La pregunta ¿es posible quedarse embarazada durante la menopausia? genera muchas dudas, miedos y también falsas creencias. La realidad es que la fertilidad femenina no se apaga de golpe, sino que pasa por un proceso de transición en el que siguen existiendo cambios hormonales, ovulaciones esporádicas y, por tanto, un cierto riesgo de embarazo, sobre todo en la llamada premenopausia o perimenopausia. Al mismo tiempo, los avances en reproducción asistida hacen posible un embarazo incluso cuando la menopausia ya se ha instaurado de forma definitiva, aunque no sea con óvulos propios.
Aunque la edad en la que una mujer tendrá la menopausia es difícil de predecir, se estima que oscila entre los 45 y los 53 años, más frecuentemente alrededor de los 51. Pero cuando hay cifras de por medio, también hay posibilidades de que una mujer se “salga del rango” y deje de menstruar definitivamente antes o después de ese periodo. Como sabéis, la menopausia implica el cese de la menstruación y da paso al climaterio, una etapa de tránsito hacia la vejez reproductiva.
En alguna ocasión ya habíamos hablado acerca de los síntomas, y seguro que encontramos el momento de volverlo a hacer, pero hoy nos queremos centrar más en el riesgo de embarazo durante la premenopausia y en qué ocurre con la fertilidad cuando la menopausia ya se ha establecido. Aunque ya que estamos, no está de más señalar que a pesar de consistir en cambios hormonales y metabólicos naturales, la menopausia llega con algunas molestias como insomnio, sofocos, posible irritabilidad, cambios en el peso y en la distribución de la grasa corporal, aumento del diámetro de la cintura y, por otra parte, pérdida progresiva de masa ósea.
Así pues, implica muchos cambios para la mujer, quien deberá saber adaptarse a una nueva situación vital. Todavía existen muchos tabúes y, sobre todo, cuesta hablar abiertamente del tema, probablemente porque se valora mucho la juventud (en contraposición con la madurez) y podamos llegar a sentirnos infravaloradas al abandonar el período fértil. En la práctica está claro que una mujer puede seguir siendo activa, plena y saludable a partir de esta etapa, y es tan importante cuidarse como apreciar cada fase de la vida y disfrutarla.
La menopausia no ocurre de la noche a la mañana
Antes de perder definitivamente la menstruación podemos remontarnos, en algunos casos, hasta unos cinco años antes: la premenopausia o perimenopausia se caracteriza por la aparición progresiva de determinados síntomas y por alteraciones en los ciclos menstruales. Durante este periodo los ovarios empiezan a funcionar de forma irregular, pero no dejan de hacerlo por completo.
La premenopausia se caracteriza por la presentación ocasional de algunos síntomas como sequedad vaginal, cambios de humor, episodios de depresión, inicio en la pérdida de masa ósea, aumento de peso, cambios en la calidad de la piel y del cabello, así como cambios significativos pero inconstantes en los ciclos menstruales (menos sangrado, más sangrado, ciclos largos o cortos, reglas que se adelantan o se retrasan, pequeños sangrados intermenstruales…). Es una fase de gran inestabilidad hormonal en la que los ovarios pueden seguir liberando óvulos de forma esporádica.
Tras la premenopausia ocurre la menopausia que sí está caracterizada por la presentación de la última menstruación. Desde el punto de vista médico, se confirma cuando han pasado 12 meses consecutivos sin regla y sin que exista otra causa que lo justifique (como determinados medicamentos, problemas hormonales o cirugías). Hasta que no haya pasado ese tiempo completo, se considera que la mujer está en transición menopáusica, aunque lleve varios meses sin menstruar. En algunos casos la ausencia de sangrado puede ser estable o durar 4 o 6 meses y, aun así, si aparece un sangrado posterior, la confirmación de la menopausia se hará cuando se cumpla el año entero sin regla.
La menopausia implica que la vida de una mujer ya no será cíclica, y eso puede dar cierta estabilidad. Además, la ausencia de ovulación y menstruación da tranquilidad en las relaciones sexuales, ya que desaparece el riesgo de embarazo natural. A pesar de una posible ausencia de flujo vaginal, las relaciones pueden seguir siendo satisfactorias (no olvidemos que hoy en día existen soluciones locales para la sequedad, como hidratantes y lubricantes vaginales, si lo queremos considerar así). Entre los cuidados necesarios se encuentra pedir cita con nuestro ginecólogo para que valore la situación, descarte otros problemas de salud y nos ofrezca la información que necesitamos sobre huesos, corazón, peso, salud sexual y bienestar emocional.
La última fase del período es la llamada postmenopausia, en la que se reduce considerablemente la producción propia de estrógenos y perdemos esa protección natural frente a alteraciones cardiovasculares y óseas. Esta etapa se prolonga durante el resto de la vida, y en los primeros años tras la última menstruación los sofocos, sudores nocturnos, alteraciones del sueño y cambios de humor pueden ser frecuentes o intensos. En caso de que los síntomas afecten de forma importante a la calidad de vida, es fundamental consultar con el médico para valorar tratamientos, cambios de estilo de vida y estrategias de autocuidado que ayuden a sobrellevarlos.

¿Es imposible quedarse embarazada en la menopausia?
Si tenemos en cuenta la menopausia como un proceso que incluye varias fases a lo largo de un período extenso de tiempo, la respuesta depende mucho de en qué punto se encuentre la mujer.
Durante la perimenopausia o premenopausia, las reglas son irregulares pero, mientras no hayan pasado 12 meses seguidos sin menstruación, los ovarios pueden seguir liberando óvulos de forma ocasional. Por tanto, no es imposible quedarse embarazada. A pesar de que los ovarios mantienen una actividad muy baja y los óvulos que quedan son de menor calidad, siguen estando activos. Por eso, si no te interesa quedarte embarazada en esta etapa, deberás seguir utilizando anticonceptivos aunque tengas ciclos escasos o poco frecuentes.
Se estima que durante la premenopausia la probabilidad de embarazo natural es muy baja pero no nula, situándose en valores aproximados que pueden ser inferiores al 2 % por ciclo, y con un riesgo de aborto espontáneo mucho más alto que en edades más jóvenes. Los óvulos que permanecen han sufrido más divisiones celulares y pueden acumular alteraciones cromosómicas, lo que explica tanto la menor tasa de gestación como el aumento de pérdidas gestacionales tempranas. Los datos poblacionales muestran además que solo un porcentaje muy pequeño de partos corresponde a mujeres en edades cercanas al final de la vida fértil; por ejemplo, algunas series registran cifras del orden del 0,01 % de partos en mayores de 47 años.
Cuando la mujer ya ha cumplido un año completo sin regla, hablamos de menopausia establecida. En ese momento, la función ovárica se considera extinguida: no hay ovulación y, por tanto, no es posible un embarazo natural. Sin embargo, el útero sigue siendo un órgano capaz de albergar una gestación si se prepara con hormonas adecuadas. Esto abre la puerta a los tratamientos de reproducción asistida en mujeres menopáusicas que desean ser madres.
Todos conocemos ejemplos de mujeres que se han quedado embarazadas a una edad avanzada de forma natural, y la mayoría de estos casos tienen a bebés sanos que crecen felizmente; aun así, la maternidad tardía plantea desafíos físicos y logísticos (por ejemplo, cuidar de un niño pequeño puede ser más extenuante con la edad). Un bebé suele ser una gran alegría para la familia, pero también debemos hablar de los posibles riesgos y de la necesidad de un seguimiento médico estrecho.
Los óvulos de una mujer en la fase final de su vida fértil son más viejos y transmiten un material genético de menor calidad, lo que se asocia a mayor riesgo de preeclampsia, diabetes gestacional, placenta previa, parto por cesárea, bajo peso al nacer, síndrome de Down y otras alteraciones cromosómicas. Si creías que ya estabas en la menopausia y te has quedado embarazada, lo primero es mantener la calma y, después, visitar a tu ginecólogo para confirmar la situación, valorar tu salud y ajustar el seguimiento del embarazo.
Por otra parte, a partir de edades muy avanzadas dentro de la vida reproductiva es extremadamente difícil quedarse embarazada sin recurrir a tratamientos “in vitro” o donación de óvulos, porque la reserva ovárica está muy disminuida y prácticamente no quedan ovocitos capaces de dar lugar a un embrión sano.
Embarazo y menopausia: papel de la reproducción asistida
Cuando la menopausia ya se ha instaurado (postmenopausia), la mujer ya no ovula y no puede lograr un embarazo con sus propios óvulos de manera natural. Aun así, la medicina reproductiva ofrece diferentes alternativas para mujeres que desean ser madres tras la menopausia o que han tenido un fallo ovárico precoz antes de la edad habitual.
Entre las principales técnicas se encuentran:
- Vitrificación de óvulos propios: si la mujer preservó sus ovocitos en etapas más jóvenes, es posible recurrir a una fecundación in vitro posterior usando esos óvulos congelados. El útero se prepara con una pauta hormonal para crear un endometrio receptivo y se transfiere el embrión resultante.
- Ovodonación o donación de óvulos: se emplean ovocitos de una donante más joven, que se fecundan con el semen de la pareja o de un donante. Los embriones se transfieren al útero de la mujer menopáusica, que previamente ha recibido tratamiento hormonal para adaptar el endometrio.
- Embriodonación: se utilizan embriones donados por otras parejas que ya han completado su deseo reproductivo. Una vez más, se prepara el útero con hormonas para recibir el embrión.
Las tasas de éxito de embarazo durante la menopausia mediante estas técnicas de reproducción asistida son similares a las de mujeres en edad fértil que se someten a los mismos procedimientos, ya que el factor determinante es la calidad del ovocito y del embrión, no tanto la edad del útero. Eso sí, el estado general de salud de la mujer y la presencia de enfermedades asociadas a la edad son claves a la hora de valorar la indicación del tratamiento y los riesgos de la gestación.
Es importante tener en cuenta que, aunque en algunos países no existe un límite legal estricto de edad para someterse a estas técnicas, muchos centros establecen un límite ético interno para garantizar la seguridad de la madre y del futuro bebé. Antes de iniciar cualquier procedimiento se realizan estudios detallados del endometrio, del corazón, de la tensión arterial, del metabolismo y de otros factores que puedan influir en el embarazo.
Cómo diferenciar menopausia, premenopausia y embarazo
La menopausia, la perimenopausia y el embarazo comparten un síntoma clave: la ausencia de menstruación. Esta coincidencia hace que muchas mujeres se pregunten si están embarazadas o si están entrando en la menopausia cuando dejan de tener la regla o la notan muy alterada.
Sin embargo, más allá de esa amenorrea, cada proceso cursa con una sintomatología diferente. En la perimenopausia destacan los sofocos, la sequedad de mucosas y los cambios de humor. En el embarazo son típicas las náuseas, el aumento de la sensibilidad mamaria y la necesidad frecuente de orinar. Reconocer estos matices ayuda a orientarse, aunque ante la duda la herramienta más sencilla sigue siendo realizar un test de embarazo y consultar con el médico.
Entre los síntomas frecuentes de la menopausia y premenopausia se encuentran:
- Falta o irregularidad de menstruación.
- Sofocos y sudores nocturnos.
- Sequedad de la piel y mucosas, incluida la vaginal.
- Dolores articulares y calambres.
- Problemas para conciliar el sueño o insomnio mantenido.
- Cambios en el estado de ánimo, con irritabilidad o tristeza.
- Aumento de peso y cambios en la figura.
- Debilidad en el pelo y las uñas.
Por otro lado, los síntomas más habituales del embarazo temprano incluyen:
- Ausencia de menstruación en una mujer que hasta entonces tenía reglas.
- Pecho sensible e hinchado desde las primeras semanas.
- Náuseas o vómitos, muchas veces matutinos.
- Aumento de las ganas de orinar.
- Cansancio intenso, sueño y sensación de agotamiento.
- Antojos o aversión a ciertos alimentos, cambios en el olfato y en el apetito.
- Síntomas digestivos como estreñimiento o acidez.
- Congestión nasal, pequeños sangrados de nariz o encías.
Es importante recordar que algunos signos, como el cansancio o los cambios de humor, pueden aparecer tanto en la perimenopausia como en el embarazo. Por eso, si tienes una falta de regla prolongada y dudas sobre lo que está pasando, lo más prudente es hacer una prueba de embarazo y acudir a tu médico o ginecólogo para confirmarlo sin demoras.
Riesgos de un embarazo en edades cercanas a la menopausia
Un embarazo en edades avanzadas de la vida reproductiva, especialmente a partir de la cuarta década, supone más riesgos para la madre y para el bebé que un embarazo en edades más tempranas. Sin embargo, eso no significa que todos los embarazos en esta etapa vayan a presentar complicaciones: muchas mujeres tienen hijos sanos y gestaciones que transcurren de forma adecuada, sobre todo cuando se realiza un seguimiento médico estrecho y se lleva un estilo de vida saludable.
Entre los principales riesgos para la madre destacan:
- Mayor riesgo de diabetes gestacional, que requiere controles de glucosa y ajuste de la dieta.
- Aumento de la probabilidad de hipertensión y preeclampsia, con necesidad de un control más frecuente de la tensión arterial.
- Más posibilidades de placenta previa o placenta baja, lo que puede condicionar la forma del parto.
- Mayor incidencia de complicaciones durante el parto, y por tanto más probabilidad de cesárea.
- Riesgo incrementado de aborto espontáneo, sobre todo en el primer trimestre de gestación, debido a alteraciones cromosómicas en el embrión.
En cuanto al bebé, los riesgos más frecuentes son:
- Mayor probabilidad de anomalías cromosómicas, como síndrome de Down (trisomía 21), síndrome de Patau (trisomía 13), síndrome de Edwards (trisomía 18) o síndrome de Turner (monosomía X).
- Posibilidad de parto prematuro, con las complicaciones propias de la inmadurez del recién nacido.
- Mayor riesgo de bajo peso al nacer.
Para minimizar estos riesgos se recomienda:
- Iniciar el control prenatal lo antes posible y cumplir rigurosamente el calendario de análisis, ecografías y pruebas complementarias.
- Mantener una dieta saludable, rica en frutas, verduras, proteínas de calidad y grasas saludables.
- Realizar ejercicio moderado adaptado a la situación de cada mujer, previa autorización médica.
- Evitar hábitos nocivos como el tabaco, el alcohol y otras sustancias tóxicas.
- Valorar pruebas prenatales específicas para detectar posibles anomalías genéticas (cribados no invasivos en sangre materna, ecografías de alta resolución, y en algunos casos biopsia corial o amniocentesis).
Si has llegado a esta etapa y no te planteas el embarazo, pero mantienes relaciones sexuales con penetración, es importante que tengas claro hasta cuándo necesitas anticoncepción. Mientras no haya pasado un año entero sin menstruación, y el médico no haya confirmado la menopausia, sigue existiendo riesgo de ovulación y, por tanto, de gestación no planificada.
Dicho esto, lo más probable es que no pienses ni de lejos en quedarte embarazada: quizá tienes hijos adolescentes o ya adultos, y sabes que ahora es su tiempo, que tú no eres joven, pero sí lo eres de espíritu y pensamiento. Es normal que tengas ciertos conflictos internos, y también que los cambios de carácter no sean solo atribuibles a la menopausia, sino a los retos vitales que afrontas: independizar a los hijos, reorganizar la pareja, cuidar de padres mayores, replantearte tu carrera profesional… Disfruta de estar viva y de haber vivido todo lo que queda a tus espaldas, abandona el sedentarismo, aliméntate de forma saludable, cuida tu salud mental y proyéctate en lo que eres ahora, no solo en lo que fuiste.
Imágenes — TipsTimesAdmin.
La etapa de la menopausia, con su antes y su después, no tiene por qué vivirse solo como un final; también puede ser un periodo de reinvención personal en el que te informes sobre tu fertilidad real, tomes decisiones conscientes sobre anticoncepción o reproducción asistida y pongas el foco en tu salud integral para seguir disfrutando de tu cuerpo y de tu vida sexual con tranquilidad, sea o no con embarazos de por medio.


