestos comienzan a tener un carácter verdaderamente intencional. Así por ejemplo, la sonrisa, que antes respondía a un mecanismo reflejo para expresar un estado de bienestar o satisfacción, es utilizada ahora para congraciarse con el adulto. Los brazos en alto, más allá de un gesto de imitación, expresan el deseo de ser alzado en brazos o indican algún objeto que pretende alcanzar.

Los balbuceos se vuelven más intencionales y se emplean para llamar la atención. Los niños empiezan a pronunciar y a repetir sílabas como “da-da-da” o “ta-tata”, más cercanas a las primeras palabras como “mamá” o “papá”.


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