Historias de miedo para una fiesta de Halloween infantil

Si estás organizando una fiesta de halloween para tus hijos y sus amigos, necesitarás algunas historias de miedo para amenizar la fiesta. Dependiendo de la edad que tengan los niños, tendrás que adaptar tus historias. Así evitarás que puedan pasar un mal rato y que además tengan pesadillas por la noche. No obstante, hay muchos cuentos con su toque terrorífico pero incluyendo además una importante moraleja.

A continuación encontrarás dos cuentos de halloween para niños. Pueden servirte como inspiración y cambiar algún detalle o personaje para hacer tuya la historia. Pero si lo prefieres, también puedes contarla tal cual, lo importante es que prepares bien el momento del cuento. Que todos los niños estén sentados en el suelo en un círculo, baja las luces de la estancia y enciende algunas velas que estén en zonas altas.

Cuento “Hechizo de bruja”

Era una noche fría y oscura y en la calle reinaba un silencio aterrador. En la cocina, ya tenía la olla en el fuego y mientras esperaba que comenzase a hervir, comenzó a repasar los ingredientes:

La caca de un gusano enfermo

Pipí de bruja piruja

Uñas de tarántula

Babas de un caracol

El grito de terror de un niño

De todos los ingredientes de la lista, solo uno le faltaba a la bruja, el grito de terror de un niño. Aunque pudiera parecer una misión sencilla, la bruja no lo había conseguido pese a todos sus esfuerzos. Había aparecido en la noche en el cuarto de unos niños, había colocado un ratón en la comida de una niña, incluso había volado haciendo ruidos en la noche, mientras los niños dormían. Pero no había obtenido el ingrediente más especial de su receta de la noche.

Para lograrlo, había trazado un plan que llevaría a cabo esa misma noche, así que guardó un buen puñado de polvos mágicos, cogió su escoba y echó a volar en busca del grito de un niño. Mientras volaba por toda la ciudad subida en su escoba, fue espolvoreando toda la ciudad mientras repetía su hechizo:

Polvos mágicos de gran maldad

Hoy a esta bruja obedecerás

La ciudad completa de terror se cubrirá

Y toda la noche el hechizo durará

De repente, los huertos de la ciudad se llenaron de calabazas terroríficas. Las flores perdieron su color y se tiñeron de negro. En todas las casas aparecieron enormes telas de araña y las caras de las personas se llenaron de horribles verrugas negras. Otras personas se volvieron de color verde, otras se llenaron de pelo. A otras les crecieron unas enormes y afiladas uñas.

Toda la ciudad se había llenado de monstruos y por eso, nadie se asustaba. La bruja no conseguía el ingrediente necesario para terminar su poción. Si no lograba el grito de terror de un niño, no conseguiría ser una bruja verdadera. Pero de pronto, un grito de un niño se escuchó a lo lejos, y la bruja sacó su tarro para cogerlo y voló hasta donde estaba el niño.

Cuando el niño la vio se puso muy contento y por la sorpresa la bruja le preguntó qué era aquello que le había provocado gritar. El niño respondió que su terrible miedo era porque se había quedado solo y por eso estaba tan asustado. La bruja le montó en su escoba y le llevó hasta su cama y volvió corriendo para terminar su poción. Pero al darse cuenta de que el niño no había sentido miedo de los monstruos, si no de la soledad, no terminó la poción pero aprendió una lección:

Un niño nunca mucho se ha de alejar y siempre acompañado debe estar.

Basado en una historia original de Maribel Martos

El cuento del troll apestoso

Pedro era un niño pequeño muy travieso que nunca hacía caso a sus padres. Siempre inventaba escusas para no ir al colegio y odiaba lavarse y cepillarse los dientes. Sus padres intentaban que se bañase para estar limpio, pero no había nada que hacer con Pedro. Un día, su abuela le contó una historia que se escuchaba por el pueblo.

Al parecer, cuando los niños no se lavan, su piel se va oscureciendo hasta volverse marrón. También le salen pelos en las orejas y en la nariz y se les cae el pelo. Las uñas les crecen torcidas y amarillas, igual que los dientes, total, que se convierten en feos trolls. Pedro se echó a reír a carcajadas creyendo que su abuela le estaba intentando engañar para que se lavase. Pero esa misma noche, mientras Pedro dormía empezó a notar un olor muy desagradable.

Se levantó a ver qué pasaba y de repente vio unos ojos amarillos, una cabeza calva y unas orejas llenas de pelo, era un troll. Pedro se asustó muchísimo y quiso llamar a sus padres, pero no le salía la voz y salió corriendo hacia el cuarto de sus padres. En el camino, se encontró con un espejo y entonces vio en el reflejo donde estaba el troll, ¡era él! y se asustó muchísimo pensando que siempre se quedaría así.

Por suerte, su madre se despertó y consiguió lavarle la cara y las manos para evitar que se transformase. Al día siguiente, su abuela le contó que cada noche de luna llena, un troll sale a buscar niños sucios que llevarse a su cueva y de esa forma, transformarlos en trolls. Desde entonces, Pedro se volvió el más limpio de su clase y nunca jamás volvió a acostarse sin ducharse y sin lavarse los dientes.

Basado en una historia original de Regly Pérez García

Fin


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Soy Toñy, mamá primeriza de un pequeño terremoto, con él aprendo y disfruto cada día. Curiosa e inconformista, dedico mi tiempo libre a investigar sobre la maternidad y crianza. Apasionada de la lectura en todos sus géneros, aprendiz de escritora, tejedora compulsiva y amante de la buena cocina.

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