Niños y verano, verano y niños: una combinación que da como resultado diversión, libertad y nuevas experiencias que se convierten en recuerdos inolvidables. Pero también está claro que el descontrol en los hábitos puede traer unos kilos de más en los peques, descuidar la piel puede acabar en una quemadura solar, y olvidarnos de la higiene de manos se convierte con mucha facilidad en una temida pero infravalorada afección: la gastroenteritis.
En Madres Hoy procuramos ofrecerte información clara, útil y actualizada sobre salud y seguridad infantil. Además de algunos problemas relacionados con el exceso de calor, o de los ahogamientos secundarios, nos vemos en el deber de contarte cuáles son las enfermedades más comunes del verano en niños y cómo prevenirlas o actuar.
Vaya por delante que si cuidamos la alimentación, les hidratamos bien (por dentro y por fuera), mantenemos hábitos de sueño razonables y velamos por su seguridad, muchos de los problemas se pueden evitar o minimizar. Pero somos humanos, en vacaciones es fácil bajar la guardia, y no siempre todo depende de nosotros. Intentaremos que no enfermen, pero si ocurre, les cuidaremos, observaremos los síntomas y actuaremos con sentido común. Al fin y al cabo, ¿qué es un episodio febril aislado en todo un verano si sabemos manejarlo?
Deshidratación, golpe de calor y gastroenteritis: pueden ser graves y a veces están relacionadas

Ya nos dio Nati información detallada sobre la gastroenteritis (la tienes enlazada arriba) y es muy recomendable releerla y tenerla en cuenta. En verano, además, se suman dos factores clave: el calor intenso y los cambios en la alimentación, que aumentan el riesgo tanto de deshidratación como de infecciones digestivas.
Con las altas temperaturas sudamos más y, por lo tanto, existe más riesgo de deshidratación. El consumo insuficiente de agua y fruta fresca, junto con la práctica de ejercicio físico en las horas de más calor, provocan una pérdida de líquido que el organismo de un niño no se puede permitir. Además, en verano se comen más helados, comidas fuera de casa y alimentos poco refrigerados, que pueden favorecer intoxicaciones alimentarias.
Es frecuente que ante una infección en el sistema digestivo tu hijo presente vómitos y diarrea; esto provoca aún más pérdidas de agua y sales minerales, aumentando la necesidad de reponer el volumen perdido. Por eso, durante una gastroenteritis es fundamental ofrecer pequeños sorbos frecuentes de soluciones de rehidratación oral, vigilando que el niño orine, esté activo y mantenga buena coloración.
Los microorganismos implicados pueden ser virus muy contagiosos o bacterias presentes en alimentos mal conservados. En contextos de mucho calor, una mayonesa casera, huevos poco cuajados, carnes o pescados sin refrigeración adecuada pueden desencadenar cuadros de diarrea, vómitos, dolor abdominal y, a veces, fiebre. La higiene de manos antes de comer y después del baño, y el buen mantenimiento de la cadena de frío son medidas clave.
Un peque que se queda sin saliva, hace poco pipí, tiene la piel seca, labios agrietados, latido cardíaco rápido y ojos algo hundidos, puede estar deshidratándose. En los casos más graves, también pueden aparecer somnolencia, irritabilidad intensa o confusión.
En general, los problemas relacionados con el agotamiento por calor, la insolación y el golpe de calor se pueden minimizar llevando al afectado a un lugar sombreado y fresco, quitando el exceso de ropa, refrescando la piel con paños húmedos y ofreciéndole agua o bebida con minerales que no esté excesivamente fría. Si el niño está muy decaído, vomita repetidamente, tiene fiebre alta o no tolera líquidos, es imprescindible acudir a un servicio sanitario.
Infecciones en las vías respiratorias y cambios bruscos de temperatura

Podemos asociar las infecciones respiratorias al invierno, pero los virus que las causan también circulan en verano. Además, el aire acondicionado, los cambios bruscos de temperatura y el aire muy seco o muy frío pueden irritar las mucosas.
En esta época no es raro que aparezcan rinorrea, congestión nasal y dolor de garganta; también puede ocurrir que nuestro hijo desarrolle una faringoamigdalitis con fiebre, malestar y, a veces, pequeñas aftas en la boca. Estas enfermedades suelen requerir tratamiento sintomático con analgésicos o antitérmicos, descanso, buena hidratación y, en algunos casos, visita al médico si persisten varios días o la inflamación de garganta preocupa.
Algunos niños, de repente, empiezan con una tos perruna, metálica, muy llamativa, que empeora por la noche. Podría ser debido a un virus llamado parainfluenza que causa laringitis. Si se acompaña de ruido seco en la inspiración (estridor), se debe intentar rebajar la inflamación de la laringe (a veces ayuda la exposición breve al aire frío, como el del congelador, siempre con prudencia) y llevarlo enseguida al centro médico.
También pueden aparecer exacerbaciones de asma o bronquitis, favorecidas por alérgenos ambientales (polen, ácaros), contaminación y cambios bruscos de temperatura por el aire acondicionado. Mantener los tratamientos de base, evitar enfriar en exceso las estancias y no dirigir el chorro de aire frío directamente hacia el niño son medidas preventivas importantes.
No nos extenderemos en la otitis externa, el enlace que acompaño lo explica muy bien, pero recuerda que el exceso de humedad en el conducto auditivo tras muchos baños facilita el crecimiento de gérmenes y que el síntoma principal es el dolor de oído al tocar o mover el pabellón auricular. Ante dolor intenso, secreción o fiebre, conviene que el pediatra valore si es necesaria medicación específica.

Picaduras de insectos y medusas: incomodas, a veces serias

Aunque ya habíamos dado información extensa sobre las picaduras de insectos, conviene insistir en la importancia de lavar bien la zona de la picadura y desinfectarla. Los mosquitos, abejas, avispas, arañas y otros insectos son más abundantes en verano, y aunque la mayoría de las picaduras son leves, pueden causar mucha incomodidad.
Las picaduras de insectos suelen provocar enrojecimiento, hinchazón y picor localizado. Para aliviar los síntomas es útil aplicar frío local (nunca directamente sobre la piel, sino envuelto en un paño) y, si el pediatra lo considera, usar cremas calmantes o antihistamínicos tópicos. Si el niño tiene antecedentes de alergia grave a picaduras, es fundamental que la familia conozca el plan de actuación y tenga disponible la medicación prescrita.
La picadura de medusa se lava con la propia agua del mar, nunca con agua dulce, que podría hacer que se libere más veneno. Después de retirar cuidadosamente los restos de tentáculos (sin frotar la zona), es recomendable aplicar un paño caliente unos minutos para intentar inactivar el veneno y, más tarde, frío local para disminuir el dolor y la inflamación. Si es posible, acude al puesto de atención sanitaria de la playa (las casetas suelen estar mejor equipadas que las torres de socorrismo), donde suelen disponer de pomadas específicas y medicación para aliviar el dolor y el picor.
El mar no solo tiene medusas; también puede haber peces araña enterrados en la arena de la orilla. Si tu niña pisa uno (no se ven), el dolor es muy intenso y agudo. En ese caso, acudid también a los sanitarios, ya que pueden valorar la gravedad y ayudar con analgesia. En casa, suele recomendarse la aplicación de calor local mantenido (por ejemplo, sumergiendo el pie en agua lo más caliente que el niño tolere) para aliviar el dolor hasta que remita la inflamación.
Esa conjuntivitis tan molesta en verano
La conjuntivitis puede aparecer por reacciones alérgicas, irritación por cloro o salitre, arena, polvo o infección por virus y bacterias. En verano, los ojos están más expuestos al agua de piscinas, al mar y a la luz solar intensa, por lo que los casos se multiplican.
Es importante mantener los ojitos del peque bien limpios, utilizando suero fisiológico o agua con sal para arrastrar la secreción. También puede ayudar la manzanilla colada, siempre que se prepare al momento y se use con mucha higiene. Conviene insistir en el lavado frecuente de manos y no compartir toallas, gafas ni pañuelos. Mientras dure el proceso, es mejor asignar una toalla solo para el niño afectado.
Si los ojos están muy irritados, la secreción es espesa o amarillenta, la molestia le impide abrir los ojos con normalidad o la situación se mantiene varios días, acude al pediatra para valorar la necesidad de tratamiento antibiótico tópico. La conjuntivitis infecciosa es contagiosa, de modo que, además de tratarla, hay que extremar las medidas de higiene en casa.
¡Ah! Y protege su vista del sol y del cloro del agua: en el primer caso con gafas de sol homologadas y gorra o visera, y en el segundo con gafas de bucear bien ajustadas. Esto no solo reduce el riesgo de conjuntivitis, sino que también cuida la salud ocular a largo plazo.
Infecciones por hongos: el famoso pie de atleta y otras micosis
El llamado pie de atleta es una infección por hongos que afecta sobre todo a los pies, especialmente entre los dedos, donde el ambiente es más cálido y húmedo. En verano, existe más riesgo de contagio en lugares públicos como piscinas, parques acuáticos, duchas de playas y vestuarios si no llevamos calzado de goma.
El calor y la humedad son perfectos para el desarrollo de estos microorganismos. La piel puede presentar enrojecimiento, picor intenso, descamación, pequeñas fisuras e incluso mal olor. Es mejor prevenir, porque son muy molestos, se contagian con facilidad y requieren un cuidado constante.
Las medidas básicas son: lavar los pies a diario, secarlos cuidadosamente (sobre todo entre los dedos), usar calzado transpirable, evitar caminar descalzo por zonas comunes y cambiar el bañador o calcetines húmedos tan pronto como sea posible. Si aparecen lesiones sospechosas, el pediatra puede indicar el uso de antifúngicos tópicos, y en casos más resistentes, tratamientos orales.
Recuerda los consejos del principio y ten presente que los extremos no son buenos: la exposición continua al aire acondicionado muy frío o una temperatura excesivamente alta dañan la salud. Mejor utilizar la prudencia: el día que no podáis ir a la piscina, esperad a la tarde para que los niños salgan a la calle y optad por actividades más tranquilas en casa durante las horas centrales.
¿Cómo? ¿Que no te hemos contado nada sobre los piojos? Sí que lo hicimos, ¿recuerdas? En verano, con los campamentos, las convivencias y los intercambios de gorras y toallas, los piojos siguen circulando. La clave es revisar las cabezas periódicamente, actuar con calma y ser constante con el tratamiento.
El verano puede ser una época maravillosa para tus hijos si combinas prevención, observación y actuación temprana ante los primeros síntomas. Con unas cuantas medidas sensatas, buena hidratación, protección solar adecuada y atención a la higiene, la mayoría de estas enfermedades quedarán en simples anécdotas dentro de unas vacaciones llenas de buenos recuerdos.