La fotógrafa estadounidense Karyn Loftesness nos ha dejado boquiabiertos con esta imagen en la que vemos a una mujer pariendo a su bebé que venía de nalgas. En el post que acompaña esta excepcional fotografía, Karyn afirma que en Estados Unidos es muy raro que un profesional de la obstetricia asuma la responsabilidad de asistir un parto de estas características; aunque, como ella misma señala, afortunadamente hay médicos y matronas con experiencia que no sólo atienden estos nacimientos, sino que se dedican a formar a otros profesionales para guiar partos de nalgas con seguridad.
Karyn, quien tiene 4 hijos, se declara apasionada de la fotografía de partos, y también es contratada para retratar embarazos y bebés. La imagen que se hizo viral corresponde a un trabajo que Loftesness no olvidará: el nacimiento de Silas, un bebé que estaba en posición de nalgas francas y cuyo parto fue atendido de forma vaginal. La fotógrafa cuenta que el proceso fue largo y que estuvieron a punto de llamar a un médico, pero no hizo falta: Silas decidió nacer justo cuando su madre comenzó a hablarle, mostrando cómo la comunicación y la calma materna pueden acompañar muy bien al proceso de parto.
Qué es un parto de nalgas y en qué se diferencia del parto podálico

Una presentación “de nalgas” significa que la pelvis del feto en situación longitudinal se encuentra en contacto con el estrecho superior de la pelvis materna. Es decir, en lugar de presentar primero la cabeza (posición cefálica), el bebé se coloca con las nalgas o los pies hacia abajo. Los partos en posición de nalgas y en presentación podálica, que son aquellos en los que el bebé no viene con la cabeza por delante, sino con las piernas o las nalgas, son poco frecuentes: se estima que en torno a un 3-4 % de los embarazos a término los bebés se quedan en esa posición, y cuando se produce esta situación muchos hospitales prefieren recomendar la cesárea.
Es importante aclarar que un parto de nalgas no es lo mismo que un parto podálico. En el parto podálico, lo primero que asoma son uno o ambos pies del bebé. En el caso del nacimiento de Silas, documentado por Karyn Loftesness, se trataba de un parto de nalgas francas, una modalidad en la que el bebé tiene las nalgas hacia abajo, las piernas dobladas y los pies cerca de la cabeza.
A pesar de su rareza, cuando estos partos se documentan pueden resultar profundamente educativos. La secuencia fotográfica del parto de Silas muestra paso a paso cómo, sin prisas y con una asistencia respetuosa, las nalgas del bebé asoman primero, generalmente manchadas de meconio, después se observan los genitales y el cordón umbilical, más tarde salen las piernas (a veces una antes que la otra), el bebé rota para acomodar los hombros, aparecen los brazos, el tronco y finalmente la cabeza, todo ello con una mínima intervención de la comadrona, que espera a que el cuerpo haga su trabajo y solo sostiene y guía al recién nacido cuando ya está prácticamente fuera.
Cómo y cuándo suelen girarse los bebés: la versión espontánea
Es habitual que el feto realice por sí mismo una versión a cefálica entre las semanas 28 y 32 de forma espontánea, lo cual implica una recolocación de la postura para situarse cabeza abajo. Con posterioridad también es posible la versión, sobre todo en gestantes multíparas (mujeres que ya han tenido hijos) o cuando existe polihidramnios (excesiva presencia de líquido amniótico), que facilita que el bebé tenga más espacio para moverse.
Sin embargo, hay bebés que continúan “cabeza arriba” y no rotan, ya sea porque están más cómodos así, porque hay demasiado o muy poco líquido amniótico, por la forma del útero, por la longitud del cordón umbilical, o por tratarse de un embarazo múltiple en el que un bebé se coloca cefálico y otro permanece de nalgas. En estos casos se habla de parto de nalgas o presentación podálica.
Los bebés son algo más propensos a tener una presentación de nalgas si nacen de forma prematura, si forman parte de un nacimiento múltiple, si hay un nivel anormal de líquido amniótico o si la madre tiene un útero con forma diferente. Aun así, la mayor parte de los fetos acaban girándose por sí solos antes de la semana 36, por lo que muchas veces el mejor enfoque inicial es observar y esperar.
Clasificación de la presentación de nalgas

Sin entrar a detallar todos los aspectos técnicos de la presentación de nalgas pasada la semana 32, es útil conocer su clasificación básica porque orienta las decisiones médicas sobre la vía del parto:
- Presentación de nalgas puras, simples o francas: el feto tiene las extremidades inferiores extendidas en flexión ventral, con los pies a la altura de los hombros. Es la forma más frecuente y ocurre en torno a un 65-70 % de los casos. Es también la presentación que mejor se asocia, en manos expertas, a la posibilidad de un parto vaginal seguro.
- Presentación de nalgas completas: el bebé se encuentra “sentado”, con las rodillas y la articulación de la cadera flexionadas, lo que aumenta el diámetro de la presentación. Su frecuencia es bastante baja, pero puede plantear más dudas a la hora de planificar el tipo de parto.
- Presentación de nalgas incompletas: uno o ambos pies o rodillas se encuentran en la vagina, y durante el parto puede producirse un prolapso de pies o de rodillas. Esta situación se asocia con más riesgo y suele indicar una vigilancia aún más estrecha, e incluso la recomendación de cesárea en muchos protocolos.
Desde el punto de vista médico, hay criterios claros para intentar un parto vaginal y también para recomendar una cesárea. En esencia, un parto vaginal de nalgas y uno cefálico se desencadenan igual: comienzan las contracciones, progresa la dilatación y se produce el expulsivo. La diferencia es que, en el caso de nalgas, saldrán primero las nalgas y las piernas y, en último lugar, la cabeza. Teóricamente la postura no es la más favorable para nacer, pues implica cierto aumento de riesgo para el bebé, por ejemplo porque durante el parto el cordón quede aprisionado o porque la cabeza tenga más dificultad para atravesar el canal del parto cuando el resto del cuerpo ya ha salido.
Versión cefálica externa y otras formas de ayudar al bebé a girarse
Si se alcanza la recta final del embarazo sin que el bebé se haya colocado cabeza abajo, se pueden valorar dos grandes líneas de actuación: ayudar al bebé a girarse o aceptar la presentación de nalgas y decidir la vía de parto más segura.
Por un lado, está la versión cefálica externa (VCE), un procedimiento médico en el que, mediante maniobras sobre el abdomen materno, se intenta situar la cabeza fetal hacia abajo. Suele realizarse en el área de partos del hospital, con ecografía y monitorización continua, y tiene una tasa de éxito aproximada del 60 %. El profesional localiza la cabeza del bebé mediante palpación y ecografía y, cuidadosamente, trata de darle la vuelta para colocarla en la pelvis. Antes y después del procedimiento se controla la frecuencia cardíaca fetal y, a menudo, se administran medicamentos para relajar el útero, lo que mejora el confort materno y aumenta las probabilidades de éxito.
La VCE se practica en un intervalo de tiempo concreto, normalmente cuando el bebé ya es lo bastante grande para no volver a moverse con facilidad pero aún hay un margen razonable para maniobrar, y su objetivo es evitar la presentación no cefálica, que implica más riesgos tanto si el parto es vaginal como si finalmente se realiza una cesárea. Aunque las complicaciones son poco frecuentes (inicio del parto, rotura de membranas, pequeñas hemorragias o, excepcionalmente, necesidad de una cesárea urgente), siempre se valora de forma individual si los beneficios superan los riesgos.
Además de la versión externa, algunas mujeres optan por ejercicios y recursos complementarios que podrían favorecer el giro espontáneo del bebé: inclinaciones pélvicas, posturas en cuatro apoyos, balanceos suaves sobre manos y rodillas, uso de la gravedad, estímulos con música o cambios suaves de temperatura en el abdomen, técnicas quiroprácticas (como el método Webster), acupuntura, determinadas posturas de yoga o incluso nadar boca abajo. Ninguna de estas opciones garantiza el giro del bebé, pero en ciertos casos pueden ser de ayuda y, sobre todo, dan a la madre una sensación de participación activa en el proceso, siempre que se realicen con supervisión profesional cuando sea necesario. Entre estas opciones figura la moxibustión, una técnica frecuente en protocolos de apoyo.
Cuándo es posible un parto vaginal de nalgas y cómo hacerlo más seguro
Desde el punto de vista clínico, el parto vaginal de nalgas puede ser una opción razonable cuando se cumplen una serie de condiciones. Suele valorarse positivamente que se trate de un bebé de tamaño moderado, que la madre tenga una pelvis adecuada (a veces ya demostrada en partos previos), que el embarazo haya transcurrido con normalidad y que el equipo sanitario disponga de experiencia y protocolo específico para este tipo de parto. Incluso contando con todos estos factores, se aplican criterios más estrictos que en un parto cefálico y se asume que, en cualquier momento, pueden surgir circunstancias durante la dilatación o el expulsivo que aconsejen pasar a una cesárea.
En un artículo de El Parto es Nuestro (EPEN), citan al doctor Emilio Santos, quien detalla varias condiciones para que un parto de nalgas sea lo más seguro posible: que el comienzo del parto sea espontáneo (no inducido), que no se realice maniobra de Hamilton, que se dé tiempo suficiente a la madre para dilatar y que se respeten recomendaciones como no provocar rotura artificial de membranas, restringir las exploraciones vaginales, monitorizar para descartar prolapso de cordón y, muy especialmente, permitir que la madre elija la postura en la que se siente más cómoda.
Sobre este último punto, resulta muy ilustrativo observar que en la imagen de Karyn la madre está pariendo a cuatro patas. Esta postura favorece una posición más fisiológica del dorso del bebé, aprovecha mejor la gravedad y contribuye a que el parto progrese por propulsión y no por tracción, es decir, que el bebé nazca impulsado por las contracciones y los pujos, y no porque el profesional tire de su cuerpo. Tal y como recoge EPEN, la filosofía es apoyar la presión del fondo del útero para evitar malposiciones de la cabeza y de los brazos, reduciendo riesgos y respetando al máximo la fisiología del nacimiento.
Por seguridad para la madre y el bebé, el parto en posición de nalgas de un feto único a término suele realizarse en quirófano, con el personal imprescindible pero preparado para actuar con rapidez si algo se complica. Las decisiones clínicas se individualizan, combinando la evidencia científica con los deseos de la gestante, de forma que ella pueda participar de manera informada en la elección entre un intento de parto vaginal o una cesárea.
La secuencia de fotos de Karyn Loftesness no sólo conmueve; también muestra con enorme claridad cómo un parto de nalgas, en un entorno respetuoso, con profesionales formados y una madre acompañada y escuchada, puede convertirse en una experiencia intensa, poderosa y profundamente transformadora, y ayuda a desmitificar una forma de nacer que, aunque poco frecuente, forma parte de la diversidad de los partos humanos.
Imagen de portada — propiedad de Karyn Loftesness, quien ha autorizado su reproducción.
Imagen — Pregmed
El artículo Fascinante parto de nalgas retratado por Karyn Loftesness ha sido originalmente publicado en Madres Hoy.