Jugar para aprender

El juego es una actividad que el niño desempeña habitualmente de manera espontánea, simplemente porque le resulta agradable.

Sin embargo, más allá de la sensación placentera de este ejercicio, el juego cumple un papel estimulador en el campo del aprendizaje y se consolida como puente en cuanto a las relaciones interpersonales y con el medio circundante.

El niño cuando juega, adquiere inconscientemente nociones de forma, espacio, tiempo, cantidad, ordinaria, etc.

A su vez, a través del juego conoce sus capacidades y limitaciones. Se vincula con el mundo  que lo rodea  y consigo mismo, establece relaciones entre acciones realizadas en el pasado y nuevas experiencias. Observa, examina, evalúa.

El adulto debe incentivar al niño a jugar. Siempre se recomiendan aquellos juegos en los que el infante deba crear, planear, imaginar. También se sugieren juegos donde se desplieguen destrezas motoras, como por ejemplo correr, saltar, o simplemente encastrar, hacer puntería,  etc.

Cuando el juego se lleva a cabo con ayuda o en presencia de un adulto, además sirve para estrechar lazos afectivos entre ellos. Por esta razón se sugiere que en los momentos lúdicos del menor, intervenga algún adulto.

Los juegos de roles, ayudarán al niño a establecer relaciones con otros. Dichas relaciones serán fundamentales en su inserción y desarrollo en futuros grupos sociales, como por ejemplo la escuela o el club.

De acuerdo a la edad de los niños deberán irse graduando las actividades propuestas, pero desde recién nacido el bebé puede ser felizmente estimulado por el juego.

Fuente: educa peques


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