La regulación de los teléfonos móviles en las aulas vuelve a ser uno de los temas centrales de la agenda educativa europea. Francia acaba de dar un paso definitivo al promulgar la ley que prohíbe el uso del smartphone en los institutos, mientras que, en España, la Consejería de Educación de Extremadura ha presentado una nueva instrucción para fijar criterios comunes en todos los centros sostenidos con fondos públicos. Ambas iniciativas refuerzan la idea de que la tecnología debe estar al servicio del aprendizaje y no al revés.
Los cambios afectan a miles de estudiantes y plantean un nuevo escenario para el día a día en los colegios e institutos. La prohibición, cuando existe, va acompañada de excepciones de carácter sanitario o pedagógico, y se abre a un debate más amplio sobre el bienestar digital. Lo cierto es que el teléfono personal, hasta ahora protagonista en muchos recreos y clases, se ve obligado a quedarse apagado y fuera de la vista en buena parte del territorio europeo.
Francia prohíbe el móvil en los institutos
La promulgración de la norma anunciada por Emmanuel Macron supone un cambio respecto a la regulación de 2018, que ya limitaba el uso de los móviles en centros hasta los 15 años. La nueva ley extiende la restricción a los institutos y se propone estar en plena vigencia desde la vuelta a clase, como apuntan fuentes de la portavoz Maud Bregeon. A diferencia de lo que pasaba antes, cuando cada centro decidía por su cuenta, ahora la prohibición tiene un marco legal consolidado.
En las redes sociales, el presidente explicó que la decisión nace de la comisión de pantallas y que busca «recuperar la serenidad del aprendizaje». La consejera Bregeon ha insistido en que la norma se podrá aplicar con el inicio del próximo curso, aunque todavía hay flecos. El Constitucional francés vetó en agosto el apartado que prohibía las redes sociales para menores de 15, por entender que limitaba la libertad de expresión. Por ello, el primer ministro Sébastien Lecornu debe reformular la redacción para que encaje con la jurisprudencia.

Extremadura actualiza la regla para todos los centros
La consejera de Educación y Formación Profesional, Sandra Valencia, ha presentado la instrucción 6/2026 que actualiza el protocolo de los dispositivos personales en los colegios de la comunidad. La medida parte de un grupo de trabajo con representación de educación especial, primaria, secundaria y FP. A partir de su aplicación, los teléfonos móviles deberán permanecer apagados y guardados durante toda la jornada escolar. Los relojes inteligentes también entran en el mismo saco, salvo que la salud o la inclusión educativa obligue a lo contrario.
El texto diferencia claramente entre los equipos cedidos por el centro y los aparatos del alumno. Se recomienda que las tareas se realicen con los dispositivos propios del centro y que el smartphone solo se utilice en actividades expresamente autorizadas. Para Bachillerato y Formación Profesional se da más margen, siempre que el docente vea una finalidad educativa concreta. En Secundaria, la vía excepcional solo se admite en casos de fuerza mayor o muy justificados.
Además, la nueva instrucción incluye una sección sobre el uso de la inteligencia artificial y de bienestar digital. La idea es que el uso de la tecnología no invada la salud, y se incorporan pautas como la distancia a la pantalla o los descansos. La consejera ha subrayado que las tecnologías «siempre tienen que estar al servicio de la educación» y por eso el docente necesita un paraguas legal para decidir en qué momentos ayudan y en cuáles perturban.
Una propuesta que va más allá de la restricción
Detrás de estas iniciativas hay un cambio de fondo: no se trata de negar la tecnología, sino de enseñar a convivir con ella y a reducir la distracción. La normativa de Extremadura nace con la voluntad de ser una respuesta adaptada a la realidad digital, ofreciendo un protocolo ágil y sencillo para que los profesores sepan cómo actuar con sus herramientas digitales. También es notable que ya se hable de regular el uso de la IA como un elemento útil, pero que jamás debe sustituir al acompañamiento humano.
Desde los testimonios de los propios centros y los primeros datos, las administraciones esperan que esta pausa diaria permita mayor concentración y mejore la convivencia. Los próximos meses serán clave para ver cómo asimilar estos cambios y si se extienden a otros territorios de la UE. Mientras tanto, el mensaje de fondo es claro: el móvil tiene su espacio, pero no dentro del aula.
Y con esto, la pelota queda en manos de las familias y los equipos directivos, que deberán aplicar la nueva letra sin perder de vista el equilibrio que el propio docente reclama. Al final, lo que se persigue es una escuela que no le dé la espalda a la tecnología pero que tampoco le permita silenciar la voz de quien enseña y escucha.




