Las infecciones que se transmiten de la madre al feto son un riesgo conocido durante la gestación, pero un estudio europeo de gran calado acaba de arrojar luz sobre sus consecuencias a largo plazo. La investigación, publicada en la prestigiosa revista «JAMA Pediatrics», ha analizado el impacto de las llamadas infecciones TORCH, un grupo de patógenos capaces de cruzar la placenta y que ahora se vinculan con un riesgo notablemente mayor de autismo y discapacidad intelectual en la infancia.
Aunque estos casos son poco comunes, los datos son contundentes. El estudio, liderado por el Instituto Karolinska de Suecia, ha seguido la evolución de más de 3,7 millones de personas nacidas entre 1987 y 2021. De todas ellas, apenas 975 nacieron con una de estas infecciones congénitas, pero los resultados han revelado que el impacto en su neurodesarrollo es mucho mayor de lo que se pensaba hasta ahora. El seguimiento se ha extendido durante un máximo de tres décadas, lo que permite vislumbrar efectos muy tardÃos en el desarrollo cognitivo.
El riesgo se multiplica cuando la infección cruza la barrera
Las cifras no dejan indiferente a nadie. Los pequeños que nacieron con una infección TORCH presentan aproximadamente tres veces más probabilidades de ser diagnosticados de autismo en el futuro, mientras que el riesgo de sufrir discapacidad intelectual se dispara más de siete veces por encima de la media. El dato más alarmante, si cabe, es el de la discapacidad intelectual grave o profunda, donde el riesgo relativo es hasta 30 veces superior al de los niños que no sufrieron estas infecciones. Los propios autores destacan que, aunque la asociación con la discapacidad intelectual ya era conocida, el vÃnculo especÃfico con el autismo no estaba tan claro en estudios anteriores, que a menudo manejaban muestras muy pequeñas.
Sin embargo, los responsables del trabajo quieren lanzar un mensaje de tranquilidad. Y es que, a nivel poblacional, estas infecciones son muy raras. De hecho, se calcula que solo explican el 1,2% de los casos de discapacidad intelectual grave y un 0,034% de todos los autismos diagnosticados en Suecia. Aun asÃ, alrededor de uno de cada cinco niños que nace con una de estas infecciones acabará desarrollando un trastorno del espectro autista, una cifra que subraya la importancia de la detección precoz y de saber si mi hijo tiene autismo o Asperger.
Entendiendo las infecciones TORCH y su mecanismo
Bajo el acrónimo TORCH se esconden varios enemigos conocidos en el mundo de la obstetricia: toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus, herpes simple y otros agentes como la sÃfilis o el virus del Zika. Su particularidad reside en que, a diferencia de un resfriado común, estos patógenos tienen la capacidad de atravesar la placenta y afectar directamente al cerebro del feto. Para verificar que la culpa era de la infección y no de factores genéticos o ambientales compartidos, los investigadores compararon a los afectados con sus propios hermanos que no habÃan padecido la infección, una técnica estadÃstica muy robusta.
La comparativa entre hermanos arrojó resultados muy similares, lo que refuerza la teorÃa de que la infección es el detonante principal de estas alteraciones neurológicas. No obstante, el estudio no ha encontrado una relación clara entre estas infecciones y otros trastornos del neurodesarrollo como el TDAH o el trastorno obsesivo-compulsivo. Pero sà se ha detectado un impacto académico notable: incluso aquellos niños que no llegan a desarrollar un diagnóstico grave de autismo o discapacidad intelectual pueden presentar un retraso madurativo en los niños que afecte a sus calificaciones escolares, sugiriendo que el daño cerebral puede ser sutil pero persistente en el tiempo.

Prevención: la clave para España y Europa
Una de las conclusiones más prácticas de este trabajo es el papel fundamental de la prevención. En Europa, el ejemplo más claro lo encontramos en la rubéola, prácticamente erradicada en paÃses como Suecia gracias a los programas de vacunación masiva. En España, la vacunación infantil y en mujeres en edad fértil es universal, lo que supone un escudo muy potente frente a esta infección. Los autores insisten en que mantener y reforzar los calendarios de vacunación es una de las estrategias más rentables para evitar estos casos a nivel poblacional, ya que estas infecciones son una causa evitable de discapacidad.
Para el resto de agentes del grupo TORCH, los expertos recuerdan medidas sencillas pero efectivas que deberÃan estar presentes en todas las consultas de seguimiento del embarazo. En el caso de la toxoplasmosis, se recomienda evitar la carne cruda o poco hecha, lavar escrupulosamente las verduras y extremar las precauciones al manipular las heces de gato. Para el citomegalovirus, la infección congénita más común a nivel mundial, la mejor estrategia es extremar la higiene de manos y evitar el contacto directo con la saliva y la orina de niños pequeños, algo especialmente relevante para madres con hijos en guarderÃas.

En el caso del herpes simple, los profesionales sanitarios deben identificar y tratar la infección durante la gestación, y en muchas ocasiones se opta por realizar una cesárea si hay lesiones genitales activas en el momento del parto. Otras infecciones del grupo, como la sÃfilis, se detectan mediante los análisis rutinarios del primer trimestre y tienen un tratamiento antibiótico muy eficaz. La detección precoz, por tanto, se convierte en una herramienta crucial para mitigar cualquier riesgo sobre el neurodesarrollo fetal.
Este trabajo pone de manifiesto que la prevención y el seguimiento son fundamentales en la salud materno-infantil europea. Aunque el riesgo individual de transmitir una infección TORCH es bajo, sus consecuencias pueden ser devastadoras y permanecer latentes durante décadas en el neurodesarrollo. La investigación no explica todos los casos de autismo, pero añade una pieza crucial para entender el desarrollo cerebral prenatal, consolidando la necesidad de mantener cribados precisos y de no descuidar los calendarios de vacunación en ningún paÃs de la Unión Europea.



