Cuando nos convertimos en padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos; el mejor colegio, la mejor ropa, la mejor comida, la mejor cama en la que dormir… Pero a veces se nos olvida, o no somos capaces de entender, que todo lo que un niño necesita es a unos padres conscientes. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno, bajo mi punto de vista, en muchas ocasiones se nos olvida qué es un niño. Un niño es un alma nueva sin maldad que está dispuesta a ser moldeada al gusto de sus progenitores.
En el momento que nos iniciamos en la ardua tarea que supone educar y criar a un niño, nos suceden muchas dudas que casi siempre, con el propio instinto natural, se resolverían. Pero es común rechazar ese instinto primario natural por culpa de que no es lo normal en nuestro entorno. La hostilidad, las prisas y el mal humor son frecuentes con nuestros hijos, y tratamos de locos a aquellos que respetan, piden perdón y no pegan a sus hijos como método educativo. Como persona observadora que soy, he ido recogiendo los errores más frecuentes a la hora de criar a los más pequeños, los que más veo o escucho en mi entorno.
¿Os estoy llamando malos padres por haber cometido o cometer alguna de estas cosas? No. Esa no es la finalidad de mi post. Mi intención es haceros padres conscientes para criar hijos felices. Es fundamental entender que la crianza es un proceso de aprendizaje continuo y que el 90% del cerebro de un niño se desarrolla antes de los 5 años. Durante esta ventana, nuestros patrones de crianza establecen las vías neurales que moldearán su comportamiento futuro, su regulación emocional y sus habilidades sociales.

Dejar llorar a los bebés
Cuando hablo de esto con una persona que está a favor de dejarles llorar, empiezo siempre con la misma pregunta: ¿a ti te gustaría estar llorando y que te dejases metida en un carro-cuna-parque, y que no te mirasen tan siquiera? Casi todas las respuestas son una negativa, pero añadiendo que al ser una persona adulta que no manipula con los llantos.
El llanto desconsolado, el que solo puede ser calmado con un abrazo, un poco de teta, un poco de mamá, un poco de papá… En resumen, un llanto que solo termina con atención. Dejar que este llanto se alargue durante minutos e incluso horas, perjudica y mucho la salud emocional de nuestro hijo. Quizás en esos primeros años de vida no seamos conscientes, pero cabe la posibilidad de que estemos criando niños carentes de empatía por el dolor ajeno. Recordad que el llanto es el único medio de comunicación de los más pequeños.
También quiero aclarar que no todos los llantos que no son atendidos dejan secuelas en nuestros hijos. Os hablo de este tipo solamente, del que no puede ser calmado si no es con atención. Muchas veces mi hija se pone a «llorar» pero se calla ella sola sin necesidad de que yo tenga que consolarla. Suele ser sobre todo si algo le sale mal; se frustra como ser humano que es, o que quiere hacer algo que no debe y yo no la dejo, pues como persona que es también siente enfado y rabia.
Por lo tanto, mi recomendación es ignorar a las personas que os digan que vuestros hijos son unos manipuladores natos, que solo lloran para teneros todo el día encima de ellos, y que les cojáis todo lo que podáis ahora que son pequeños. La empatía es la cualidad más importante que tiene el ser humano, y criar hijos empáticos ayudará a que el día de mañana se porten bien con el mundo ya que serán capaces de sentir el dolor de los demás.

Gritar a los niños
El grito es el compañero del maltrato físico; hacen el mismo daño solo que éste no deja marcas exteriores. Los gritos dejan cicatrices emocionales que son igual de difíciles de curar que un «guantazo a tiempo». Los niños nos ven como sus ídolos, sus protectores, su todo. No tienen nada más en el mundo, nos valoran más que a cualquier otra cosa material que tengan.
Si nos ven perder los papeles con ellos, como al chillarles para ordenarles algo por ejemplo, ellos terminarán por cogernos miedo. También se puede dar la otra variante, y es que nos pierdan el respeto que nos tengan a esas edades tempranas porque se acostumbrarán a los gritos. Y no solo eso, los usarán en un futuro, y no tan lejano como podemos pensar, a modo de comunicación con vosotros, padres, y también con el resto de personas.
Desde un punto de vista neurocientífico, gritar pone el cerebro del niño en estado de alerta. Cuando el cerebro detecta una amenaza (como un grito), se activa la respuesta de lucha o huida, lo que anula la capacidad del niño para procesar la información racionalmente. Por lo tanto, el niño no aprenderá la lección, sino que se sentirá asustado o reactivo.
Yo sé que este error es muy difícil de controlar, sobre todo cuando tenemos que repetir las cosas muchísimas veces y el agotamiento mental supera al físico desde hace meses. Pero, de verdad, intentad contar hasta 10 antes de gritarles, porque no funciona ni funcionará jamás de manera positiva. El niño no te va a hacer más caso por cómo de alto le digas las cosas, si no por el modo en el que se las digas. El amor y la amabilidad abren más puertas que la ira y la hostilidad.

El azote a tiempo
Llamado así para quitarle importancia pero no deja de ser violencia física hacia nuestros hijos. ¿Cómo reaccionaría una sociedad en la que se les pegase a los ancianos porque no hacen caso? ¿O que una pareja se pegasen entre ellos porque no piensan igual? Se pondrían medios para «salvar» a los agredidos; sin embargo cuando de nuestros hijos se trata, pensamos que la nalgada a tiempo es lo mejor ya que «a nosotros nos lo hicieron y estamos muy bien».
Pienso que muy bien no podemos estar si vemos eso como algo normal. La violencia genera más violencia, y un niño al que se le educa mediante la nalgada va a aprender que la violencia es una manera de responder ante los problemas de la vida. Del mismo modo que con los gritos, los niños se acostumbrarán al golpe y nos cogerán miedo o nos perderán el respeto.
Es crucial diferenciar entre la disciplina y el castigo. Un niño disciplinado piensa: «Hice una mala elección», mientras que un niño castigado físicamente tiende a pensar: «Soy una mala persona». El castigo físico no enseña la habilidad de resolver conflictos, solo enseña a evitar el dolor físico, mermando la autoestima y la confianza en el cuidador.
Tu hijo es tu bien más preciado, alguien que lleva parte de ti en sus genes, eres su mayor ejemplo. No le falles porque alguien te diga que un azote a tiempo quita muchas tonterías y deja clara tu decisión a tus familiares de no emplear la violencia como método educativo con tu hijo para que nadie se sobrepase con él, ya que es bastante frecuente que los abuelos usen la nalgada al igual que hicieron con nosotros en su día.

Obligarles a comer
Este es un error muy común que puede tener consecuencias a largo plazo. Obligar a comer genera estados de ansiedad antes, durante y después de comer. El día de mañana tendremos niños que comen mal, que no comen nada o niños que el día de mañana tengan más probabilidades de desarrollar un trastorno alimenticio.
Ojo, hay que saber diferenciar entre «no quiero comer esto porque no me gusta» a «no quiero comer esto porque no quiero más». Cuando llega la hora de la comida, hay que intentar que los niños que comen peor no tengan ansiedad por ese momento. Hay que respetar las cantidades de comida que quieran comer y nunca «cebarlos» con algo que si les guste por miedo a que pasen hambre o tengan alguna carencia.
Fomentar una relación saludable con la comida implica permitir que el niño escuche sus propias señales de hambre y saciedad. Cuando forzamos la alimentación, estamos anulando su instinto biológico y sustituyéndolo por una lucha de poder, lo que convierte la mesa en un campo de batalla en lugar de un espacio de convivencia y nutrición.

No cogerles en brazos
Esto bien podría ir unido al punto primero que hemos tratado, pero lo he querido poner aquí porque tengo dos puntos de vista respecto a esto. Negar unos brazos a veces me parece lógico; no siempre tenemos la cantidad de extremidades que nos gustarían o la espalda que nos merecemos.
Pero en momentos en los que ves que tu niño lo está pasando verdaderamente mal, negar los brazos es igual que ignorar un llanto desconsolado. Para los más pequeños, tus brazos, tu pecho, tu persona, sois su lugar de seguridad; ni la cuna, ni el parque, ni sus juguetes; simplemente tú. Muchas veces no tenemos más remedio que dejar que los pequeños reclamen los brazos unos minutos porque no podemos atenderles en ese momento y siempre y cuando la negación no les genere ansiedad o un llanto descontrolado habremos tomado una buena decisión.
El contacto físico es la base del vínculo afectivo. A través de los abrazos y la cercanía, el niño regula su sistema nervioso y siente que el mundo es un lugar seguro. No es «malcriar» al niño; al contrario, un niño que se siente seguro y amparado en sus brazos suele desarrollar una mayor seguridad en sí mismo para explorar el mundo.
No dejarles dormir en nuestra cama
Las razones por las que muchas parejas discuten sobre su decisión respecto a esto es por miedo a que la pareja se resienta por no poder mantener relaciones sexuales al estar el niño durmiendo en la cama. Si una pareja se resiente por eso, puede que el problema sea otro y no el hecho de que el niño no os deje intimidad nocturna.
El colecho, que así se llama al compartir cama con nuestro hijo, es algo que todas las especies animales hacen cuando llega la hora de dormir. El sentimiento de protección del niño es enorme entre sus dos personas favoritas en este mundo y el sentimiento nuestro de tranquilidad por saber que está descansando bien y que no necesita nada es un alivio.
Es verdad que no se descansa igual, pero bueno, algún día volarán del nido como todos hemos hecho. Hay gente que critica a quien practica colecho, pero luego si que dejan que el perro se meta en la cama, y ojo, que la mía también duerme en la cama, pero no le veo sentido alguno a que se deje dormir al perro en la cama y no al niño porque «el niño luego no se va a ir nunca a su cama». El perro tampoco se va a ir de la cama, dormir en manada es un lenguaje universal y es una pena que lo estemos perdiendo.
La Inconsistencia en las Reglas: Un Error Invisible pero Dañino
Uno de los errores más críticos y frecuentes es la inconsistencia en el cumplimiento de las reglas. Ocurre cuando, por ejemplo, amenazamos con quitar un juguete pero nunca lo hacemos, o cuando un día permitimos algo que al día siguiente castigamos. Cuando las reglas cambian según el humor del adulto, el niño aprende que las palabras no coinciden con la realidad.
Los niños pequeños necesitan límites predecibles para sentirse seguros emocionalmente. Cuando los resultados de sus acciones son inconsistentes, el niño entra en un estado de ansiedad y comienza a realizar «experimentos» constantes para entender cómo funciona el mundo y dónde está el límite real. No es que el niño sea desafiante, sino que busca seguridad en la predictibilidad.
Cómo crear reglas claras y consistentes:
- Limita la cantidad: Empieza con 3 a 5 reglas simples y adecuadas a la edad.
- Usa lenguaje positivo: En lugar de decir «No corras», prueba con «Caminamos dentro de la casa». En lugar de «No grites», usa «Usamos voces de interior».
- Sincronización parental: Es vital que ambos padres mantengan las mismas expectativas para evitar que el niño explote las diferencias entre cuidadores.
- Visualización: Para los más pequeños, usa imágenes o dibujos que representen la regla.

Manejar los Berrinches: Ceder vs. Acompañar
Un error habitual es ceder ante los berrinches para que el niño se calle rápidamente. Esto es un fracaso en la disciplina a largo plazo, ya que le enseña al niño que gritar y llorar son herramientas de comunicación efectivas para conseguir lo que quiere.
Es fundamental entender la psicología detrás del colapso. Los berrinches son una etapa normal del desarrollo; el niño tiene grandes deseos pero habilidades lingüísticas limitadas para expresar emociones complejas. Factores como la fatiga, el hambre o la sobreestimulación son detonantes comunes.
Estrategias de disciplina positiva para los colapsos:
- Mantén la calma: Tu propia regulación emocional ayuda al niño a regularse.
- Espera la tormenta: No intentes razonar ni dar explicaciones largas mientras el niño está en pleno berrinche, ya que su cerebro racional está «apagado».
- Reconoce la emoción: Una vez recuperada la calma, valida su sentimiento: «Veo que estabas realmente frustrado porque querías ese juguete».
- Redirige: Pasa a una nueva actividad una vez que la calma haya regresado.
El Peligro de la Sobreprotección y la Crianza «Helicóptero»
Queremos proteger a nuestros hijos de todo mal, pero el exceso de protección puede impedir que aprendan a enfrentar los desafíos y desarrollar resiliencia. La llamada «crianza helicóptero» (estar siempre volando sobre ellos para resolver cualquier problema) socava la autoconfianza del niño.
Cuando intervenimos constantemente para abrochar una chaqueta, terminar un rompecabezas o resolver una disputa con un amigo, enviamos el mensaje implícito: «No confío en que seas capaz de manejar esto». Esto puede derivar en niveles más altos de ansiedad y depresión en la adolescencia y adultez.
Cómo fomentar la independencia apropiada:
- Permite el error: Deja que caigan y se levanten solos. El error es la mejor herramienta de aprendizaje.
- Asignación de responsabilidades: Desde los 18 meses pueden ayudar a recoger juguetes. A los 3 años pueden ayudar a poner la mesa o elegir su ropa.
- Celebra el esfuerzo: Valora el proceso y la tentativa, no solo el resultado perfecto.
- Dale tiempo: No hagas las cosas por ellos solo porque vas con prisas; permite que practiquen su autonomía.

La Comparación Constante y la Autoestima
Otro error frecuente es la comparación sistemática, ya sea con hermanos o con otros niños. Frases como «tu hermano no se mancha al comer» o «¿por qué otros niños sí se quedan quietos?» dañan profundamente la autoestima y generan resentimiento.
Comparar es, en esencia, despreciar la individualidad del niño. No es una técnica eficaz para que se esfuercen más; a menudo produce el efecto contrario, haciendo que el niño se sienta insuficiente.
Cómo evitarlo: Fomentando la individualidad. Celebra sus logros y fortalezas únicas. Ayúdalos a desarrollar sus propios talentos y pasiones. El autocontrol parental es la clave aquí: muchas veces sentimos el impulso de comparar, pero no es necesario verbalizarlo.
La Trampa de las Altas Expectativas y la Perfección
A veces proyectamos en nuestros hijos nuestras propias frustraciones o deseos, imponiendo metas irreales. Querer que sean los mejores en todo puede generar estrés crónico, sentimientos de culpa y una búsqueda constante de aprobación externa.
La crianza es un proceso imperfecto. No necesitan ser políglotas o pianistas antes de los 18 años. Lo importante es establecer objetivos alcanzables a corto plazo y valorar el camino más que la meta. Acepta que sus metas pueden no coincidir con las que tú imaginabas para ellos.
La Importancia de la Comunicación y la Escucha Emocional
Muchos de nosotros crecimos en hogares con una comunicación jerárquica donde la opinión del niño importaba poco. La falta de comunicación abierta es un error que puede distanciar la relación padre-hijo.
A menudo, los padres se centran solo en la acción incorrecta («fuiste maleducada», «estás haciendo un desastre») y desatienden la emoción subyacente. Para corregir una conducta, primero debemos entender la emoción que la motivó. Preguntar «¿Cómo te sientes?» o «¿Qué ha sucedido?» ayuda al niño a procesar sus sentimientos y a reparar la falta desde la conciencia, no desde el miedo.
Consejos para una comunicación efectiva:
- Escucha activa: Baja a su nivel de ojos, guarda el teléfono y muestra interés real.
- Involúcralos: Permite que participen en decisiones familiares sencillas (menús, planes de fin de semana).
- Ratio de elogios: Aspira a un ratio de 5 interacciones positivas por cada corrección. Los niños se concentran más cuando se sienten valorados.
Olvidar el Autocuidado: El Error del «Vaso Vacío»
Existe la creencia de que dedicar tiempo a uno mismo es egoísta, pero la realidad es que no puedes verter de una taza vacía. Cuando los padres están agotados, estresados y sin tiempo para sí mismos, es mucho más probable que pierdan la paciencia, griten o reaccionen de forma impulsiva.
El estrés parental afecta directamente el desarrollo emocional del hijo. Los niños son esponjas emocionales y sintonizan con el estado de sus cuidadores. Al modelar el autocuidado, les enseñas que cuidar la salud mental y física es necesario y saludable.
Victorias rápidas de autocuidado:
- Toma pausas mentales cortas: respiraciones profundas o caminatas breves.
- Mantén un hobby o interés personal, aunque sea en dosis pequeñas.
- Acepta ayuda sin culpa cuando se te ofrezca.
- Programa tiempo de calidad con tu pareja para fortalecer la base de estabilidad del hogar.

Errores en la Rutina de Sueño y el Descanso
Las luchas por el sueño son la fuente de mayor agotamiento familiar. Errores como mantener horas de dormir inconsistentes o permitir juegos muy activos justo antes de acostarse estimulan el cerebro en lugar de calmarlo.
La predictibilidad es la clave del sueño reparador. Una rutina calmante ayuda al niño a transitar la vigilia al sueño sin resistencia. Además, es vital considerar la comodidad física; el uso de ropa transpirable y adecuada a la temperatura evita despertares innecesarios.
Ejemplo de rutina de sueño efectiva:
- Baño relajante: Enfocado en la calma, no en el juego agitado.
- Elección de pijama: Darles a elegir entre dos opciones fomenta su autonomía.
- Lectura tranquila: Dos historias con luz tenue para bajar las revoluciones.
- Cierre afectivo: Luces apagadas, objeto de apego y palabras de amor.
Cómo Reparar los Errores cometidos
Ningún padre es perfecto. Lo que realmente importa para la resiliencia del niño no es la ausencia de errores, sino la reparación del vínculo después de que estos ocurran. Cuando pierdas los estribos o manejes mal una situación, tienes una oportunidad única de modelar la responsabilidad.
Pedir disculpas honestas como: «Siento haber gritado, estaba frustrada pero eso no estuvo bien», enseña al niño que todos nos equivocamos y que es posible solucionar los conflictos a través de la comunicación honesta y la empatía. Este proceso de reparación es lo que construye una relación sólida y duradera.

La crianza consciente no trata de alcanzar una perfección inexistente, sino de estar presentes, escuchar nuestras propias emociones y entender las necesidades profundas de nuestros hijos. Es natural cometer errores en el camino; lo valioso es no juzgarnos severamente, sino aprovechar cada fallo como una oportunidad para aprender y evolucionar junto a ellos. Recuerda que la conexión siempre debe ir antes que la corrección, y que el amor incondicional es la herramienta más poderosa para criar seres humanos seguros, empáticos y felices.

