Impétigo: causas, síntomas y prevención en los niños

El impétigo consiste en una infección bacteriana, que se contagia por contacto directo, en la que la parte superficial de la piel se inflama. Se presenta con bastante frecuencia en los niños, y no en los adultos, y esto es debido a que el contacto cutáneo entre ellos es más frecuente. La edad más propensa para esta enfermedad es entre los 2 y los 5 o 6 años.

En general no suele dar fiebre, los niños y niñas tienen buen estado, pero la enfermedad se presenta en forma de heridas en la piel cubiertas de costras de color amarillento. Te contamos sus causas, la prevención y algunos consejos caseros.

Causas, síntomas y prevención del impétigo

Niños realizando una actividad en común.

El impétigo está causado por los estreptococos y estafilococos. Tiene una mayor incidencia en verano, en los países tropicales y se ha asociado con malas condiciones de higiene, o pocos hábitos de limpieza.  Aunque el ímpétigo no es una enfermedad grave como se contagia muy rápidamente, es importante que se trate en el menor tiempo posible, por lo que es importante que guarderías o colegios avisen pronto a los padres al detectarse esta infección.

Los síntomas comienzan con el enrojecimiento en la piel, como si algo la hubiese irritado. También aparece un picor creciente. Un poco más adelante salen pequeñas ampollas que tienen una cubierta muy fina, que se rompe fácilmente. El pus que sale de ellas es altamente contagioso, y al quedar expuesto, y los niños tocarse con facilidad, o compartir objetos rozados con esta sustancia, se produce el contagio.

La manera de prevenirlo es llevar una rigurosa higiene de la piel, y en particular lavarse las manos con jabón, y mantener las uñas cortas y limpias. Tampoco hay que compartir la toalla, ropa u otras pertenencias personales. La piel bien hidratada funciona como barrera, por eso es importante que esté tratada. ¡Ah, y es importante no reventarse las alteraciones que se presenten en la piel!

El tratamiento común es a través de cremas de antibiótico. Los dos tipos de antibiótico que más se utilizan son la mupirocina o la bacitracina. Se recomienda que el niño o la niña no vaya a la escuela hasta el día después de haber iniciado el tratamiento. En algunos casos el médico puede recomendar cubrir la zona con un apósito o con una gasa.

Remedios caseros

Como te decíamos lo más recomendable es tomar las precauciones para que la infección no se produzca, y después, si ya está consultar con el pediatra. No obstante nos atrevemos a darte unos consejos, o remedios caseros que pueden aliviar los síntomas.

Puedes mezclar una cucharada de vinagre en una pinta de agua y humedecer las zonas afectadas con esta solución durante 15 o 20 minutos. Esta solución ayuda a que se caigan las costras fácilmente. Otra recomendación es echar 1/4 de taza de hojas de tomillo y 1/4 de taza de hojas de romero fresco en dos tazas de agua hirviendo. Se deja reposar durante 15 minutos. Cuando ya se haya enfriado se aplica sobre la zona afectada. El romero y el tomillo tienen efectos antiinflamatorios.

Para las pequeñas cicatrices que pueden afectar a la zona, después de que se caigan las costras, puedes utilizar aloe. Pero recuerda lavar bien el gel de aloe, que tiene propiedades antisépticas, antibacterianas y regenerantes, antes de ponérselo a tu hijo o hija.

Pero recuerda que con una dieta saludables siempre ayudas al sistema inmunológico de tu hijo a combatir las infecciones y a una rápida recuperación.

Complicaciones del impétigo

Sólo en los casos más graves se suelen dar complicaciones del impétigo. Con la glomerulonefritis postinfecciosa hay que tener cuidado. Ocurre cuando el impétigo se produce por el estreptococo piogénico, una bacteria capaz de alterar el sistema inmunológico de los niños. En este caso el sistema inmune puede atacar a los riñones días después de la infección en la piel.

Cuando el impétigo no se trata a tiempo las bacterias pueden atravesar las capas superficiales de la piel. Entonces se producen infecciones localizadas como la erisipela o la celulitis, con fiebre y malestar, llegando incluso, en situaciones muy graves a lo que se llama fascitis necrosante.

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