Frases atemporales de una madre

Las madres ven a sus hijos como polluelos, y no hay edad en la que logren ver que han de volar solos.

¿Qué madre no ha respondido o exclamado alguna ocurrente o imperativa frase a su hijo?, como a la pregunta: “¿Qué hay para comer?”.”Pues comida”. Por muy distintas que sean las madres muchas se apropian de varias y míticas frases que han marcado nuestra infancia, posterior vida adulta, y han ido viajando con los tiempos. Recordemos algunas de ellas.

La madre, firme y protectora

Una madre es quien mejor conoce a su hijo y quien sabe qué hacer y decir en el momento preciso. Como si tuviese un sexto sentido logra adelantarse a los acontecimientos o regodearse en la frase “Te lo dije hijo”, cuando aún ni él intuía que algo así podía ocurrir. Una madre puede ser tremendamente vehemente, terca,  sobreprotectora y exigir una llamada incluso donde no hay cobertura. Las madres conciben a sus hijos como polluelos pese a tener 50 años y vivir en otro continente. No hay edad en las que ellas vean que sus hijos han de volar solos.

Una madre nunca aceptará que que su hijo rechace un consejo y lo dará pese a que se le aleccione a guardárselo para sí. Una madre nunca se calla lo que piensa, da su opinión, muestra su modo de hacer las cosas, que seguramente es el indicado. Para una madre, quien ha enseñado a su hijo a caminar, comer, dormir o ir al baño, su “pequeño” siempre necesitará de su guía.

Con mucha razón los hijos precisan a su madre de uno u otro modo. La persona a la que siempre se recurre es a la madre. Esta mujer entregada siempre estará ahí, esperando la solicitud de consejo, esperando que la abracen y le den las gracias y un te quiero. Una madre ama a su hijo incondicionalmente y cuando ha de decir una ingeniosa frase que le dejará desarmado, no tendrá miramiento alguno.

Frases míticas que dice una madre

Esta mujer entregada siempre estará ahí, esperando la solicitud de consejo, esperando que la abracen y le den las gracias y un te quiero.

  • “Voy a sentarme ahora. No he parado en todo el día”. Probablemente nadie haya estado ahí para saberlo, no obstante cuando una madre está en casa siempre hay algo que hacer, sobre todo mantener todo en orden. Las madres están activas en todo momento y con todo bajo control, inclusive ayudándolas. Sin duda alguna la mujer está hecha para dar instrucciones.
  • “No soy un banco”. Una de las frases más utilizadas por una madre, sobre todo cuando se es joven y no se tienen recursos económicos. El hecho de pedirles dinero siempre traía adjunta esta frase y un gesto serio que se traducía en “A ver si te pones a trabajar o le pides a tu padre”. El hijo solo podía esbozar una sonrisa y darle un beso de agradecimiento.
  • ¿Y qué hay del cambio de género en palabras tan utilizado entre las madres? Normalmente cuando se le pide algo, el modo con el que ellas zanjan el tema es cambiando el género a la palabra clave. Por ejemplo, “Mamá quiero llegar a las doce a casa” “Ni doce ni doza, ya te he dicho que no”, y se quedan tan anchas. La cara de un hijo tras oír eso no puede ser de otra manera más que de total convencimiento. Nada puede con un cambio de género inventado e imprevisto en una discusión.
  • ¿Y si tu amigo se tira de un puente?…” Frase repetida por excelencia que no pasa de ser usada por una madre. Es habitual que al comparar algo que otros han hecho la madre logre escudarse en que cada uno es un ser diferente. Seguramente al amigo no le dejarán hacer cosas que a él sí, pero frases de este tipo seguro también ha escuchado.
  • “Abrígate” (si es invierno) o “Ve por la sombra” (en días de mucho calor) Las órdenes que se refieren a la temperatura están vigentes todo el año se tenga la edad que se tenga. Un hijo de 20, 30 o 40 años parece ser que puede olvidarse de ponerse una chaqueta si tiene frío o resguardarse del sol en días sofocantes. Y ahí estará la madre para recordárselo. Ciertamente esto ya es estar pendiente del más mínimo detalle.
  • Responder multiplicando o hablando con ironía, “Mamá, quiero un coche”, “Sí claro. Y tres y cuatro” o “Mamá, quiero irme a EE.UU de viaje”,  “Y yo que me toque la lotería”.

“El día que yo no esté no sé qué haréis, os morís fijo”. Con esta frase el hijo se queda pensativo.

  • Y uno de las frases más profundas es, “El día que yo no esté no sé qué haréis, os morís fijo”, y ya no hay más que decir. Con esta frase uno se queda pensativo y hacia sus adentros considera que probablemente estaría bastante peor. Y es que una madre siempre es necesaria, sobre todo cuando el consejo es demandado.
  • “Come, te estás quedando muy delgado”. Para una madre nunca se está suficientemente alimentado ni cuidado. Parece que al dejar de vivir con ella ya no logra valerse uno por sí mismo o nadie estará tan pendiente como lo estaba ella. E innegablemente sus comidas caseras se echarán en falta.
  • “Cuidado al cruzar” o “Ten cuidado”, en general. Cuando se tiene un hijo se teme que le pase cualquier cosa y en cualquier momento, sobre todo cuando no se está cerca de él. El paso de un niño a quien se consigue vigilar cada día y resguardar de todo mal, o al menos intentarlo, a adultos que viven su vida de modo particular, es normalmente una transición angustiosa para cualquier madre.

Paso por generaciones

Estas conocidas frases han pasado de abuelas a madres, pasarán a sus hijas y luego a sus nietas. Los hijos han crecido escuchando estas frases e probablemente han calado en ellos. Son frases que impactan por su significado e intensidad y llegan a quienes las escuchan, soliendo repetirlas cuando una se convierte en madre. El día que una se oye a sí misma vociferando uno de estos enunciados, cuando dice “Tómate el zumo que se van las vitaminas” o “Te lo digo yo que para eso soy tu madre y mientras vivas bajo este techo harás lo que yo te diga”, se es consciente de la instaurada maternidad.

Es importante, pese a lo divertido del trasfondo de cada una de estas oraciones, que van expresadas con toda la intensidad y sentimiento posible. Cuando una madre aconseja o muestra una sensación respecto a algo, está dando a conocer todo el amor y la importancia que para ella tiene el bienestar de su hijo, y cuando llega el momento, de su nieto.

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Ana María Longo Silva nació en Bonn (Alemania) en 1984 y es hija de padres gallegos y emigrantes. Licenciada en Pedagogía en 2006 por la Universidad de Santiago de Compostela, también posee formación en coaching y liderazgo personal, psicología infantil, inteligencia emocional y trastornos emocionales. Colaboró en Woman Actitud, donde destaca el artículo “Vivir”, publicado en 2015. Entre 2007 y 2016, ha realizado trabajos esporádicos como cuidadora infantil y profesora particular, por lo que los niños han sido y son un referente en su vida. Amante del cine, la música y viajar, Mommy: amor en uso es su primer libro editado. Le sigue Mamá...: ¡Teta! Lactancia materna. Actualmente, reside en Palma de Mallorca. Está casada y es madre de una preciosa bebé, quien le ha despertado el deseo y el valor para publicar. Actualmente también es redactora en la revista Bekia y colabora en el blog Madres Hoy, publicando sobre temas de maternidad, una temática que le fascina y a la que dedica el tiempo completo. Con su trabajo quiere apoyar y ayudar a madres primerizas y futuras madres. En cuanto a sus proyectos, tiene pendiente publicar un libro sobre el comportamiento humano.

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