Fiebre que desaparece y vuelve en niños

Fiebre que desaparece y vuelve en niños

La fiebre siempre se ha asociado a un síntoma de alarma y preocupación, sobre todo si sucede entre niños. No es una enfermedad, pero sí consiste en actuar como mecanismo protector y eso lo hace elevando la temperatura corporal. De esta forma ayudará al cuerpo de deshacerse de bacterias, virus y cualquier tipo de infección. Pero, ¿Qué sucede con la fiebre que desaparece y vuelve en niños?

La fiebre cuando es prolongada y no desaparece a lo largo de un período, es importante hacer una consulta médica para recabar en posibles respuestas. Cuando se prolonga durante más de 7 a 10 días puede que exista la presencia de una infección vírica. Si la fiebre persiste durante más de tres semanas o más y no hay razón conocida, hay que situar tal circunstancia como una fiebre prolongada.

Fiebre persistente

La fiebre se puede mantener persistente cuando tiene una larga duración. Si no suele ir acompañada de ningún otro síntoma no suele descartarse como algo preocupante. Lo más probable es que la fiebre se haya asociado a alguna pequeña enfermedad que está pasando.

Cuando la fiebre tiene una duración de más de 10 días, entonces hay que volver a asociarla a algún otro síntoma. Si no existe nada a qué asociarlo puede que no se de ningún tipo de complicación.

La fiebre no es nada más que un síntoma. Es algo que se asocia fundamentalmente cuando existe una infección vírica. Siempre es positivo que exista la fiebre, dado a que si no estuviera no habría forma de adivinar que existe una infección o descubrir que algo está atacando al cuerpo.

Muchos niños pueden tener fiebre y no estar aletargado por tal efecto. Duermen bien, están de buen humor e incluso comen y beben con normalidad.

Aborto espontáneo o menstruación

Fiebre recurrente

Los niños con fiebre recurrente presentan este episodio en múltiples ocasiones y a lo largo de un tiempo. Suelen recurrir a urgencias sin recibir diagnósticos precisos y dónde han recibido tratamientos de antibióticos. En la mayoría de estos casos las conclusiones suelen ser banales sin un diagnóstico definitivo.

¿Qué sucede concretamente? Los episodios recurrentes de fiebre son infecciones de repetición, aunque detrás de estos casos se suelen encontrar otras etiologías: Neoplasias, infecciones poco habituales, enfermedades autoinflamatorias o inmunodeficiencias.

En este tipo de fiebre se suele definir recurrente cuando existen 3 o más episodios de fiebre, cuando aparecen intervalos libres de algunas semanas y se alarga más de 6 meses en el tiempo.

¿Qué puede producir una fiebre recurrente?

Las conclusiones no son claras y hay que hacer varios estudios para obtener una determinación que ayude a asociar todo lo que sea posible. Los casos más frecuentes suelen ser infecciones víricas autolimitadas de repetición. Detrás de lo que no puede aparentar se suele estudiar los antecedentes familiares.

  • Antecedentes familiares dónde se haga un estudio de las inmunodeficiencias primarias y familiares con patologías parecidas.
  • Factores ambientales. Muchos niños no compatibilizan muy bien los primeros años de escolarización por presentar una exposición recurrente de gérmenes.

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  • Por enfermedades causadas por una alteración cuantitativa y funcional de mecanismos implicados en la respuesta inmunológica.
  • Cuando existen enfermedades autoinflamatorias sin causa desconocida y causado por células y moléculas del sistema inmune, en este caso el paciente puede tener fiebres recurrentes que no encaja con otros tipos de patrones, pero presenta síntomas como alteraciones cutáneas, conjuntivitis, estrés, traumatismos, etc.
  • Por enfermedades reumáticas.
  • En infecciones complejas con una larga fiebre causada por una infección profunda pero poco recurrente, como la malaria, borrelia, brucella u otras como la tuberculosis o fiebre tifoidea.

En casos de fiebre recurrente y que se deriva en un largo período de tiempo hay que hacer un seguimiento de la persona para anotar en qué momentos tienen fiebre y qué temperatura. Hay que hacer un examen físico detallado dónde no faltará una analítica de sangre. Entre otras vías de búsqueda se intentará observar si existen úlceras bucales, inflamación de ganglios linfáticos, erupciones cutáneas o buscar algún tipo de relación con la enfermedad de Kawasaki.

En otros tipos de vías se harán una ecografía abdominal, la búsqueda de un absceso oculto o hacer una tomografía computarizada. No obstante, no se puede realizar un tratamiento específico hasta llegar a un diagnóstico evidente. Tan solo se recetará un tratamiento para paliar los síntomas.


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