La familia: nos cobija, nos sostiene y nos hace fuertes

Como sabéis, hoy se ha venido celebrando el Día de la Familia, que aunque habitualmente es definida como conjunto de personas unidas por lazos de parentesco en uno u otro grado, puede también entenderse desde el amor, el respeto y los cuidados. No en vano hay quien considera hermanos a quienes no lo son biológicamente (ni de adopción), o hay madres que se convierten en tales por haber contraído unión con alguien que aporta hijos a la relación, etc.

Siendo la familia el primer y principal agente de socialización, y de contacto con el mundo exterior, cobran mucha importancia aspectos casi invisibles a la sociedad actual como la crianza, las redes de apoyo naturales a mamás o papás; y esto es porque de una infancia saludable y un desarrollo equilibrado, podremos esperar personas con empatía, comprometidas con el mundo y dotadas de fortaleza.

En una familia una o uno nace, o quizás se llega a la familia procedente de un proceso de acogimiento o adopción; una vez en la familia, quizás se trate de un modelo monoparental, o nuclear, y también puede que cohabiten (o al menos los progenitores residan muy cerca de) con otros miembros de familia extensa como abuelos, tíos o primos. Creo que el tamaño de la familia y la buena disposición ayudan, como también estoy convencida de que una mamá criando sola puede conseguir apoyos, quizás con un poco de esfuerzo.

Nutrición, relación y también cobijo

Como otros animales, queremos dar respuesta a funciones como la nutrición o la relación, la familia se convierte en facilitadora. Se debe proporcionar una alimentación equilibrada y nutritiva (empezando por la leche materna) a los niños para un crecimiento saludable. Por otra parte actuaremos como mediadores (o lo contrario) en la relación con el entorno, y en el desarrollo de diferentes habilidades para relacionarse más allá del grupo familiar.

Pero la familia también cobija, como hace la manada de lobos: cobija cuando llega la noche, y cobija cuando el niño es tan pequeño que no necesita aún relacionarse con otros peques; o cuando hay problemas, o cuando no hay respuesta a las emociones intensas que vivimos durante la infancia. Cobija y protege, pues las criaturas no son capaces de defenderse solas, tanto en casos más leves como un aislamiento en el parque, como en otras situaciones graves (bullying, maltrato, etc.)

Nunca sobra un poco de sostén afectivo

¿No te ha pasado nunca que creías ‘caerte’ en sentido figurado y buscabas alguien en quien apoyarte? Pues si recuerdas la sensación de angustia, y piensas en personas que aún están en pleno desarrollo en un sentido completo de la palabra, entenderás la importancia del ‘sostén’. La seguridad nos hace fuertes, el ‘desamparo’ puede que recubra más y más una coraza que nunca debió formarse.

Algunas fortalezas personales se adquieren en la familia

Como dice aquel proverbio africano: “hace falta toda una tribu para criar a un niño”, hoy en día las familias nos hemos quedado sin tribus, de hecho muchas veces ni siquiera se cuenta con la familia extensa. Sin embargo el saberse querido, el apoyo a papá y mamá que están extenuados, los diferentes modelos de comportamiento, y el amor multiplicado fortalecen a niñas y a niños.

En cualquier caso una crianza amable y equilibrada, una educación respetuosa con las necesidades infantiles y una actitud despojada de prejuicios y miedos, dará seguridad a las criaturas, y con la seguridad conseguida, será más fácil ir construyendo fortalezas que mejoren la relación con el entorno, y que permitan ofrecer la mejor versión de cada niña y cada niño, en el presente y cuando se conviertan en adultos.

Creo en la familia: sin definiciones estanco, sin etiquetas, sin clasificaciones, pero con mucho respeto… y sin olvidar que con cada bebé nace también una mamá, y al tiempo que los cuidados se dirigen al primero, la madre debe ser también cobijada y sostenida. Y creo en la familia porque es lo que nos queda antes del individualismo más feroz que no nos tenga en cuenta como seres humanos que somos.

Feliz día de la familia.

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Hace 14 años y medio conocí a mi gran maestro, dos años después llegó al mundo una persona que hace honor a su nombre (Sofia); no se parecen a los hijos de mis sueños porque son mucho mejores... Con 13 años quería ser escritora, pero a los 21 me convertía en trabajadora social... Es esta una época de muchos cambios para mí, así que tras volver a la que es mi profesión, paré de escribir, pero me lo he pensado mejor porque me apasiona comunicar y comunicarme, así que me atrevo con todo. Recientemente me he transformado tanto como las crisálidas y aunque no soy creyente, se podría decir que en lo espiritual 'he renacido' para situarme de otra forma en el mundo. Estoy ansiosa por contaros cosas.... y que me contéis.

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