La leche materna no solo nutre al bebé, sino que también puede influir de forma decisiva en la configuración de su microbiota intestinal durante los primeros meses de vida. Un equipo internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que la lactancia exclusiva se asocia con una menor presencia de genes de resistencia a los antibióticos en el intestino de los lactantes, un hallazgo que abre nuevas perspectivas en la lucha contra uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI.
El trabajo, publicado en la revista Cell Reports Medicine, ha analizado el denominado resistoma intestinal, es decir, el conjunto de genes que permiten a las bacterias resistir a los antimicrobianos. Los investigadores han identificado que los oligosacáridos de la leche humana (HMO), unas moléculas complejas que el bebé no digiere directamente, juegan un papel fundamental en este proceso. Estos azúcares, que constituyen el tercer componente más abundante de la composición de la leche materna, actúan como alimento selectivo para bacterias beneficiosas del género Bifidobacterium, contribuyendo a crear un ecosistema intestinal en el que los microorganismos portadores de genes de resistencia tienen más dificultades para proliferar.
Qué es el resistoma y por qué importa en la infancia
La resistencia a los antibióticos se ha convertido en una amenaza global que, según la Organización Mundial de la Salud, podría causar millones de muertes en las próximas décadas si no se toman medidas. Aunque tradicionalmente se ha asociado con el uso excesivo de estos fármacos, los genes de resistencia pueden establecerse en las bacterias intestinales desde las primeras etapas de la vida, incluso cuando el bebé no ha estado expuesto directamente a medicamentos. De ahí que los primeros meses resulten una ventana crítica para la formación de la microbiota y, con ella, del resistoma.
El estudio se ha realizado a partir de muestras fecales de 57 bebés de un mes de edad pertenecientes a la cohorte MAMI, un proyecto de la Comunitat Valenciana que realiza un seguimiento de madres e hijos desde el nacimiento hasta los seis años. Los resultados se validaron posteriormente con una cohorte independiente de Países Bajos, la LLNEXT, que incluyó datos de 199 lactantes. Esta doble verificación refuerza la solidez de las conclusiones, ya que se han observado patrones similares en poblaciones distintas.

La lactancia exclusiva como escudo natural
Los investigadores observaron que los bebés alimentados exclusivamente con leche materna presentaban una menor abundancia y diversidad de genes de resistencia antimicrobiana en comparación con aquellos que recibían otros tipos de alimentación. Esta relación se mantuvo incluso después de ajustar por otros factores como el tipo de parto, lo que sugiere que la lactancia tiene un efecto protector independiente. Según M. Carmen Collado, investigadora del CSIC en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), “la promoción de la lactancia materna parece ser una estrategia efectiva para reducir los genes de resistencia a antimicrobianos presentes en las comunidades bacterianas intestinales durante una etapa crítica”.
Otro de los hallazgos relevantes es que el tipo de parto también influye en el resistoma. Los bebés nacidos mediante cesárea mostraron diferencias en la diversidad de genes de resistencia respecto a los nacidos por parto vaginal. Sin embargo, la lactancia materna parecía amortiguar parte de este impacto, lo que subraya aún más la importancia de promover la lactancia en todos los casos, especialmente cuando la cesárea es inevitable.
El papel de los oligosacáridos y la genética materna
Una de las aportaciones más novedosas del estudio es la identificación de un vínculo directo entre los HMO y la composición del resistoma. Estas moléculas, que varían en cantidad y tipo entre las madres, están determinadas en parte por el denominado estado secretor, asociado al gen FUT2. Las madres con este perfil genético producen leche con mayores concentraciones de oligosacáridos específicos como la 2′-fucosilactosa (2’FL) y la 6′-sialilactosa (6’SL), que se asociaron con una menor presencia de genes de resistencia en el intestino del bebé.
Los niños alimentados con leche de madres secretoras mostraron una mayor presencia de bacterias beneficiosas del género Bifidobacterium, capaces de utilizar estos azúcares como fuente de energía. Como explica Anna Samarra, investigadora formada en el IATA-CSIC y actualmente en la Universidad de California, San Diego, “los primeros meses de vida representan una ventana crítica en la que la microbiota intestinal se está formando y en la que diferentes factores ambientales, como el tipo de parto o la alimentación, pueden dejar una huella duradera”. Este hallazgo pone de relieve que la genética materna condiciona la calidad de la leche y, con ella, la salud futura del lactante.

Un paso adelante frente a la resistencia antimicrobiana
El hallazgo no significa que la leche materna elimine por completo la resistencia a los antibióticos, pero sí aporta una evidencia científica de gran valor. Comprender cómo los componentes bioactivos de la leche humana modulan el ecosistema intestinal podría ayudar en el futuro a desarrollar estrategias preventivas frente a la resistencia antimicrobiana, que cada año causa la muerte de miles de personas en todo el mundo. Los autores del estudio, en el que han participado también investigadores de la Universitat de València, el Hospital Clínico Universitario de València, la Universidad de Trento, la Universidad de Chile, la Universidad de Groningen y la Universidad de California, San Diego, advierten de que todavía se necesitan estudios longitudinales más amplios para comprender con precisión los mecanismos implicados.
Lars Bode, investigador principal del Human Milk Institute de la Universidad de California, San Diego, destaca que “la genética materna, a través del estado secretor, determina el perfil de glicanos de la leche, lo que influye en la formación temprana del resistoma intestinal del lactante”. Estos resultados refuerzan la idea de que la leche materna no es solo alimento, sino un agente biológico activo capaz de moldear el microbioma del recién nacido de forma beneficiosa.
La comunidad científica considera que este tipo de investigaciones son fundamentales para entender la complejidad de la leche humana y su impacto en la salud a largo plazo. La resistencia a los antibióticos es un problema que no entiende de fronteras y que requiere soluciones innovadoras. Este descubrimiento, coordinado desde España y con colaboración internacional, sitúa a la lactancia materna como una herramienta natural y accesible para contribuir a la prevención de este fenómeno desde los primeros días de vida.
