
El exceso de deberes es una realidad de la que se quejan cada vez mĆ”s familias. Hace un tiempo, y solo a modo de ejemplo, una madre alcanzó cerca de 100.000 firmas en su petición a travĆ©s de la plataforma Ā«Change.orgĀ». Su mensaje era claro y rotundo: los niƱos y niƱas de entre 6 y 12 aƱos no deberĆan tener deberes para llevarse a casa de forma sistemĆ”tica. Durante las horas lectivas ya se llevan a cabo las suficientes tareas como para que tengan que alargar aĆŗn mĆ”s sus jornadas cuando llegan a casa.
Si lo pensamos bien, nuestros hijos tienen ya horarios muy similares a los de un adulto. Son incapaces de desconectar de las tareas del aula, se limita su tiempo de ocio y los deberes erosionan su infancia ante una presión excesiva que les obliga a llegar con el tiempo justo a la cama, sin haber disfrutado de unas horas de juego, de convivencia en familia o de simple descanso. Se «olvidan» de ser niños para convertirse en pequeñas personas sometidas al «multitasking» o multiprocesamiento, una dimensión cuyos efectos tiene consecuencias graves en el cerebro infantil y en su desarrollo emocional.
En los Ćŗltimos aƱos, diversos organismos internacionales como la OCDE y la OMS, asĆ como mĆŗltiples estudios de psicologĆa infantil, han puesto el foco en este problema: el exceso de deberes y de presión acadĆ©mica estĆ” generando estrĆ©s, ansiedad y malestar en la infancia. No solo afecta a los niƱos; tambiĆ©n rompe el equilibrio de las familias, genera discusiones diarias y crea una relación muy tensa con la escuela y el aprendizaje.
Deberes en exceso, cuando cruzamos el lĆmite de lo pedagógico

Parece que hemos llegado a un punto en que a muchas instituciones escolares se les olvida un aspecto vital: los niƱos necesitan jugar para crecer, aprender y desarrollarse de manera integral. El juego libre, el tiempo sin estructura y la posibilidad de aburrirse forman parte del aprendizaje tanto como las matemƔticas o la lectura.
Sin embargo, en la prĆ”ctica, la mayorĆa de centros y muchos maestros conciben el estudio y el trabajo escolar como una prioridad absoluta que debe alargarse mĆ”s allĆ” de las horas lectivas. De esta forma, la jornada escolar no termina cuando suena el timbre: continĆŗa en casa, en la biblioteca, en la academia y en las actividades extraescolares, dejando muy poco margen para el descanso.
Este modelo sobrecargado genera un contexto donde el niƱo vive casi todo el dĆa bajo demandas de rendimiento y evaluación. A ello se suma la presión social por sacar buenas notas, las comparaciones entre compaƱeros y las expectativas, a veces desmedidas, de algunas familias que desean que sus hijos destaquen en todo.
Varios informes de salud infantil han advertido de que, cuando la carga acadĆ©mica es excesiva, aumentan los problemas fĆsicos y emocionales: dolores de cabeza, molestias abdominales, fatiga, dificultades para dormir, irritabilidad, ansiedad, tristeza o desmotivación. Todo ello puede aparecer incluso en edades muy tempranas, desde el inicio de Primaria.
El problema actual que viven muchos niƱos serĆa, a grandes rasgos, el siguiente:
- No sienten una desconexión clara entre el aula y el hogar. Los dos escenarios se convierten en espacios donde hay que alcanzar objetivos, cumplir tareas y convivir con la ansiedad de no llegar a todo lo que se les pide.
- La agenda de los niƱos apenas se diferencia de la de un adulto. En ocasiones, muchos padres y madres se sorprenden ante el hecho de que todas las asignaturas establecen un nĆŗmero determinado de deberes, sin coordinación entre sĆ.
- No existe un consenso real entre las diferentes Ôreas curriculares a la hora de regular o de dar prioridad a un tipo de tarea en concreto. Música, plÔstica, sociales, lengua, matemÔticas, inglés o informÔtica marcan sus propios deberes, sumando minutos y horas sin una visión global.
- Acabar las clases supone para muchos niƱos iniciar otras actividades extraescolares (idiomas, deporte, mĆŗsica, refuerzo escolarā¦). Si a ello le sumamos los deberes, el nivel de estrĆ©s y agotamiento al que pueden llegar es muy preocupante.
- Las familias se convierten en ese apoyo indispensable para realizar los deberes. Supervisan, atienden y ayudan. Es pues «una obligación» que en muchos casos puede llegar a sobrepasar a madres y padres, generando discusiones, sentimientos de culpa y sensación de fracaso.
- De hecho, el estrés familiar a causa del exceso de deberes es algo muy común en nuestra sociedad. Los deberes se transforman en un conflicto diario, en lugar de ser una herramienta pedagógica razonable.
Consecuencias para el niƱo de los deberes en exceso
Francesco Tonucci, uno de los psicopedagogos mÔs interesantes de la actualidad, lo tiene claro: los deberes, tal y como se plantean muchas veces, son una equivocación pedagógica y un abuso. ¿La razón? La realidad es que no siempre se consiguen los objetivos que buscan y, a cambio, generan sufrimiento y rechazo hacia el aprendizaje.
La investigación y la experiencia clĆnica en psicologĆa infantil muestran que una sobrecarga de tareas escolares puede desencadenar problemas de sueƱo, cambios de humor, dificultades de concentración, ansiedad y, en casos mĆ”s graves, sĆntomas depresivos o problemas de conducta. El cerebro infantil, que aĆŗn estĆ” madurando, es especialmente sensible al estrĆ©s crónico.
AdemĆ”s, la escuela no es el Ćŗnico foco de presión. Muchos niƱos participan tambiĆ©n en mĆŗltiples actividades extraescolares (deporte, mĆŗsica, idiomas, refuerzo acadĆ©micoā¦), lo que reduce todavĆa mĆ”s sus oportunidades de jugar y descansar. Aunque estas actividades pueden ser muy enriquecedoras, cuando se acumulan sobre los deberes y la jornada escolar se convierten en otro factor de estrĆ©s y agotamiento.
En este contexto, la figura de madres y padres es clave para equilibrar crecimiento y salud mental. No se trata solo de ayudar con los deberes, sino de proteger los tiempos de juego, ocio y desconexión, y de cuestionar cuÔndo una agenda estÔ sobrecargada.
Podemos destacar varias consecuencias del exceso de deberes y presión académica:
- Los deberes serĆan Ćŗtiles para aquellos alumnos con problemas de aprendizaje o necesidad de refuerzo en Ć”reas instrumentales. Ahora bien, en muchos casos este alumnado tambiĆ©n necesita ayuda en casa para cumplirlos, y no todas las familias disponen de tiempo, recursos o conocimientos para ofrecer el apoyo que el niƱo necesita.
- Los niƱos que sufren exceso de deberes a lo largo de Primaria pierden parte de su infancia. Nuestros hijos necesitan el juego para aprender y crecer. MĆ”s allĆ” de las horas lectivas, un niƱo deberĆa tener como Ā«deberesĀ» principales acumular experiencias, sensaciones y emociones positivas, explorar, moverse, crear y relacionarse.
- En la actualidad, lo único que sus cerebros integran muchas veces es el estrés de alcanzar unos objetivos académicos: terminar problemas, multiplicaciones, redacciones, esquemas, resúmenes, trabajos en grupo⦠Tras esto, solo le quedarÔ tiempo para cenar y acostarse, a menudo con la sensación de no haber llegado a todo.
- La falta de descanso adecuado y el estrĆ©s sostenido pueden provocar problemas de sueƱo: les cuesta conciliarlo, se despiertan por la noche o se levantan mĆ”s cansados. Esto repercute en su rendimiento al dĆa siguiente y en su estado de Ć”nimo.
- Hemos de tener en cuenta que las estructuras neuronales de los niños estÔn madurando en estas primeras etapas tan importantes. Permitir que un niño crezca con la misma presión que un adulto genera problemas de ansiedad, falta de atención, dificultades de regulación emocional y baja autoestima. Hay que tenerlo muy en cuenta.
- El estrĆ©s prolongado no solo afecta a la mente: tambiĆ©n se manifiesta en sĆntomas fĆsicos como dolores de cabeza, molestias estomacales, tensión muscular, taquicardia, problemas de apetito o mayor vulnerabilidad a enfermedades al debilitase el sistema inmunitario.
EstrƩs, actividades extraescolares y falta de tiempo para el juego
En la actualidad es frecuente que los niños y niñas estén implicados en una amplia variedad de actividades extraescolares: deportes, música, idiomas, refuerzo escolar, robótica, teatro, etc. Aunque todas ellas pueden aportar beneficios al desarrollo, cuando se suman a una carga elevada de deberes y a jornadas lectivas largas pueden llevar a un nivel muy alto de estrés y agotamiento.
Psicólogos infantiles y pediatras coinciden en que muchos niƱos terminan el dĆa tan cansados como un adulto despuĆ©s de una jornada laboral intensa. No es solo cansancio fĆsico: es saturación mental y emocional. La sensación de ir Ā«de una cosa a otraĀ» sin tiempo para respirar hace que los menores vivan en un estado de alerta casi permanente.
Expertos en psicologĆa infantil seƱalan que, de media, muchos niƱos pasan unas ocho horas en el colegio. A esto hay que sumarle una carga significativa de deberes, ya que EspaƱa es uno de los paĆses que mĆ”s tareas manda al alumnado para realizar en casa. Si aƱadimos varias actividades extraescolares por semana, el resultado son agendas llenas, poco tiempo libre y niƱos que llegan a la noche verdaderamente agotados.
Esta combinación de exceso de deberes y sobrecarga de actividades tiene consecuencias claras: menos juego espontÔneo, menos tiempo en familia, menos descanso, mÔs estrés y mayor probabilidad de que aparezcan problemas emocionales o de conducta.
Entre las posibles seƱales de que un niƱo estƔ sobrecargado, los especialistas destacan:
- Cambios en el comportamiento: se muestran mƔs irritables, sensibles, lloran con facilidad o reaccionan de forma desproporcionada ante pequeƱos contratiempos.
- Fatiga constante: estĆ”n cansados a pesar de dormir horas suficientes en teorĆa, les cuesta levantarse, se quejan de agotamiento o falta de energĆa.
- Descenso en el rendimiento escolar: bajan las notas o se muestran mÔs desorganizados y despistados; no porque «no se esfuercen», sino porque estÔn saturados.
- Problemas de salud fĆsica y emocional: dolores de cabeza, molestias estomacales, tensión muscular, ansiedad, tristeza o apatĆa.
ĀæDeberes sĆ o deberes no?

Los deberes pueden ser convenientes, pero siempre en su justa medida y orientados a un fin pedagógico muy claro: reforzar lo aprendido en clase, consolidar hĆ”bitos de estudio y fomentar la autonomĆa, sin vetar los instantes de ocio, descanso y crecimiento del niƱo fuera del aula.
No se trata tanto de un debate Ā«deberes sĆ o noĀ» como de preguntarse quĆ© tipo de deberes, cuĆ”ntos y con quĆ© finalidad. Las tareas no deberĆan ser una prolongación mecĆ”nica de lo que ya se ha hecho en clase, ni una manera de Ā«terminar el temarioĀ» a costa del tiempo familiar.
La investigación educativa muestra que mÔs cantidad de deberes no se traduce en mejores resultados académicos. De hecho, cuando se sobrepasa cierto volumen, aumenta el rechazo, la desmotivación y el estrés, y el supuesto beneficio académico desaparece. Es mÔs eficaz un número reducido de tareas bien diseñadas, significativas y adaptadas a la edad que una «montaña» de ejercicios repetitivos.
Un aspecto clave es que los deberes sean proporcionales a la edad y al nivel de desarrollo del niƱo. No tiene sentido exigir a un alumno de Primaria que gestione la misma carga de trabajo que un adolescente de Bachillerato. Tampoco es razonable que una tarde entera quede absorbida por las tareas escolares, impidiendo el juego, el deporte o la convivencia familiar.
En este sentido, muchas asociaciones de familias, psicólogos y pedagogos insisten en la importancia de que los deberes respeten un equilibrio saludable entre esfuerzo, descanso y ocio, y que nunca se conviertan en una fuente de angustia diaria.
Lo que dicen estudios e instituciones
En estudios comparativos internacionales se ha observado que:
- EspaƱa se encuentra entre los paĆses que mĆ”s horas de deberes asignan a su alumnado de entre 6 y 12 aƱos, con mĆ”s de 6 horas semanales en muchos casos.
- A mayor carga de deberes, mayor rechazo y mayor estrƩs por parte de los niƱos. A ello se le suma el cansancio de los padres y madres, que deben lidiar con la resistencia y el agobio de los hijos.
- La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) denuncia que los deberes se han convertido, en muchos casos, en una prolongación de la jornada escolar mÔs que en un refuerzo razonable.
- Informes de la OMS sobre salud infantil muestran que una proporción muy elevada de niƱos y adolescentes se sienten presionados por la escuela y los deberes, y relacionan esta presión con mĆ”s dolores de cabeza, molestias fĆsicas, tristeza, tensión y nerviosismo.
- Se ha observado también que los deberes pueden aumentar las desigualdades socioeconómicas: los alumnos de familias con mÔs recursos (económicos, culturales o de tiempo) suelen contar con mÔs apoyo, mientras que otros niños afrontan las tareas prÔcticamente solos.

Posibles soluciones
Necesitamos, por encima de todo, un consenso real entre los organismos educativos donde maestros, profesores, equipos directivos, psicólogos y asociaciones de madres y padres lleguen a acuerdos lógicos y, ante todo, pedagógicos.
Algunos ejes sobre los que reflexionar serĆan los siguientes:
- Los deberes no deben ser un sustituto de las tareas de clase, sino un complemento para reforzar lo aprendido desde otro enfoque mÔs lúdico, prÔctico e interesante.
- Cuando un niƱo ve su agenda llena de deberes, se estresa de inmediato y disminuye su motivación. Los deberes no deberĆan ser nunca una fuente de angustia cotidiana.
- Las tareas deberĆan tener como finalidad reforzar lo aprendido y ayudar al niƱo a entrenarse en el esfuerzo, la organización y la planificación del tiempo. Todo ello se logra mejor cuando las actividades son atractivas y motivantes, conectadas con sus intereses y su realidad.
- Conviene introducir con mĆ”s frecuencia los proyectos de investigación o trabajos por proyectos como forma de deber. Se plantea un tema para investigar que puede integrar varias Ć”reas del currĆculo: lengua, ciencias, matemĆ”ticas, arte⦠De esta forma, el niƱo se implica mĆ”s, se siente agente activo de su aprendizaje y desarrolla habilidades como la bĆŗsqueda de información, el pensamiento crĆtico o la creatividad.
- Es importante tambiĆ©n que los centros escolares establezcan criterios comunes sobre la cantidad de deberes por curso y por dĆa, coordinando a los diferentes docentes para evitar saturar al alumnado.
Los deberes que traen muchos niƱos hoy en dĆa generan dependencia de la familia para realizarlos, frustración, baja autoestima y un alto nivel de estrĆ©s. Es necesario reformular este aspecto y pensar en la salud emocional de los menores y en la conciliación familiar.
El exceso de deberes no solo no es pedagógico, sino que afecta directamente a la salud del niño y a la dinÔmica familiar. No se trata de eliminar por completo cualquier tarea para casa, sino de diseñarla con sentido, con mesura y con respeto hacia las necesidades reales de la infancia.
Estrategias para madres y padres ante el exceso de deberes y estrƩs escolar

MĆ”s allĆ” de los cambios necesarios a nivel de sistema educativo, las familias pueden aplicar estrategias concretas para reducir el impacto del exceso de deberes y del estrĆ©s escolar en el dĆa a dĆa. No siempre serĆ” posible disminuir la cantidad de tareas, pero sĆ podemos ayudar a los niƱos a vivirlas de una forma mĆ”s saludable.
En primer lugar, es esencial crear un ambiente de comunicación abierta. Animar a los hijos a expresar cómo se sienten con la escuela, quĆ© les resulta difĆcil, quĆ© les agobia y quĆ© necesitan. Escuchar sin juzgar y tomar en serio sus quejas cuando piden mĆ”s tiempo de juego o dicen sentirse cansados.
TambiĆ©n es importante revisar periódicamente la agenda de actividades extraescolares. A veces, por querer ofrecer lo mejor, terminamos llenando sus tardes de obligaciones. Preguntarles quĆ© actividades realmente disfrutan y cuĆ”les podrĆan eliminarse ayuda a recuperar espacio para el descanso y el ocio no estructurado.
Otras pautas Ćŗtiles para madres y padres son:
- Establecer lĆmites claros sobre cuĆ”nto tiempo se va a dedicar a los deberes cada tarde, adaptado a la edad, y respetar esos lĆmites en la medida de lo posible.
- Organizar un horario con bloques bien diferenciados para estudiar, jugar, cenar y relajarse, evitando hacer todo con prisas o encadenar actividades sin pausa.
- Cuidar el espacio fĆsico de trabajo: un lugar tranquilo, sin televisión ni dispositivos encendidos que distraigan, con buena iluminación y materiales a mano.
- Fomentar pausas cortas de descanso durante el tiempo de deberes para que el cerebro se recupere y la concentración mejore.
- Enseñar pequeñas técnicas de relajación (respiración profunda, estiramientos suaves, mindfulness adaptado a niños) para que puedan gestionar mejor la ansiedad.
- Priorizar el tiempo en familia sin tareas ni pantallas: juegos de mesa, paseos, conversación⦠Son momentos que reducen la presión y fortalecen el vĆnculo afectivo.
- Ayudarles a organizar grandes tareas (trabajos, exƔmenes) dividiƩndolas en pasos mƔs pequeƱos y manejables, de manera que no se vean desbordados.
- Estar atentos a signos de alarma como cansancio extremo, irritabilidad intensa, problemas de sueƱo, falta de apetito, desmotivación o miedo a ir al colegio, y consultar con un profesional cuando estos sĆntomas se vuelven frecuentes o intensos.
Hace ya tiempo que muchas familias, docentes y profesionales de la salud mental coinciden en algo: la infancia necesita menos presión y mĆ”s equilibrio. Los deberes y las actividades acadĆ©micas pueden ser herramientas valiosas si se usan con mesura, pero cuando se convierten en una carga diaria que roba juego, descanso y alegrĆa, es momento de replantearlos. AcompaƱar a nuestros hijos, escuchar sus necesidades y defender tiempos de ocio y calma es una forma poderosa de cuidar su bienestar presente y su futuro como adultos mĆ”s seguros, equilibrados y felices.


