Al plantearse esta cuestión surge un conflicto, a menudo alimentado por la presión social que sugiere que una mujer “debería” tener hijos. Cuando una mujer decide no ser madre, a veces se ve empujada a dar motivos, como si pidiera disculpas, algo que no debería ocurrir. Hay un momento en que una mujer se imagina como madre, empieza a ver embarazadas por todas partes, se enternece al ver bebés o se sorprende mirando ropa o revistas de maternidad… a ese impulso se le llama comúnmente reloj biológico. Las mujeres asumimos diferentes roles: ser madres o trabajar, estudiar, independizarnos y desarrollarnos profesionalmente; por ello solemos valorar la estabilidad (laboral, emocional o de pareja, vivienda) antes de decidir la maternidad.
¿Qué es el reloj biológico y cómo se relaciona con la fertilidad?

El reloj biológico alude al periodo de mayor capacidad reproductiva de la mujer. La vida fértil comienza con la primera menstruación y se extiende hasta la menopausia. Con el paso del tiempo, la reserva ovárica (cantidad de óvulos disponibles) disminuye de forma natural, y también lo hace su calidad.
A partir de cierta edad, suele observarse una bajada progresiva en las probabilidades de embarazo natural; esto no significa que sea imposible lograrlo, sino que puede requerir más tiempo o apoyo médico. Este descenso está influido por la cantidad y calidad de los óvulos, que condicionan la tasa de fecundación y el riesgo de alteraciones cromosómicas.
Riesgos y consideraciones de la maternidad en edades más avanzadas

Retrasar la maternidad puede conllevar tanto beneficios (mayor estabilidad personal, emocional y económica) como algunos riesgos que dependen de la edad y del estado de salud global. Entre ellos se describen:
- Hipertensión gestacional, diabetes del embarazo o alteraciones del tiroides.
- Mayor probabilidad de embarazo múltiple por cambios en la ovulación.
- Dificultad añadida para concebir por disminución de la reserva ovárica.
- Riesgo de embarazo ectópico.
- Aumento de alteraciones genéticas y de abortos espontáneos.
Un control ginecológico adecuado, hábitos saludables y la valoración individual de riesgos ayudan a maximizar la seguridad del embarazo. La gran mayoría de los bebés nacen sanos.
Hoy día, la edad media en que muchas mujeres se plantean tener hijos se sitúa entre mediados de los 20 y principios de los 30. A partir de la treintena avanzada y algunos riesgos asociados a la edad materna aumentan, aunque conviene recordar que la mayoría de bebés nacen bien.
Preservar la fertilidad: vitrificación de óvulos

Si aún no es el momento de ser madre, existe la opción de preservar la fertilidad mediante vitrificación de óvulos. Esta técnica congela los ovocitos en su estado actual para utilizarlos en el futuro si no se logra embarazo de forma natural.
- Estimulación ovárica controlada y seguimiento ecográfico.
- Punción para obtener los ovocitos.
- Vitrificación y almacenamiento en nitrógeno líquido.
- Uso posterior en fecundación in vitro (FIV) cuando la mujer lo decida.
Preservar los óvulos permite decidir con mayor libertad el momento de la maternidad y puede reducir la necesidad de donación de óvulos en el futuro.
Tratamientos en edad reproductiva avanzada: ciclo natural y estimulación suave

Además de la FIV convencional, existen protocolos con estimulación suave (como miniFIV) que emplean dosis hormonales más bajas, a menudo con citrato de clomifeno por vía oral, buscando entre 3 y 5 ovocitos de buena calidad. Pueden ofrecer menor carga de medicación, menos pinchazos y menor riesgo de síndrome de hiperestimulación ovárica, manteniendo tasas de éxito competitivas en perfiles seleccionados.
¿Existe reloj biológico masculino?
En los hombres no hay una “reserva” cerrada de gametos, pero con la edad pueden disminuir la salud reproductiva masculina (motilidad, morfología) y aumentar algunos riesgos reproductivos. Aunque la caída no es tan marcada como en la mujer, conviene valorar la salud reproductiva masculina cuando se retrasa la paternidad.
Cultura, deseo y libertad de elección

El llamado reloj biológico también tiene una dimensión social: puede vivirse como impulso, como presión o no sentirse en absoluto. La maternidad es una experiencia emocional, física y vincular extraordinaria, y además sostiene la continuidad humana; pero no debe ser un destino obligado. Informarse, planificar y decidir con autonomía permite alinear proyecto vital y deseo de maternar.
No hemos de olvidar que la capacidad de tener hijos es maravillosa y que, al mismo tiempo, la maternidad debe ser una opción libre. Contar con asesoramiento ginecológico, conocer la reserva ovárica (AMH y recuento folicular antral), cuidar la salud y valorar herramientas como la vitrificación o la miniFIV ayuda a tomar decisiones serenas y bien informadas.