Espasmos del sollozo en bebés: qué son, tipos, qué hacer y qué evitar

  • Los espasmos del sollozo son episodios breves y benignos en niños sanos de entre 6 meses y 6 años, desencadenados por llanto intenso, susto, dolor o enfado.
  • Existen dos tipos principales: espasmo cianótico (el niño se pone morado) y espasmo pálido (se queda muy pálido), pudiendo llegar a desmayarse unos segundos.
  • Durante el episodio no se debe zarandear, gritar ni introducir objetos en la boca; hay que colocar al niño en lugar seguro, observarlo y esperar a que se recupere.
  • Es importante consultar al pediatra ante el primer episodio, si el niño es muy pequeño, si las crisis son prolongadas o atípicas, o si aparecen convulsiones duraderas.

espasmos del sollozo en bebes

Según la Sociedad Española de Urgencias en Pediatría, los espasmos del sollozo (a veces se habla de que el bebé ‘se encana’) “son episodios que ocurren tras un susto, una caída, un golpe o una regañina. El niño deja de respirar bruscamente y comienza a ponerse morado o pálido, finalmente, suele llorar. La recuperación es completa y rápida, en menos de un minuto, aunque puede estar algo somnoliento”. A mi hija le pasó 3 ó 4 veces cuando era bebé, y os aseguro que si no sabes de qué se trata asusta muchísimo porque realmente piensas que está sufriendo asfixia y tienes la responsabilidad de revertir la situación.

Suele ocurrir en bebés que están sanos de entre (aproximadamente) seis meses y hasta 6 años, aunque a partir de los 4 / 5 años probablemente estarán superados; algunas fuentes señalan que podrían estar presentándose en un 5 a 7 por ciento de la población infantil en estas edades. Para ampliar un poco la información, aclarar que no es un evento epiléptico aunque sea súbito, y no entraña riesgos importantes para la salud, recobrando el bebé afectado la conciencia y la respiración en cuestión de segundos.

La versión más extendida en cuanto a su intencionalidad, revela que la niña o el niño no lo provoca adrede “para fastidiar”; realmente hablamos de personitas muy pequeñas con cerebro aún inmaduro, que en cualquier caso pierden el control sobre la expresión de su emoción. Que no se nos olvide que aún les faltan muchos años por perder la inocencia, en resumen: es muy dudoso pensar que quieren molestarnos.

Entendiendo el espasmo del sollozo

bebe con espasmo del sollozo

La causa podría ser sufrir un disgusto o un “susto”, como ser “regañados” por papá o mamá, o ser incomodados por un hermano mayor. Con cierta capacidad de observación hasta podremos anticiparnos y prever la aparición del espasmo del sollozo, poniéndonos cerca del bebé, hablándole suavemente, incluso (si no ha empezado ya a sufrirlo) cogerlo en brazos…, aunque estos episodios empiezan y acaban, a nadie le gusta (o eso creo) estar viendo como su bebé empieza a llorar con fuerza, se pone colorado, después morado y hasta deja de respirar.

Desde el punto de vista médico, los espasmos del sollozo son una respuesta refleja del organismo ante una emoción muy intensa. Suelen aparecer tras enojo, frustración, miedo, dolor o una caída. No son un “truco” ni una conducta voluntaria, sino la consecuencia de cómo reacciona un sistema nervioso todavía inmaduro. Por eso se consideran episodios benignos y autolimitados, que desaparecen con el crecimiento sin dejar secuelas.

En muchos niños se observa además que los espasmos tienden a repetirse en contextos similares: rabietas, discusiones por límites, golpes inesperados, pinchazos de vacunas o sobresaltos. También es relativamente frecuente que exista antecedente familiar, es decir, que alguno de los progenitores o hermanos haya tenido episodios parecidos en la infancia, lo que sugiere un componente hereditario.

Se identifican dos tipos de espasmos del sollozo: pálidos (palidez de la cara) y cianóticos (amoratamiento), en ambos hay apnea y ausencia de conciencia (incluso durante un minuto, y esto es mucho para quien no lo conoce). En casos graves también se producen convulsiones, sin que estas dejen ningún tipo de lesión: pero ¡mucho cuidado! porque una crisis convulsiva que dure más de 60 minutos debe ser objeto de revisión por un pediatra, aunque finalice. Asimismo, los especialistas suelen advertir que toda convulsión que dure más de un minuto merece valoración urgente, y cualquier convulsión prolongada precisa atención médica inmediata.

Los especialistas explican que, tanto en los espasmos cianóticos como en los pálidos, el niño puede llegar a desmayarse durante unos segundos. Es muy impactante observarlo, pero el episodio suele durar menos de un minuto y el pequeño se recupera solo. En algunas circunstancias se ha visto relación con anemia por déficit de hierro; cuando el pediatra detecta esta carencia y se corrige, la frecuencia de los espasmos puede disminuir, aunque no siempre existe esta asociación.

bebe con espasmo del sollozo tipos

Tipos de espasmos del sollozo y cómo reconocerlos

bebe llorando antes de espasmo

Los especialistas describen dos grandes tipos de espasmos del sollozo que conviene detallar un poco más para que puedas identificarlos con claridad:

  1. Espasmo del sollozo cianótico
    Se produce habitualmente tras un llanto intenso, una rabieta fuerte, un enfado importante o un susto. La secuencia típica es:
    • El niño llora con fuerza y, al coger aire, deja bruscamente de respirar.
    • La cara empieza a ponerse morada o azulada (cianosis), a veces también los labios.
    • Puede ponerse algo rígido y, en ocasiones, perder el conocimiento unos segundos.
    • Tras ese breve episodio, retoma la respiración y rompe a llorar o queda algo somnoliento durante un momento.

    Este tipo de espasmo está muy ligado a emociones intensas de enojo o frustración.

  2. Espasmo del sollozo pálido
    Es menos frecuente y suele aparecer más relacionado con un susto repentino o el dolor (por ejemplo, un golpe fuerte o una caída inesperada). Suele seguir este patrón:
    • Puede haber un pequeño quejido o un llanto breve, o incluso no llegar a llorar.
    • De pronto el niño se queda sin respiración.
    • La cara y el cuerpo se ponen muy pálidos, como si “se desvaneciera la sangre”.
    • Es fácil que pierda el conocimiento durante unos segundos y el cuerpo quede flácido.
    • Después recupera la conciencia de manera espontánea, sin recordar lo que ha pasado.

En ambos tipos, algunos niños pueden tener movimientos tipo convulsivo muy breves (sacudidas de brazos o piernas) durante el desmayo. Estos movimientos, cuando duran solo unos segundos y se acompañan del típico espasmo del sollozo, no se asocian a epilepsia ni a daño cerebral. Aun así, si la crisis se prolonga o no encaja con la secuencia clásica, es esencial consultar con el pediatra.

Los espasmos del sollozo ocurren en niños sanos de entre 6 meses y 6 años de edad, siendo más frecuentes entre los 6 y los 18 meses y desapareciendo progresivamente conforme el sistema nervioso madura. Aunque la presentación en el periodo neonatal es rara, se han descrito casos muy precoces con evolución igualmente benigna, motivo por el cual los pediatras insisten en diferenciar estos episodios de otras patologías graves mediante la exploración clínica y, si es necesario, pruebas complementarias.

Nunca hagas esto durante un espasmo del sollozo

que no hacer en espasmo del sollozo

  • No pierdas la calma, ni grites, ni le chilles al bebé.
  • No lo zarandees, no lo sacudas.
  • No introduzcas tus dedos en su boca porque no se está atragantando.
  • No intentes pararlo una vez que se ha desencadenado.
  • Mantenlo alejado de objetos con los que se podría golpear y hacer daño.

Además de estas recomendaciones básicas, los profesionales insisten en que no se deben realizar maniobras de reanimación (como el boca a boca) si el episodio sigue el patrón típico de espasmo del sollozo y el niño se recupera solo en pocos segundos. Este tipo de intervenciones puede aumentar la ansiedad del entorno y, en ocasiones, dificultar la observación tranquila de la evolución del cuadro.

Teniendo en cuenta la edad, yo tampoco reñiría (por mi experiencia) a un niño de esa edad, aunque circulan por ahí muchos consejos en el sentido de reprender al bebé, supuestamente “por expresarse” de esa forma, sinceramente creo que nos falta paciencia para que maduren y vayan gestionando las emociones de otra forma. Desde luego, chillar descontroladamente por lo que está ocurriendo, y después reprenderle, me hablaría más de la inmadurez del adulto que de la del bebé.

Los pediatras también recomiendan no ceder sistemáticamente a todas las rabietas por miedo a que aparezca el espasmo. Aunque es comprensible que los padres quieran evitar a toda costa volver a vivir un episodio tan impactante, ceder siempre por temor puede dificultar el establecimiento de límites claros y coherentes, algo fundamental para el desarrollo emocional del niño. Se trata de mantener una disciplina respetuosa, con cariño y calma, recordando que el espasmo no es voluntario y que el pequeño no tiene control sobre él.

Mi bebé ha sufrido un espasmo del sollozo, ¿qué hago?

que hacer ante espasmo del sollozo

Puedes hablarlo con el pediatra para resolver dudas que tengas, pero recuerda que “no se curan”; y aunque en teoría no se pueden prevenir, en la práctica existen algunos signos que nos permiten anticiparnos, además (y esto es importante) el espasmo del sollozo aparecerá más frecuentemente por la tarde, a una hora que el bebé está cansado, así que una solución pasaría por intentar un ambiente en calma cuando creas que puede afectarle.

Si tu hijo está teniendo un espasmo del sollozo en ese momento, las recomendaciones generales de los profesionales incluyen:

  • Colocarlo tumbado, preferiblemente en una superficie segura (cuna, sofá ancho, suelo con una manta), para evitar caídas si se desmaya.
  • Apartar objetos duros o punzantes de alrededor para que no se golpee.
  • Observar su respiración y coloración, manteniendo la calma y recordando que, en la inmensa mayoría de los casos, recupera el aire de forma espontánea en segundos.
  • Si se ha desmayado, puedes comprobar suavemente la boca por si hubiera algún objeto que pudiera provocar atragantamiento, aunque en el espasmo del sollozo típico esto no suele ocurrir.

Recuerda que aunque sea un bebé puedes hablarle suavemente y decirle que vas a ayudarle a superar los episodios. Visita al médico si el niño tiene menos de 5 meses o presenta convulsiones (y sobre todo si estas duran más de un minuto). También se aconseja consultar de manera urgente si:

  • El episodio dura más de varios minutos sin recuperación clara.
  • El niño no vuelve a su estado habitual tras el episodio o queda muy desorientado.
  • El episodio no está relacionado con un llanto, susto, golpe o emoción intensa, es decir, aparece sin un desencadenante claro.
  • Observas movimientos anómalos prolongados de brazos y piernas que hagan sospechar una crisis convulsiva distinta.

En la consulta, el pediatra valorará la historia clínica y, si lo considera necesario, podrá solicitar analítica para descartar anemia ferropénica u otras causas que puedan estar favoreciendo los espasmos. En determinados casos muy atípicos o complejos, puede plantearse la realización de pruebas adicionales o el seguimiento por parte de un neuropediatra, pero esto no es lo habitual en los cuadros típicos.

La secuencia es: apnea + cambio de tonalidad facial + llanto, después todo vuelve a la normalidad; si es espasmo del sollozo lo que sufre tu peque, no tienes muchos motivos de preocupación, pero los puedes entender (y quizás evitar) para tranquilidad de todos. Yo así lo hice.

bebe llorando y espasmos

Para reducir la frecuencia de los episodios, se ha visto que ayuda:

  • Evitar que el niño esté excesivamente cansado o hambriento, ya que el cansancio y el hambre intensifican las rabietas y el llanto.
  • Mantener rutinas de sueño y alimentación regulares, que favorezcan su estabilidad emocional.
  • Cuando sea necesario poner límites o reprender, hacerlo con un tono de voz calmado, sin gritos ni amenazas.
  • No dramatizar en exceso el episodio delante del niño, para no generar miedo añadido o que asocie el espasmo con una gran atención inmediata.

En familias que viven los espasmos con mucha ansiedad, también puede ser útil hablar con un profesional de salud mental (psicólogo o psiquiatra infantil) para recibir pautas sobre cómo manejar las emociones propias y acompañar mejor al niño en estas situaciones.

Imágenes — memekode, Kit4na.

Con información clara, acompañamiento profesional cuando haga falta y mucha calma, estos episodios terminan quedándose en una anécdota muy impactante pero pasajera en la historia de tu hijo, sin repercusión en su salud ni en su desarrollo neurológico.


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