Hija mía, quizá algún día seas mamá… o no

Cada madre lleva consigo a sus hijas para siempre, y cada hija crece acompañada e influenciada por su madre… podemos ser mamás de niños o de niñas, sin embargo las segundas podrán (o no) ser madres en el futuro, y nuestra forma de ejercer la maternidad es un ejemplo para ellas, tanto si somos conscientes como si no.

Hoy hemos celebrado el Día de la Madre, una jornada que puede tener mucho o poco significado; un día en el que habremos recibido dibujos coloreados por manos regordetas, poesías preciosas con algún que otro borrón, una foto sorpresa de nuestros hijos, o simplemente un beso. Con mucha suerte, la ocasión habrá servido para reunir a abuelas, madres e hijas, con el resto de miembros de la familia, sin más pretensión que pasar un buen rato juntos.

Cuando somos madres, tendemos a proyectar nuestros anhelos, también nuestras necesidades, en ese pequeño bebé de fiel fina, que repta sobre nuestro cuerpo para alimentarse, y que nos llena de sentimientos difíciles de describir. Queremos protegerlos hasta que se sepan valer solos, y a la vez tenemos mil dudas, que no llegan a disiparse con el tiempo, simplemente cambian de nombre y de forma.

Sin apenas proponérnoslo, aplicamos estereotipos (y no sólo de género) a una persona que recién llegada a este mundo, sólo desea estar con su mamá, a la que ha conocido tras estar meses soñando con ella. Y a partir de ese momento, ejercemos como madres, un papel que quizás repitamos si no es nuestro primer hijo.

Algún día

Es el título de un precioso y emotivo cuento, escrito por Alison McGhee, e ilustrado por Peter H. Reynolds (editorial SerreS). El relato comienza por una escena que nos resulta muy familiar: “Un día conté tus deditos y los besé uno por uno”… y va avanzando conforme la niña crece; nos llena de ternura la escena “Un día, sentirás, un pequeño peso en tu espalda”, que da paso a “Y yo contemplaré cómo peinas a tu hija”…

Algún día puede que nuestras hijas sean madres, o puede que no… de cualquier forma serán mujeres, pero lo que es indudable es que cada mujer que habita en este Planeta tiene una madre, a la que conoció antes que a nadie, pues cuando el mundo aún no se había maravillado por ese ser maravilloso y con tanto potencial, ellas ya estaban juntas, y lo iban a estar durante 9 meses.

Da igual que queramos a todos nuestros hijos por igual, pues los sentimientos que albergamos hacia los chicos y hacia las chicas están bastante marcados por  nuestra propia herencia como madres, hijas y nietas y casi sin querer, por las expectativas que tenemos. Está claro que ya tenemos edad suficiente para entender a nuestras propias madres, y a sus errores, sin culpabilizarlas, porque conocemos sus historias.

Es momento de demostrar que hemos crecido y que podemos devolverles la generosidad infinita con la que nos criaron, educaron y cuidaron de nosotras. Otra cosa es la forma en que nos marcó nuestra infancia y la relación con ellas… por eso dice Christiane Northrup que la mejor herencia que podemos dejar a las niñas es “haber sanado como mujeres”.

Hija mía, algún día serás madre…o no

Siempre será decisión de ellas, y aún falta mucho para que llegue ese momento. Ahora sólo debemos preguntarnos si somos capaces de emprender el camino de la sanación, sanando a la vez las raíces del árbol (nuestra madre) y los frutos (nuestras hijas); y si les vamos a dar a las niñas el amor incondicional que toda criatura necesita, junto con un acompañamiento respetuoso de sus procesos, y la libertad para poder escoger, sin dañase a ellas mismas, ni dañar a nadie.

Tienen toda una vida por delante, y nosotras somos primero refugio y alimento, nos convertimos depués en sustento-acompañantes-consuelo-recuerdo-nostalgia-regreso… Tan importante es criar con amor y apego seguro, como soltar cuando ellas quieran volar libres. Es importante para que construyan una personalidad fuerte y segura, y para que tomen la decisión de ser madres desde el amor.

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Hace 14 años y medio conocí a mi gran maestro, dos años después llegó al mundo una persona que hace honor a su nombre (Sofia); no se parecen a los hijos de mis sueños porque son mucho mejores... Con 13 años quería ser escritora, pero a los 21 me convertía en trabajadora social... Es esta una época de muchos cambios para mí, así que tras volver a la que es mi profesión, paré de escribir, pero me lo he pensado mejor porque me apasiona comunicar y comunicarme, así que me atrevo con todo. Recientemente me he transformado tanto como las crisálidas y aunque no soy creyente, se podría decir que en lo espiritual 'he renacido' para situarme de otra forma en el mundo. Estoy ansiosa por contaros cosas.... y que me contéis.

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