
Una de cada cuatrocientas urgencias pediátricas se debe a intoxicación, y en la mitad de estos casos los fármacos son los responsables de la visita al hospital. Son datos señalados por la Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria (SEPEAP), y se estima que la gran mayoría en edad pediátrica ocurre en menores de cuatro años.
Si alguna vez os ocurre, debéis contar al pediatra que atienda a vuestro niño: de qué producto se trata, qué cantidad ha ingerido y cuánto tiempo ha transcurrido tras la ingesta. ¿Por qué un niño pequeño se lleva a la boca cápsulas, comprimidos u otros? Porque están a su alcance; hablamos de un problema de prevención en casa.
Y si nuestro descuido facilita el acceso al medicamento, por parte de los niños el motivo que les lleva a probar puede ir desde creer que son golosinas, hasta curiosidad, despendiendo de la edad
No obstante, las intoxicaciones farmacológicas no aumentan de forma global, aunque sí lo hace el registro y la comunicación de los casos. Esto sugiere que hay más familias que detectan la situación a tiempo o consultan sin demora. Los pediatras consideran que esta problemática es menos frecuente que antes y, además, se conocen y registran mejor los accidentes.
Los medicamentos no son un juego

Los medicamentos deben administrarse según prescripción profesional y supervisión adulta. Cualquier fármaco puede causar efectos inesperados, especialmente en niños si lo toman por su cuenta o reciben una dosis errónea.
La normativa de composición y envasado ha mejorado y los sistemas de información epidemiológica son más robustos, pero queda trabajo en los hogares. La prevención doméstica es la barrera decisiva: si no hay acceso, no hay ingesta.
Si tus hijos no pueden acceder a los fármacos, tienes el problema resuelto
Si no los ven ni alcanzan (recuerda: fuera de la vista y del alcance), no se los meterán en la boca. Es cierto que hay niños más curiosos, pero si la sustancia está inaccesible, ganas tiempo para detectar la situación y actuar.
Estamos hablando de niños pequeños, cuando crecen disminuye la conducta exploratoria. ¿Qué puedes hacer tú? Es fácil, verás:
- No digas que son golosinas para que tome un medicamento: fomenta confusiones futuras.
- Guarda todos los fármacos bajo llave y, si es posible, en armarios altos.
- Verifica otros domicilios donde el niño pasa tiempo (abuelos, tíos, cuidadores): que no haya medicamentos accesibles.
- Recoge y guarda tu medicación tras su uso. Incluye vitaminas, colutorios y desinfectantes.
- El envase cerrado no garantiza seguridad: muchos niños consiguen abrir tapones difíciles.
- Mantén los fármacos en su envase original con prospecto y dosificador.
- Evita medicar a oscuras o con prisas; confirma nombre, concentración y dosis.
- Usa siempre dispositivos de dosificación (jeringas orales) y no cucharas caseras.
- No tomes medicación delante del niño para evitar imitaciones.
Recuerda: no siempre es porque los niños los toman sin permiso

La base del problema suele ser un descuido o exceso de confianza del adulto; pero no siempre hay ingesta intencionada del menor. Muchos casos se deben a errores de dosificación o confusiones.
- Guardar frascos/blísters en cajas no originales facilita errores al administrar.
- Garantiza buena iluminación al medir dosis. Un error de mililitros puede ser relevante.
- Comprueba concentración de la solución (ej. distintas presentaciones de paracetamol o ibuprofeno).
- Evita duplicidades de principio activo en jarabes anticatarrales combinados.
Aquí publicábamos consejos tras una posible intoxicación en niños. Además de acudir a Urgencias, llama al Instituto Nacional de Toxicología 91 562 04 20 y al 112 si hay síntomas o dudas.
Qué ven los pediatras en Urgencias: clasificación rápida y gravedad
Las intoxicaciones suponen alrededor del 0,3% de las consultas en Urgencias Pediátricas. Los preescolares concentran la mayoría de los casos, fundamentalmente accidentales en el domicilio y por un solo fármaco. En adolescentes, predominan ingestas múltiples, más graves, a menudo con fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central.
Entre un 5-10% de las intoxicaciones pediátricas pueden ser potencialmente graves, sobre todo si implican sustancias altamente tóxicas o dosis elevadas. Los fármacos causan más de la mitad de las intoxicaciones infantiles.
Actuación inicial en Urgencias: ABCD y anamnesis clave
La estabilización sigue la secuencia ABCD: vía aérea (abrir y aspirar secreciones), ventilación (oxígeno y, si precisa, intubación), circulación (vía venosa, pulsos, tensión arterial) y valoración neurológica (nivel de conciencia, pupilas, glucemia). Si se sospechan opioides o benzodiacepinas, se valoran antídotos específicos por personal sanitario.
La anamnesis dirigida confirma las tres preguntas básicas: qué fármaco, cantidad máxima posible y tiempo desde la ingesta. Cuando no se conoce la cifra exacta, se asume la dosis máxima plausible por envases o volumen faltante.
Descontaminación intestinal: el papel del carbón activado
El carbón activado es el pilar de la descontaminación gastrointestinal en Pediatría. Adsorbe el tóxico en el intestino, favorece la “diálisis” intestinal y bloquea la reabsorción enterohepática.
- Tiempo: mayor eficacia si se administra en la primera hora. Puede considerarse más tarde en fármacos que enlentecen el vaciado gástrico (anticolinérgicos, opiáceos, salicilatos).
- Eficacia amplia: útil en la mayoría de fármacos, salvo hierro y litio.
- Dosis orientativas: 0,5–1 g/kg en menores de 14 años (máx. 25–50 g) y 50–100 g en adolescentes, por vía oral o sonda.
- Preparación: puede diluirse en agua o mezclar 1:1 con zumo o bebidas de cola. No con leche, yogur o cereales (disminuye adsorción).
- Precauciones: contraindicado si hay vía aérea no protegida y disminución del nivel de conciencia, o obstrucción/disfunción gastrointestinal. Efectos adversos infrecuentes: vómitos (si son precoces se puede repetir 0,5 g/kg), aspiración (muy rara) y complicaciones por sonda.
Lavado gástrico: cuándo tiene sentido
Es una técnica excepcional, indicada solo ante tóxicos potencialmente letales, no adsorbibles por carbón y en la última hora. Recupera menos sustancia que el carbón, por lo que suele combinarse con carbón activado posteriormente cuando aplica.
Fármacos más implicados y por qué preocupan
Paracetamol: causa frecuente en niños pequeños por errores de dosificación y en adolescentes por ingesta voluntaria. Puede producir daño hepático. Dosis potencialmente tóxicas (aprox.): ≥75 mg/kg en lactantes pequeños o pacientes con factores de riesgo (desnutrición, hepatopatía) y ≥150–200 mg/kg en mayores, según la edad. La clínica progresa en fases (inicial asintomática o con náuseas, fase de alteración analítica y, si progresa, fase de lesión hepática). En Urgencias se valora con niveles plasmáticos a las 4 horas y, si hay riesgo, se emplea N-acetilcisteína (antídoto) en pauta hospitalaria.
Anticatarrales (combinan antihistamínicos, descongestivos, antitusígenos, mucolíticos): los antihistamínicos de primera generación pueden provocar somnolencia, agitación y síndrome anticolinérgico; los de segunda generación, alteraciones del ritmo. Los descongestivos adrenérgicos se asocian a hipertensión y arritmias; los antitusígenos con actividad opioide deprimen conciencia y respiración, y el dextrometorfano puede causar alucinaciones o convulsiones en dosis altas. Manejo sintomático y carbón activado si procede; naloxona solo en depresión respiratoria por opioides.
Psicofármacos: las benzodiacepinas suelen cursar con ataxia y somnolencia; el flumazenilo es antídoto con indicaciones estrictas y contraindicado si hay riesgo de convulsiones o coingesta de tricíclicos. Los antidepresivos tricíclicos son potencialmente muy tóxicos (arritmias, alteraciones neurológicas) y requieren monitorización cardiaca y bicarbonato en QRS ancho; los ISRS pueden desencadenar síndrome serotoninérgico que precisa manejo específico.
Existen fármacos altamente tóxicos en dosis mínimas (p. ej., tricíclicos, neurolépticos, antimaláricos, antiarrítmicos, bloqueantes de calcio, opioides potentes, hipoglucemiantes orales). Ante sospecha, la derivación a hospital debe ser inmediata.
El papel de Atención Primaria y cuándo acudir
La función clave en Atención Primaria es la prevención: educación familiar, revisión de pautas y dispositivos de dosificación, retirada de medicación sobrante y comprobación de presentaciones y concentraciones. En la atención inicial, la descontaminación precoz (carbón activado, si procede) es determinante.
Debes acudir a un centro sanitario si el niño presenta síntomas nuevos (vómitos, somnolencia, dificultad respiratoria, mal color, dolor), si así lo indica Toxicología (91 562 04 20) o el 112, o si existen dudas que no se resuelven por teléfono. No provoques el vómito y no administres leche ni “antídotos caseros”. Si hubo contacto con ojos o piel, lava con agua abundante y cambia la ropa manchada.
Para finalizar, conviene recordar que, por detrás de los medicamentos, los productos de limpieza son una causa relevante de intoxicaciones en la infancia; y en mayores de 10 años, la ingesta voluntaria de alcohol es un problema distinto que merece abordaje específico. Un hogar seguro, una dosificación correcta y la consulta temprana ante cualquier sospecha son las mejores herramientas para minimizar riesgos y garantizar una evolución favorable.

