
Me he encontrado un artículo publicado por el diario La Razón, cuyo título “¿Cuándo debemos destetar a nuestros hijos?” me parecía algo confuso; pues si bien el destete se produce en un momento u otro (y además son mentira los augurios de que el niño o la niña se irán colgados de la teta a la Universidad ), expresarlo en forma de ‘DEBER’ no me parece adecuado, porque es más bien una negociación, una decisión, un acuerdo entre ambas partes.
Quiero decir que hablar de obligaciones en cuestiones de lactancia materna está un poco feo, pero seguimos porque el tema principal que quiero exponer, aunque está relacionado con el destete, es más profundo que la introducción de arriba. Se desarrollan dos ideas que no deberían estar tan conectadas como la entrada pretende, a saber: la introducción de la alimentación complementaria y el destete. Porque sí, empezar a darle sólidos al bebé es algo que sucede, pero aunque por ello la producción de leche pueda reducirse, no tiene por qué acabar en un destete inmediato ni forzado, ni mucho menos “debería” hacerlo.
He de decir que se basa el redactor del diario mencionado en una revista científica llamada New Scientist, que a su vez menciona varios estudios en el sentido de que retrasar la edad de inicio en la alimentación con sólidos podría estar relacionada con el desarrollo de alergias, pero resulta que se refieren a la introducción antes de los seis meses. También mencionan un tema que quizás deberíamos desarrollar otro día y es la preocupación de que los bebés alimentados solo con leche materna pudieran sufrir carencias de hierro.
Sin embargo, aquí ya apuntábamos tímidamente que después del parto, los bebés lactantes cuentan con reservas suficientes de hierro para unos meses; esto lo explica el pediatra Carlos González aquí, cuando afirma que “se calcula que esas reservas se agotan entre los 6 y los 12 meses”, edad en la que sí que nos deberíamos asegurar de que el bebé come alimentos ricos en hierro como carnes, legumbres o cereales fortificados.
Lactancia materna, ¿hasta cuándo?
Hasta los 6 meses en exclusiva y hasta los 24 meses o más junto con la alimentación complementaria, según la Asociación Española de Pediatría esto es un “patrón de oro”; y hay otras organizaciones internacionales que coinciden con la información. New Scientist elaboraba la recomendación de administrar prematuramente alimentación complementaria basándose parcialmente en ese interés que suelen tener los bebés por la comida de sus hermanos y padres. Eso es verdad, pero demorar hasta los 6 meses, o incluso darles a probar alguna verdura o fruta (cocidas y aplastadas) hacia los 5 y medio, es posible y compatible con un buen estado nutricional.
A partir de los 6 meses es conveniente dar el pecho antes de que coman el otro alimento, porque la leche (materna o de fórmula) sigue siendo el alimento principal durante muchos meses. Yo recomiendo releer este post nuestro, seguro que os aclara muchas dudas. Por otra parte, la recomendación de alimentos que potencialmente podrían ser alergénicos (como los frutos secos) antes de los 6 meses se me antoja muy osada, y creo que una hipotética evitación de alergias no la justifica. Además ya hablábamos aquí que la introducción antes de los 6 meses de alimentos con gluten no modifica el riesgo de desarrollar celiaquía.
Es importante entender que, según las recomendaciones internacionales, la leche sigue siendo el eje de la alimentación hasta alrededor del año. La alimentación complementaria se llama así precisamente porque complementa la leche, no la sustituye de golpe. Mantener tomas frecuentes favorece el aporte de energía, nutrientes y factores inmunitarios, y también sostiene el vínculo emocional.
Por eso, cuando se habla de “destetar para que coma mejor” suele haber un malentendido de base: muchos bebés comen pequeñas cantidades de sólidos durante meses y esto entra dentro de la normalidad. No es necesario retirar el pecho para que aprendan a comer; de hecho, seguir mamando puede ayudarles a explorar sabores nuevos con más seguridad.

Qué es el destete y tipos de destete
En sentido amplio, el destete es el proceso mediante el cual se va dando por finalizada la lactancia. Igual que la lactancia tiene una evolución, el destete también la tiene, con ritmos y matices muy diferentes en cada familia. No es un momento puntual, sino una etapa que puede durar semanas, meses o incluso años.
Se pueden distinguir varios tipos de destete según quién lo inicia y cómo se desarrolla. Conocerlos ayuda a poner nombre a lo que está ocurriendo y a tomar decisiones mejor informadas.
- Destete natural: es aquel que se produce sin intervenir activamente en el cese de la lactancia. El niño va reduciendo progresivamente las tomas hasta que deja de pedir. Suele ocurrir cuando las necesidades de succión y nutrición láctea ya están cubiertas por otros medios y, en contextos donde no se presiona para destetar pronto, puede darse en edades muy variables, a menudo entre la primera infancia y los primeros años escolares.
- Destete por la madre: la madre decide iniciar el proceso de dejar el pecho. Puede consistir en eliminar algunas tomas (por ejemplo solo las nocturnas o solo las diurnas) o en ir reduciendo todas gradualmente. Aquí es clave que el proceso sea lo más respetuoso posible con las necesidades emocionales de ambos.
- Destete por el bebé: algunos bebés parecen “dejar el pecho” de forma brusca o precoz. En edades tempranas esto no suele ser un destete verdaderamente natural, sino un signo de que algo interfiere con la lactancia: dolor al mamar, uso de tetinas que confunden la succión, introducción muy temprana de alimentación complementaria o de biberones de fórmula, cambios importantes en el entorno, etc. En estos casos conviene buscar la causa con profesionales de lactancia.
- Destete prematuro: es el que ocurre antes de que madre y bebé estén preparados, habitualmente por dificultades al inicio de la lactancia (dolor, grietas, falta de apoyo, mitos) o por indicaciones médicas poco ajustadas a la evidencia. Suele dejar un poso de frustración en la madre.
- Destete no deseado: se produce por presiones sociales, familiares o sanitarias, comentarios sobre la “edad” del niño o sobre supuestos inconvenientes de seguir amamantando. Aquí la madre siente que no está siguiendo su propio deseo, sino respondiendo a expectativas externas.
- Destete respetuoso: no es un tipo aparte, sino una forma de gestionar el proceso. Implica escuchar las señales del bebé, respetar los tiempos de ambos, explicar lo que ocurre si el niño ya entiende, ofrecer sustitutos de consuelo (contacto, brazos, juego) y evitar cambios bruscos siempre que sea posible.
¿Cuándo está preparado el bebé para tomar alimentos sólidos?
Además de tener en cuenta las recomendaciones mencionadas sobre la edad, es fundamental observar si el bebé muestra señales de preparación. Las principales son:
- Edad cercana a los 6 meses: hasta entonces, leche materna o de fórmula cubre sus necesidades. Empezar mucho antes de esta edad aumenta el riesgo de problemas digestivos y no mejora su crecimiento.
- Control de la cabeza y del tronco: el bebé debe ser capaz de mantener la cabeza erguida y sentarse, al menos con algo de apoyo. Esto reduce el riesgo de atragantamientos y facilita la deglución.
- Desaparición del reflejo de extrusión: los bebés pequeños expulsan con la lengua cualquier cosa que no sea líquido. Cuando este reflejo disminuye, ya pueden gestionar texturas más densas.
- Interés por la comida: se fija en lo que comen los adultos, intenta coger la comida con la mano, abre la boca cuando ve acercarse la cuchara o el trocito.
- Capacidad de llevar la comida a la boca: aparece la coordinación ojo-mano-boca, clave para métodos como el Baby-led Weaning.
- Se queda con hambre con la leche sola: pide mamar más a menudo o sigue mostrando señales claras de apetito tras una toma completa, siempre descartando otras causas de inquietud.
Además de estos puntos, fíjate en si tu hijo tiene interés por una comida que no sea la leche de mamá, se queda con hambre y pide mamar más a menudo, tiene intención de masticar o es capaz de sentarse. La combinación de señales es más fiable que fijarse solo en una de ellas.
Alimentación complementaria: cómo empezar y cómo seguir
Hoy en día, más que de “destete” se habla de alimentación complementaria. Y es que el objetivo no es alejar rápidamente al pequeño de la leche, sino iniciar una etapa en la que se añaden poco a poco distintos alimentos hasta completar su dieta alrededor de los primeros años de vida.
Algunos puntos clave para organizar esta etapa:
- La leche sigue en el centro: materna o de fórmula, continúa siendo el alimento principal hasta bien entrado el segundo año. Los sólidos aportan energía, hierro y otros nutrientes que empiezan a faltar, pero no sustituyen de golpe las tomas.
- Progresión de texturas: se puede comenzar con alimentos más fluidos (purés suaves, triturados) o con trozos blandos si se sigue un enfoque tipo Baby-led Weaning, siempre respetando la capacidad de masticación y deglución del niño.
- Variedad desde pronto: ya no es obligatorio seguir esquemas rígidos. Se pueden ofrecer verduras, frutas, cereales, carnes y pescados desde el inicio de la alimentación complementaria, adaptando las formas de presentación y ofreciendo cantidades pequeñas.
- Introducción gradual de posibles alérgenos: alimentos como huevo, pescado, frutos secos (siempre molidos o en crema 100 % y nunca enteros por riesgo de atragantamiento) o gluten pueden introducirse de forma progresiva a partir del momento en que el bebé esté preparado, observando la tolerancia y respetando los antecedentes familiares.
- Equilibrio nutricional: los cereales aportan hidratos de carbono, la carne, el pescado, el huevo y algunas legumbres aportan proteínas y hierro; el aceite de oliva suma grasas saludables, y frutas y verduras contribuyen con vitaminas, minerales y fibra.
Un aspecto muy práctico es la forma de presentar las porciones. Los adultos tendemos a sobreestimar lo que un bebé “debería” comer. Sin embargo, los niños sanos tienen gran capacidad de autorregular su apetito. Presionar, insistir demasiado o forzar a terminar el plato puede alterar esa regulación natural y favorecer rechazos a la hora de comer.
No hace falta añadir sal ni azúcar: los bebés perciben los sabores con mucha intensidad y no necesitan potenciadores. Evitar estos añadidos desde el inicio ayuda a construir hábitos más saludables y protege tanto sus riñones como su salud futura.
Respecto al agua, mientras la alimentación es solo láctea no se recomienda ofrecer otros líquidos. Cuando empiezan los sólidos, el agua debe estar siempre disponible y al alcance, especialmente si las comidas son consistentes. Lo ideal es agua mineral de baja mineralización o agua segura del grifo según las recomendaciones locales.
Prevención de alergias e intolerancias: cómo introducir los nuevos alimentos
Una preocupación frecuente al hablar de destete y alimentación complementaria es el riesgo de alergias e intolerancias. Lo que sabemos hoy es que, en la mayoría de los casos, no es necesario retrasar de forma excesiva la introducción de alimentos potencialmente alergénicos, siempre que se haga con prudencia y observación.
Algunas pautas generales útiles:
- Introducir un alimento nuevo cada vez, dejando entre 2 y 5 días antes de ofrecer otro distinto, especialmente al principio. Esto permite identificar más fácilmente qué alimento causa una reacción si esta aparece.
- Comenzar con pequeñas cantidades y aumentar gradualmente si se tolera bien.
- Observar la aparición de síntomas como enrojecimiento alrededor de la boca, ronchas, vómitos, diarrea, tos, dificultad respiratoria o hinchazón de labios y párpados. Ante signos importantes, suspender el alimento y consultar de inmediato.
- Ofrecer los alimentos nuevos en las primeras horas del día, para poder reaccionar con más facilidad si hubiera alguna reacción.
- Evitar productos muy procesados y optar por alimentos básicos, frescos, que permiten identificar mejor qué se está comiendo.
Es importante distinguir entre alergia e intolerancia. En la alergia alimentaria interviene el sistema inmunitario y las reacciones pueden ser rápidas y, en algunos casos, graves. En las intolerancias, el problema está más relacionado con la digestión o el metabolismo del alimento (como en la intolerancia a la lactosa), y los síntomas suelen ser principalmente digestivos.
Si sospechas una alergia o intolerancia:
- Consulta con el pediatra o con un especialista en alergología pediátrica.
- No elimines alimentos de la dieta del niño sin una razón clara, porque las restricciones injustificadas pueden generar déficits nutricionales.
- Llevar un pequeño diario de alimentos y síntomas ayuda mucho a identificar patrones.
- En familias con antecedentes alérgicos importantes es útil planificar con el profesional la introducción de los alimentos de mayor riesgo.
¿Para cuándo el destete?
La gran pregunta suele ser esta… y la respuesta, lejos de ser un número, tiene más que ver con las personas implicadas: para cuando la madre y el bebé quieran, no teniendo relación directa con la edad de introducción de alimentación sólida. La edad de destetar puede ser muy variable, y aunque existen varios factores que influirán sobre ella (vuelta al trabajo, embarazo, cansancio materno, presión social, carácter del niño), no es conveniente que resulte una imposición externa a esta relación.
No existe una “edad ideal” para el destete basada en la ciencia; si pretendes encontrarla, te toparás con mucha opinología y prejuicios. Hoy sabemos que no hay razones médicas para recomendar dejar la leche materna a una edad concreta. Cualquier recomendación sobre un momento “óptimo” para destetar se apoya más en costumbres culturales que en necesidades reales del niño.
Creo que a estas alturas ya aceptamos todos que además de alimentar y proteger, la lactancia materna nutre las emociones y fortalece el vínculo con la pequeña criatura, incluso cuando ya tiene uno, dos o 3 años. A nadie le debería importar cuándo una mujer desteta; lo que sí es cierto es que un porcentaje elevadísimo de peques lo hacen antes de los 6 años, así que nadie se preocupe que cuando el bebé se convierta en adolescente no tendrá que llevarse a su madre consigo al instituto, eso seguro. ¿Por qué entonces renunciar a seguir amamantando si ambos lo desean?
Es importante hacerlo con tacto, explicárselo al niño si ya es mayorcito, tomar una decisión juntos cuando es posible, respetar la decisión del peque que con 2 años no quiere seguir mamando (aunque tengas amigas que dan teta a su hija de 4 años). Acepta de antemano que la madre sentirá una pérdida, y si toma una decisión muy arbitraria, ese duelo se puede seguir manifestando con el tiempo. El bebé, si es menor de 3 años, quizás no llegue a entender “por qué se le priva”; es decir, asimilará lo que ocurre, pero emocionalmente puede ser complicado.
Cuando el destete es forzoso por motivos médicos serios, separación prolongada u otras circunstancias inevitables, tanto la madre como el niño necesitan apoyo, contención y mucha cercanía física. Antes de llegar a ese punto conviene revisar bien la información, porque los medicamentos realmente incompatibles con la lactancia son pocos y las enfermedades que contraindican el amamantamiento son incluso menos.
En los destetes voluntarios, ya los inicie la madre o el niño, siempre que sea posible es preferible un proceso gradual. Reducir las tomas poco a poco permite que el pecho se adapte (menos riesgo de ingurgitación, obstrucciones o mastitis) y que el niño encuentre otras formas de consuelo y conexión sin sentirse bruscamente privado.
Podemos utilizar estrategias como:
- No ofrecer, no negar: dejar de proponer el pecho, pero no rechazarlo si el niño lo pide, para que sea él quien vaya marcando el ritmo.
- Distracción y sustitución: anticiparse a los momentos en que suele pedir y ofrecer juegos, paseo, cuento o algo de comida o bebida si lo que tiene es hambre.
- Aplazamiento: con niños que ya comprenden, se puede negociar “ahora no, luego en casa”, acortando o espaciando tomas.
- Apoyo nocturno de otra persona: el llamado “método padre” para las tomas de noche, siempre aplicado con respeto y acompañamiento al niño.
Hay que aceptar las protestas del niño, porque tiene derecho a quejarse si le quitan algo importante para él. Ofrecerle brazos, presencia y palabras cariñosas facilita que, con el tiempo, pueda integrar ese cambio. De la misma manera, hay que respetar la decisión de la madre, sean cuales sean sus razones, porque amamantar es cosa de dos y ninguno debería sentir que la lactancia se ha convertido en un sacrificio insoportable.
La producción de leche disminuirá a medida que desciende la succión, pero la calidad de la leche que queda sigue siendo excelente, con concentraciones muy valiosas de proteínas, grasas y factores inmunitarios. No existe ese momento mágico en el que “la leche deja de alimentar”; lo que cambia es el papel que ocupa en el conjunto de la dieta.
En la práctica diaria, ayuda mucho separar mentalmente los conceptos: la introducción de la alimentación complementaria no implica que “se deba” producir el destete, ni inmediato ni a corto plazo. Se puede iniciar y desarrollar una alimentación sólida variada, flexible y rica, manteniendo la lactancia tanto tiempo como madre y bebé deseen, sin que una cosa anule a la otra.
La etapa en la que coinciden pecho y alimentos sólidos puede ser una de las más ricas en descubrimientos, autonomía y conexión entre madre e hijo; acompañarla con información rigurosa, sin prisas injustificadas y con respeto a los tiempos de ambos suele traducirse en menos conflictos, menos culpas y una relación más serena con la comida y con el propio cuerpo, tanto para el pequeño como para la madre.
Imágenes — Carolyne Dubé, bradleygee.




