Fuera esponjas

En días pasados hemos hablado de la higiene, de las cremitas en los bebés y demás. En ese artículo apuntábamos que no se debe usar la esponja en el baño del bebé. Y hoy vamos a insistir en ese tema, porque es muy desaconsejable usar este tipo de artículos tanto cuando el bebé tiene el ombligo sin caer como después. El motivo es simple: las esponjas atraen, o por así decirlo, barren todos los poros de la piel. Cualquier cutícula cutánea, células muertas, las bacterias propias de la piel, etc. Todo eso va creando una película que por la naturaleza propia de la esponja, queda húmeda.

Si no se seca bien, -cosa que nadie hace, porque una esponja no se seca-, y por la temperatura ambiente, pueden generarse un montón de bacterias en la propia esponja. Imaginad que luego con esa “basura celular“, por así llamarla, limpiamos a nuestro bebé. Evidentemente, la probabilidad de que tenga cualquier tipo de pupita en la piel aumenta en grado exponencial.

¿Qué hacer entonces? Pues es muy sencillo, cuando vayamos a bañar a nuestro bebé, primero lavémonos nosotros correcta y escrupulosamente las manos. Eso garantizará mucho más la higiene tanto en el bebé como en nosotros mismos. Nosotros somos nuestra mejor esponja, y deberíamos hacerlo siempre, no sólo con nuestros bebés, sino también en la etapa adulta. Es mucho más higiénico, más limpio lavarse uno mismo, lavándose primero las manos.

En definitiva, esponjas, sólo las de la tele, cuando son amarillas y su amigo se llama Patricio. Las demás, desterradlas de vuestro baño. Yo os puedo decir que con mi bebé lo he hecho así y no he tenido ningún problema.


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