La amniocentesis

La amniocentesis

Durante el embarazo hay muchos miedos sobre si el bebé nacerá bien o si tendrá algún tipo de enfermedad o deficiencia, es por eso por lo que hay una serie de pruebas que se realizan antes y después de dar a luz para asegurarse de que el bebé está en buenas condiciones. 

Una de las pruebas es la Amniocentesis que confirma el diagnóstico de trastornos genéticos como el Síndrome de Down o la Espina Bífida. Enfermedades que la gran mayoría de los padres quieren saber si poseerán sus hijos o no. Esta prueba tiene un índice mínimo de aborto pero es recomendable realizarla solo a embarazadas que tengan indicios de poder tener un hijo con estas características como que tengan en las pruebas de cribado ( análisis de sangre a la madre y ecografía del bebé) un alto índice de que el hijo pueda tener Síndrome de Down. 

La amniocentesis se práctica en torno a la semana dieciséis después del último periodo menstrual aunque hay centros médicos donde se realizan antes, en las semanas once o catorce aunque existe un riesgo más alto de producir aborto. Consiste en la extracción de una pequeña muestra del líquido amniótico que rodea al feto mediante la introducción de una fina aguja por el abdomen de la madre.

Primeramente el médico se asegura bien de la zona donde va a intervenir mediante ultrasonidos para saber bien donde se encuentra la placenta para luego limpiar bien la zona. Introduce una fina aguja a través del abdomen hasta llegar al útero y una vez colocada bien pasa a extraer una muestra del líquido amniótico y para asegurarse de que todo ha salido bien comprueba los latidos del corazón del bebé.

Una vez realizada la amniocentesis se recomienda a las madres descansar durante unas horas y que no hagan ningún tipo de esfuerzo físico ya que algunas veces se puede sufrir una perdida de líquido o alguna molestia.

 


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