La estimulación temprana (parte II)

Estímulo por la mirada
Si el sentido de la vista se va desarrollando muy despacio desde el nacimiento del bebé, a mirar se aprende. De allí que, además de estimular su campo visual, acercándose a su carita, dirigiéndose siempre de frente o presentándole objetos de colores llamativos, es importante entrenar su capacidad de mirar. De eso dependerán en buena medida habilidades
escolares como la atención y la lectura. Aproximadamente la mitad del tejido neuronal está dedicado a la visión.

Este sentido proporciona al cerebro casi el 80% de lo que conoce. Por ello es central estimular a nuestro hijo en la distinción entre luces y sombras, en el reconocimiento de los colores, de las formas y de los movimientos.

De todos modos, recordemos enseñarle a mirar sin abrumarlo. Se trata de despertar su interés, no de obligarlo a que preste atención.

Estímulo por el olfato y por el gusto
El sentido del olfato se asocia con sensaciones, emociones y recuerdos. Eso explica por qué el perfume de la madre tiene un efecto tan tranquilizador en el niño.

Jugar con los olores ayuda al pequeño a combinar esa información con la visual y la auditiva. Con ello le ofrecemos una gama más amplia de datos y un recuerdo de referencia. Por ejemplo, si nos habituamos a cocinar en su presencia, nuestro hijo asociará la hora de la comida con ese olor y comenzará a disfrutar con anticipación de aquello que va a ingerir.

El gusto también aporta datos al desarrollo emocional. Es muy común que un niño cierre los ojos cuando saborea algo nuevo. Está grabando datos. Resulta muy estimulante, además de divertido, proponerle a nuestro hijo que pruebe un alimento con los ojos cerrados. Esto lo llevará, de inmediato, a querer ver, tocar y oler esa comida.

Para tener en cuenta

  • Es importante que nuestro hijo viva la estimulación como un juego, que aumente su conocimiento del entorno de forma placentera.
  • Nuestro rol en el juego es de guía. No conviene intervenir excesivamente.
  • Las consignas deben ser planteadas en términos de desafío: ni tan fáciles para que las resuelva rápidamente, ni tan difíciles para que le resulten inabordables.
  • Un niño sobre estimulado no es, necesariamente, más inteligente.
  • Una buena estimulación no tiene que ver con la cantidad de actividades que se proponen sino con la actitud que el niño percibe de sus papás.
  • En el primer año de vida conviene ofrecer juguetes que sean blandos, para evitar golpes, y que no contengan piezas que sean pequeñas ya que el bebé podría tragarlas.
  • Los títeres son un buen recurso a partir del segundo año de vida. Fortalecen la comunicación, la expresión de las emociones y la creatividad.
  • No es recomendable el uso exclusivo de juguetes a pila porque le brindan al niño todo servido y la novedad se pierde al poco tiempo.
  • Muchas veces los objetos que usamos en la vida cotidiana son muchos más efi caces que los juguetes sofi sticados.
  • Ningún método de estimulación reemplaza el cariño de los padres y un buen ambiente familiar.

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