
La empatía es una habilidad socioemocional clave para la vida: permite ponerse en el lugar del otro, comprender lo que siente y responder de forma respetuosa. En la infancia, su desarrollo temprano facilita mejores relaciones, menos conflictos y una autoestima más sólida.
¿Qué es la empatía y cómo funciona?
La empatía puede entenderse como la capacidad de percibir, compartir y comprender el estado emocional de otra persona. Incluye dos componentes que trabajan juntos: la empatía afectiva (responder con una emoción adecuada) y la cognitiva (comprender el estado mental del otro). También existe una dimensión de empatía intercultural, útil para respetar creencias y tradiciones distintas.
No es lo mismo empatía que simpatía. La simpatía puede quedarse en la lástima, mientras que la empatía implica validar lo que la otra persona vive sin rebajar expectativas: se puede acompañar a un niño en lo que siente y mantener límites y metas claras.

La empatía como hemos descrito en varios artículos anteriores es la capacidad que tiene el ser humano de ponerse en el lugar de otro, de sentir y pensar diferente. Muchos adultos por el motivo que sea no trasmiten esa empatía hacia los demás y es algo que se debería de trabajar.
En los niños ocurre lo mismo, muchos no tienen esa capacidad desarrollada, de ahí la importancia de fomentar en casa esa capacidad, trabajando con ellos desde pequeños, ya que es en el seno familiar donde mejor puede adquirir empatía y más tarde, cómo no, en la escuela.
Importancia de la empatía en los niños

En los niños es importante que se ayude a desarrollar esta capacidad porque en la edad adulta necesitarán cuidar a otras personas y preocuparse de otros que no sean ellos mismo. Hay que conseguir que no sean demasiado egoístas y que sepan ponerse en el lugar de otra persona, cosa que le ayudará a entender los sentimientos de los demás y a diferenciar cuándo ha podido causar algún daño a alguien sin ni siquiera darse cuenta. Gracias a esta capacidad los ayudaremos a ser mejores personas en el futuro y que sepan tratar mucho mejor a todo aquel que le rodee.
- Mejora la comunicación: escuchar de forma activa reduce malentendidos y fortalece la confianza.
- Aumenta la sintonía emocional: facilita un clima de comodidad y cercanía donde niños y adultos se sienten seguros.
- Desarrolla el carisma: conectar con las emociones del entorno refuerza la influencia positiva y las habilidades sociales.
- Disminuye la agresividad: comprender otras perspectivas reduce impulsividad y reacciones violentas.
- Favorece la aceptación social: niños empáticos suelen ser más respetados y cooperativos.
- Incrementa la satisfacción personal: ayudar a otros eleva la autoestima y reduce estrés.
A medida que crecen, los niños amplían su mirada y pueden empatizar con personas y grupos distintos a su realidad (por ejemplo, quienes viven alguna discapacidad o situaciones de vulnerabilidad), fortaleciendo su conciencia social.
Cómo fomentar la empatía en casa y en la escuela

Para poder fomentar la empatía en los pequeños debemos por ejemplo leer cuentos en familia donde sepan colocarse en el lugar de cada personaje y sepan explicar, al principio con ayuda de los padres, qué siente cada uno de ellos, si está triste, contento, cansado… Dar ejemplo es algo evidente cuando se tienen hijos, por lo tanto hemos de predicar con el ejemplo y ser nosotros los primeros en ayudar a las personas que lo necesitan, no ser egoístas, preocuparnos en los demás… Enseñarles qué tipo de sentimientos existen y hacer ver cada uno de ellos en las personas que nos rodean, incluso al ir por la calle, hará que este vaya diferenciando cada una de las emociones, dando siempre ejemplos de nuestros propios sentimientos. Otra de las cosas de las que no nos debemos olvidar, sobre todo los padres, es que no se ha de regañar nunca a un niño por expresar sus sentimientos ya que un constante regaño puede hacer que desarrollen un miedo a expresarse públicamente y causar graves problemas de socialización en el futuro, por eso cuando el niño o niña llore, que llore, si ríe, que ría… que aprenda que expresar los sentimientos y saber reconocerlos en los demás es algo muy positivo en una persona.
- Dibujos de emociones: usar caras que muestren alegría, tristeza, miedo o enfado y pedir que identifiquen y expliquen por qué podrían sentirse así.
- Juegos de roles: con disfraces o accesorios, representar papeles de familiares, amigos o docentes para ejercitar la toma de perspectiva.
- Pequeñas dramatizaciones: crear teatros breves con cuentos populares y cambiar de personaje para explorar distintas emociones.
- Lenguaje empático: usar frases como “Parece que tú…” o “Te escucho decir que…” en lugar de “Lo que tienes que hacer es…”.
Para hablar con empatía es útil recordar cuatro claves: considerar el punto de vista del niño, no juzgar antes de tiempo, comprender sus sentimientos y comunicar que le entendemos. Además, validar emociones no implica aceptar cualquier conducta; se acompaña la emoción y se orienta el comportamiento.
En el aula conviene reforzar: sensibilidad (identificar sentimientos con cuentos), escucha sincera, pensamiento flexible (evitar el todo/nada), tolerancia ante diferencias, habilidades comunicativas (expresión y lenguaje no verbal), bondad (sin prejuicios) y asertividad (expresar necesidades sin dañar).
Etapas del desarrollo empático
- Empatía global (primeros meses/años): el bebé no distingue bien entre sus estados y los de su figura de apego; imita la emoción percibida.
- Empatía egocéntrica (primeros años): diferencia lo propio de lo ajeno, pero sus respuestas se centran en lo que a él le funciona (ofrece su peluche favorito para consolar).
- Empatía con los sentimientos de los demás (niñez): reconoce emociones sencillas y, progresivamente, más complejas como la decepción.
- Empatía con la realidad del otro (adolescencia): integra que cada persona actúa según sus experiencias y circunstancias y amplía su mirada a grupos y contextos más amplios.
En todas las etapas, los niños aprenden observando: si las personas adultas muestran coherencia entre lo que dicen y hacen, los menores incorporan un modelo de relación más respetuoso y empático.
Educar la empatía desde casa y la escuela crea vínculos más seguros, reduce conflictos y potencia el bienestar emocional. Con actividades sencillas, validación afectiva y límites claros, cualquier niño puede desarrollar una mirada compasiva y habilidades sociales que le acompañarán toda la vida.

