
Oscar González es profesor de Educación Primaria, además de conferenciante, escritor y asesor educativo; os lo presentamos como un profesional comprometido con el cambio educativo y con la mejora de la convivencia escolar, convencido de que solo a partir de una relación más fluida entre la escuela y la familia será posible mejorar la educación. Fundador de la Alianza Educativa y de la Escuela de Padres con Talento, también se dedica a formar a familias en temas de interés para las madres y los padres relacionados con la crianza, la tecnología y la educación emocional.
Oscar es autor de libros muy recomendables: “Familia y Escuela. Escuela y Familia”, “El cambio educativo”, y 3 volúmenes para aprender a educar con talento, sentido común y criterio, titulados “Escuela de Padres”, cuyos contenidos están divididos por edades desde los 0 años hasta la adolescencia (incluida). Le hemos entrevistado para Madres Hoy, porque queríamos que nos diera su visión sobre el ciberbullying, un tema que como docente y formador de familias le preocupa especialmente. Como sabéis, la semana pasada se publicó un nuevo informe de la Fundación ANAR sobre el aumento del acoso entre menores en entornos digitales, y quisimos conocer su opinión y sus recomendaciones concretas para prevenirlo en casa y en la escuela. Esperamos que os guste la entrevista.
Qué es el ciberbullying y por qué es un problema tan grave

El ciberbullying es una forma de acoso psicológico entre menores que se ejerce a través de medios digitales. Hablamos de redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos online, correo electrónico, comentarios en foros o cualquier espacio conectado en el que niñas, niños y adolescentes interactúan entre sí.
En este tipo de acoso no se incluyen los casos en los que intervienen personas adultas ni el abuso estrictamente sexual, porque en esas situaciones estaríamos ante otro tipo de delitos. El rasgo clave del ciberbullying es que se produce entre iguales (edades similares y contexto social parecido) y se basa en hostigar, humillar, amenazar, excluir o difundir rumores utilizando la tecnología como herramienta.
Podemos decir que estamos ante un caso de ciberbullying cuando un menor atormenta o acosa de forma intencionada y repetida a otro menor mediante Internet, teléfonos móviles, consolas de juego u otras tecnologías telemáticas. No se trata de un simple conflicto o una discusión puntual, sino de una dinámica sostenida en el tiempo que genera un profundo malestar en la víctima.
La gravedad del ciberbullying no solo reside en el daño psicológico que causa, muy similar al acoso escolar tradicional, sino también en que puede darse las 24 horas del día y alcanzar una audiencia masiva. Un comentario, un vídeo o una foto ofensiva pueden compartirse una y otra vez, escapando al control de quien lo sufre y también de quien lo inició.
Madres Hoy: Como sabes, acabamos de saber que (según un informe de la Fundación ANAR) el ciberbullying está aumentando, y su incidencia en mayores de 13 años es del 36 % respecto al total de casos de acoso escolar. ¿Crees que no estamos sabiendo guiar a nuestros menores en un uso saludable de las TIC?
Oscar González: Estoy convencido de que es así. Dejamos ordenadores, smartphones, tablets, etc. en manos de nuestros hijos a edades cada vez más tempranas pero muchas veces sin ningún tipo de guía o supervisión, lo que considero un auténtico error con unas consecuencias que ya estamos viendo. Nuestra obligación y responsabilidad como personas adultas es implicarnos y estar al día para educar a nuestros hijos en un uso seguro y responsable de estas tecnologías.
Cuando entregamos un dispositivo con conexión a Internet sin acompañamiento, estamos poniendo al alcance de los menores un espacio en el que pueden aprender, relacionarse y divertirse, pero también un entorno donde se pueden encontrar con violencia, contenido inadecuado, chantajes o humillaciones públicas. El problema no es la tecnología en sí, sino dejarla en manos de los niños sin criterios, límites ni acompañamiento.
Diferencias entre bullying y ciberbullying: dos caras del mismo problema
Oscar lo explica con claridad cuando distingue entre acoso presencial y digital. El bullying clásico se produce cara a cara, generalmente en el centro escolar o en espacios físicos compartidos como el patio, el aula, el pasillo o el entorno del barrio. Se manifiesta a través de insultos directos, empujones, agresiones físicas, aislamiento en el recreo, ridiculización ante el grupo, robos de material o amenazas.
El ciberbullying, en cambio, utiliza medios telemáticos como redes sociales, mensajería instantánea o videojuegos online para ejercer ese mismo acoso psicológico, aunque no necesariamente entre compañeros del mismo centro. Puede venir de la clase, del instituto, de amigos de amigos o incluso de personas a las que solo se conoce en la red, pero que comparten edad y un entorno social parecido.
Algunas diferencias importantes entre bullying y ciberbullying son especialmente relevantes para las familias:
- Espacio en el que ocurre: el bullying suele centrarse en el colegio o sus alrededores, mientras que el ciberbullying invade también el hogar, porque el móvil o el ordenador acompañan al menor a todas partes.
- Alcance de la agresión: en el acoso presencial, los testigos son quienes están delante; en el ciberbullying, un solo mensaje o vídeo puede llegar a cientos de personas en cuestión de minutos, lo que amplifica el daño.
- Anonimato o falsa sensación de invisibilidad: aunque siempre hay rastros, los agresores pueden ocultarse tras perfiles falsos o nombres inventados, lo que les hace sentir menos responsables de sus actos.
- Persistencia en el tiempo: un insulto en clase termina cuando la jornada acaba, pero un contenido ofensivo en Internet puede permanecer accesible durante mucho tiempo, ser reenviado y reactivarse una y otra vez.
- Dificultad de detección: el bullying deja a menudo señales visibles en el cuerpo, en el material escolar o en el comportamiento en el centro; el ciberbullying se oculta tras pantallas y puede pasar desapercibido si los adultos no están atentos a cambios emocionales o conductuales.
Sin embargo, ambos comparten un elemento central: se trata de violencia entre menores que rompe por completo la sensación de seguridad que necesitan para desarrollarse, aprender y relacionarse de forma sana.
MH: Hace unos pocos años la directora de un IES en Catalunya, intervino ante un episodio de ciberbullying producido fuera de las paredes del centro, pero que afectaba a sus alumnos. En tu opinión, ¿existe aún demasiada pasividad por parte de la comunidad de docentes?
O.G.: Más que pasividad es porque consideramos que nuestro trabajo se da única y exclusivamente en aula cuando realmente no es así. Educamos por y para la vida. Debemos ofrecer herramientas que ayuden a nuestros alumnos a enfrentarse a los problemas reales de la vida. Eso es la esencia de la educación y no saber resolver únicamente problemas matemáticos.
Por este motivo, cuando han venido alumnos y alumnas a mis clases contándome problemas que les han ocurrido en los famosos grupos de Whatsapp, les he escuchado y animado a tomar acción. Muchos dirán “¿por qué te metes ahí?”. Y mi respuesta es simple: no podría dormir tranquilo sabiendo lo que está ocurriendo con ese alumno al que insultan o amenazan, que quizás no cuenta con las herramientas necesarias para hacer frente al problema.
Es cierto que no contamos con las herramientas necesarias y aquí hago un llamamiento a nuestros dirigentes políticos para que de una vez se preocupen por la educación e inviertan en medios para hacer frente a este grave problema. Los profesores precisamos de una formación específica que nos ayude a prevenir, a identificar y, sobre todo, a actuar ante el ciberbullying. Y esto es un trabajo de equipo en el que precisamos que la comunidad educativa tome conciencia de la gravedad del mismo. Recordamos el famoso proverbio africano: “para educar a un niño necesitamos la tribu entera”.
Responsabilidad compartida: familia, escuela y entorno digital
MH: Pero está claro que la responsabilidad debería ser compartida, ¿no? También hace unos años leía a Pere Cervantes y Oliver Tausté afirmar que los padres y madres parecían aletargados, y quizás no dan la importancia merecida a determinados comportamientos de sus hijos en la red. Sin ánimo de generalizar… ¿somos demasiado permisivas o permisivos?
O.G.: Estoy totalmente de acuerdo con Pere Cervantes y Oliver Tausté (Pere además es un gran amigo). Más que permisividad afirmaría que es una “dejación de funciones”. Creemos que ellos saben más que nosotros y ya está bien así. Pero no: es necesario que desde que son pequeños dediquemos tiempo a navegar con ellos por Internet, a supervisar el acceso a los contenidos, a conversar sobre lo que ven, lo que les preocupa y lo que les hace sentir mal.
Debemos establecer unos límites claros: tiempo de conexión, momentos de uso, tipo de aplicaciones que se pueden instalar, perfiles que se pueden seguir y qué datos se pueden compartir. Para conseguirlo, es necesario que nosotros actuemos con nuestro ejemplo: si vivimos pegados al móvil, será más difícil que entiendan que no pueden hacer lo mismo.
La responsabilidad también se extiende al propio entorno digital. Plataformas de redes sociales, servicios de mensajería o videojuegos en línea disponen de políticas de uso, herramientas de bloqueo, sistemas de denuncia y opciones de privacidad que muchas veces se desconocen. Es fundamental que familias y educadores se informen sobre estas opciones para poder guiar a los menores cuando algo no va bien.
En este contexto, conviene que los propios adolescentes sepan identificar a personas adultas de referencia a las que acudir en caso de duda o malestar relacionado con Internet: puede ser un progenitor, un familiar, un profesor, el orientador del centro, un monitor de ocio o cualquier persona en la que confíen y con quien se sientan seguros hablando de temas digitales.
Edad adecuada para el primer dispositivo y supervisión
MH: No es extraño ver a niñas y niños de 9 años con smartphone propio, o a chicos de 12 publicando fotos íntimas en Instagram, parece que se ha perdido un poco el equilibrio, ¿cómo deberíamos reaccionar para recuperarlo?
O.G.: Cada vez avanzamos más la edad en la que ponemos en el bolsillo de nuestros hijos un smartphone. Muchas veces sin tan siquiera pedirlo ellos. Somos los adultos los que les creamos esa necesidad. Para recuperar ese equilibrio deberíamos empezar por nosotros mismos demostrando que se puede vivir sin Facebook, sin WhatsApp, etc. Es difícil pero debemos hacerlo.
Además, si damos el paso de comprarles el teléfono es con una condición: que los padres hagamos un seguimiento y supervisemos que se hace un uso correcto del mismo. ¿Cómo puede una niña de 10 años colgar fotos íntimas en Instagram sin que sus padres se enteren? ¿En qué mundo vivimos?
MH: Y por cierto, sé que cada familia es un mundo y que a veces hay necesidades que los demás ignoran, pero ¿a qué edad puede un menor usar por su cuenta un dispositivo con seguridad?
O.G.: Siempre digo lo mismo: es difícil establecer una edad concreta porque esto va ligado con la madurez y el desarrollo del niño y cada niño es un mundo que crece a un ritmo distinto. Por este motivo habrá niños que con 14 años estén preparados para hacer un uso responsable del dispositivo y otros con 18 que son un peligro con el móvil en sus manos.
MH: ¿Hasta qué edad crees tú que sería conveniente la supervisión materna o paterna?
OG: Por sentido común creo que hasta los 18, a partir de ahí que el “niño” es mayor de edad deberá mostrar y demostrar que es lo suficientemente responsable para que no tengamos que ir detrás de él en plan policía.
Más allá de la edad, las recomendaciones de especialistas en ciberseguridad y protección del menor apuntan a que, cuando se entrega un dispositivo propio:
- Debe hacerse de forma progresiva, acordando reglas claras de uso, tiempos de conexión y espacios libres de pantallas (comidas, noches, momentos familiares).
- Es fundamental configurar la privacidad de redes sociales y aplicaciones para limitar quién puede ver la información, comentar o enviar mensajes.
- Conviene instalar herramientas de control parental, sobre todo en las primeras etapas, para filtrar contenidos inadecuados y limitar tiempos, explicando al menor que se hace para proteger, no para invadir su intimidad.
- Hay que revisar periódicamente las aplicaciones instaladas y hablar sobre para qué sirven, qué datos piden y qué riesgos pueden tener.
- Es recomendable enseñarles a crear y gestionar contraseñas seguras, con letras, números y símbolos, diferentes en cada servicio, que no incluyan datos fácilmente adivinables como fechas de nacimiento.
Qué pueden hacer los maestros y profesores para prevenir el ciberbullying
MH: Cuéntanos qué pueden hacer los maestros y profesores para prevenir el ciberbullying.
OG: La verdad es que podemos hacer bien poco ya que los casos de ciberbullying, al contrario que el bullying, no se suelen dar en el centro escolar sino fuera del mismo. Y en muchas ocasiones este ciberacoso no se produce entre compañeros de clase sino con personas que nos cruzamos en la red… De ahí la dificultad nuestra para intervenir.
No obstante, podemos hacer un trabajo muy importante de prevención. En el aula se pueden explicar qué es el ciberbullying, cómo se manifiesta y qué deben hacer si lo sufren o si saben que alguien lo está padeciendo. Si nos llega la información, nuestra obligación es ponerlo en conocimiento de las autoridades competentes en colaboración con las familias de nuestros alumnos.
Además de esa labor de información directa, el profesorado puede:
- Trabajar la educación digital crítica en tutorías y asignaturas, ayudando al alumnado a reflexionar sobre el impacto de sus palabras e imágenes en línea.
- Promover el respeto y la empatía también en entornos virtuales, no solo en el aula física, dejando claro que los valores de convivencia se aplican igual en la red.
- Utilizar recursos didácticos, juegos o dinámicas que simulen situaciones de ciberacoso para analizarlas en grupo y buscar alternativas constructivas.
- Coordinarse con orientadores y equipos de convivencia para diseñar protocolos de actuación cuando aparezcan señales de alarma.
- Implicar a las familias en charlas y talleres sobre uso seguro y responsable de Internet, ofreciendo información actualizada y pautas concretas.
Signos de alerta: cómo detectar bullying y ciberbullying
MH: Y por favor, ayúdanos con esto: ¿sabes qué signos podrían indicar que un niño o niña podría estar siendo víctima de cualquiera de las formas de bullying?
OG: El bullying y el ciberbullying son totalmente distintos y las formas en que se presentan también.
Veamos el BULLYING:
- Pérdida de objetos o material escolar sin explicación clara.
- Rechazo repentino a ir al colegio (el domingo por la tarde se muestra especialmente nervioso-ansioso y pone excusas).
- Rotura de ropa, marcas o moratones (siempre pone excusas para justificarlas).
- Cambio de hábitos o patrones de sueño y alimentación.
- Llora sin motivo aparente o tiene ataques de rabia inesperados.
- No quiere ir a excursiones, cumpleaños u otras actividades sociales con compañeros.
- Baja su rendimiento escolar, se distrae más y participa menos.
- Cambios bruscos de humor, irritabilidad o apatía.
- Pierde interés en juegos o aficiones habituales.
CIBERBULLYING:
Es difícil determinar si está siendo víctima a menos que lo cuente. Estas son algunas pautas para combatirlo
- No contestes a las provocaciones, ignóralas. Cuenta hasta cien y piensa en otra cosa antes de responder en caliente.
- Compórtate con educación en la red. Respeta la Netiqueta y recuerda que detrás de cada perfil hay una persona.
- Si te molestan, abandona la conexión y pide ayuda a alguien de confianza.
- No facilites datos personales como dirección, número de teléfono o centro escolar. Te sentirás más protegido/a.
- No hagas en la red lo que no harías cara a cara, aunque creas que “nadie se entera”.
- Si te acosan, guarda las pruebas: capturas de pantalla, mensajes, correos o enlaces.
- No pienses que estás del todo seguro/a al otro lado de la pantalla, porque siempre queda un rastro de lo que haces.
- Advierte a quien abusa de que está cometiendo un delito o una falta grave contra tus derechos.
- Si hay amenazas graves o te sientes en peligro, pide ayuda con urgencia a tu familia, al centro educativo o a las fuerzas de seguridad.
Además de estas pautas, conviene que las familias estén atentas a ciertas señales que, sin ser definitivas, pueden sugerir que algo no va bien en la vida digital de sus hijos:
- Uso nervioso o tenso del móvil o del ordenador, ocultando la pantalla cuando alguien se acerca.
- Reacciones intensas después de conectarse (llanto, enfado, silencios prolongados, cambios bruscos de humor).
- Evitación repentina de determinadas aplicaciones, redes o videojuegos que antes le gustaban.
- Desconfianza creciente hacia amigos o compañeros, comentarios del tipo “nadie me quiere” o “no tengo amigos de verdad”.
- Alteraciones en el sueño o el apetito coincidiendo con un aumento o cambio de uso de la tecnología.
Recomendaciones para prevenir el ciberbullying en casa y en la red
MH: Teniendo en cuenta que no solo eres docente, sino que además cuentas con mucha experiencia acumulada en el contacto con familias, me gustaría que nos dieras unas pautas para el uso seguro de la tecnología.
O.G.: Estas son algunas pautas para navegar seguros por la red:
- Dedica tiempo a navegar con tus hijos: conéctate con ellos y acompáñalos para conocer mejor sus intereses y preferencias.
- Establece tiempos de conexión. Comprueba que estos se cumplen de forma razonable.
- Ubica el ordenador en un lugar común de la casa (facilita la supervisión y el diálogo).
- Comprueba que acceden a páginas adaptadas a su edad y madurez.
- Facilítales información sobre los posibles contenidos nocivos que se pueden encontrar.
- Explícales las medidas de seguridad que deben tomar a la hora de conectarse.
- Haz uso de algún programa de filtrado o control parental para limitar contenidos y tiempos.
A todo ello podemos sumar una serie de recomendaciones específicas que se desprenden de la experiencia de entidades especializadas en ciberseguridad y prevención del ciberacoso:
- Instalar y mantener actualizado un buen antivirus y cortafuegos en los dispositivos familiares, para proteger la información personal y evitar accesos no autorizados.
- Usar, siempre que sea posible, cámaras con luz piloto que indiquen cuándo están activas, y revisar la configuración para que no puedan encenderse sin que lo sepamos.
- Ser muy prudentes al compartir información personal (dirección, teléfono, centro de estudios) y limitar las fotos o vídeos íntimos o vergonzosos que puedan usarse en contra del menor.
- Mantener los perfiles en redes sociales en modo privado, revisando qué se publica, quién puede verlo y quién puede escribir comentarios.
- Utilizar contraseñas robustas y diferentes para cada servicio, cambiándolas con cierta regularidad y sin compartirlas con amigos.
- Informarse sobre las políticas de uso de cada plataforma digital, para saber qué conductas prohíben y cómo denunciar comportamientos abusivos.
- Aprovechar las funciones de bloqueo y reporte para frenar a quien envía mensajes inapropiados o ofensivos, y notificarlo al servicio correspondiente.
- Guardar todo aquello que pueda ser una prueba de ciberacoso (mensajes, publicaciones, correos), ya que puede ser útil si se decide denunciar.
- Enseñar a los menores a no responder a provocaciones ni entrar en escaladas de insultos, salvo quizá para advertir, con calma, de que lo que está ocurriendo es grave y puede tener consecuencias legales.
- Fomentar el pensamiento crítico sobre lo que se ve y se comparte, recordando que dar “me gusta” o reenviar un contenido ofensivo también alimenta el acoso.
Para los jóvenes, una pauta de oro es clara: si crees que algo puede hacer daño a alguien (incluido tú mismo), mejor no lo publiques, no lo comentes y no lo compartas. Y si ya circula por la red, sé parte de la solución, no del problema: no lo difundas y busca ayuda.
Herramientas, recursos y apoyos disponibles
En los últimos años han surgido distintos recursos tecnológicos y educativos pensados para ayudar a prevenir y detectar el ciberbullying, y para acompañar tanto a víctimas como a testigos:
- Videojuegos y materiales didácticos que plantean situaciones de ciberacoso y enseñan buenas prácticas de seguridad online, ayudando al alumnado a desarrollar habilidades de protección y empatía.
- Herramientas de control parental integradas en sistemas operativos, navegadores y aplicaciones específicas, que permiten limitar el acceso a determinados contenidos y gestionar el tiempo de uso.
- Opciones avanzadas de privacidad y moderación de comentarios en redes sociales, que ayudan a filtrar mensajes ofensivos y a limitar la interacción solo a contactos de confianza.
- Líneas telefónicas y servicios de ayuda en ciberseguridad para familias y menores, que ofrecen asesoramiento gratuito y confidencial sobre problemas relacionados con la red.
- Aplicaciones para almacenar de forma segura evidencias de acoso, protegiendo las pruebas en caso de que se necesiten más adelante para acciones legales.
Estos recursos no sustituyen al acompañamiento humano, pero pueden reforzarlo. La combinación de educación digital, herramientas técnicas y una red de apoyo emocional sólida es la mejor protección frente al ciberbullying.
Y hasta aquí la entrevista con Oscar González, al que agradecemos su disposición a colaborar con Madres Hoy y su compromiso constante con la mejora de la convivencia entre familia y escuela. Sus reflexiones muestran que el ciberbullying no es un fenómeno inevitable, sino un reto que podemos abordar si nos implicamos: informándonos, acompañando a nuestros hijos en la red, colaborando con los centros educativos y utilizando de forma inteligente las herramientas que la propia tecnología ofrece para protegerlos.
