Durante décadas, Italia fue el gran símbolo mundial de la dieta mediterránea, un modelo de alimentación basado en verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y cereales integrales que se asociaba a salud y longevidad. Sin embargo, esa imagen se ha desmoronado en los últimos años, y los datos son alarmantes: los niños italianos se encuentran entre los que presentan mayores índices de sobrepeso de Europa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El problema es especialmente grave en el sur del país, donde en algunas zonas de la región de Campania más del 40% de los niños de 8 y 9 años tienen sobrepeso.
El caso de Salvatore, un adolescente de 17 años que pesa 170 kilos y tiene dificultades para caminar, es un reflejo de esta realidad. Salvatore espera una cirugía que le cambie la vida, pero su peso es tan elevado que la operación entraña demasiados riesgos. Por eso, los médicos le han recetado una inyección de GLP-1 para reducir su apetito y ayudarle a perder peso antes de poder operarse. La demanda de intervenciones para la obesidad grave ha aumentado considerablemente en esta zona de Italia, y los especialistas advierten de que cada vez ven a pacientes más jóvenes.
La dieta mediterránea, en peligro
El doctor Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, resume el cambio alimentario con una fórmula sencilla: las «cinco P». Pizza, pasta, patatas, proteínas y pan son la base de la dieta moderna de muchos hogares italianos, según el experto, que asegura que «solo el 10% de los italianos sigue realmente la dieta mediterránea». La transformación es visible en los supermercados, llenos de productos ultraprocesados, y en las pizzerías que ofrecen porciones cargadas de patatas fritas, salchichas y aperitivos fritos.
El pediatra Roberto Berni Canani, especialista en obesidad de la Universidad Federico II de Nápoles, observa las consecuencias a diario. Ha atendido a niños de apenas 2 o 3 años que ya pesan 25 kilos, cuando el peso estándar para esa edad ronda entre 12 y 17 kilos. Lo más preocupante, señala, es que la mayoría de los padres no perciben que sus hijos tengan sobrepeso. «Acuden a la consulta por otros problemas: tos, dolor de estómago o diarrea. No se dan cuenta de que la causa es el peso del niño», afirma.
El entorno y los hábitos, claves en la obesidad infantil
Los expertos insisten en que la obesidad infantil no responde a un solo alimento, sino a la suma de pequeños hábitos diarios: bebidas azucaradas, exceso de productos calóricos, pocas verduras y una actividad física insuficiente. El entorno familiar y escolar juega un papel fundamental, y en Italia, fomentar que los niños sean más activos puede resultar sorprendentemente difícil. Muchas escuelas se ubican en antiguos palacios que nunca fueron diseñados para la educación física moderna, y los gimnasios apenas tienen espacio para que una clase se mueva.
Además, persiste un factor cultural: en algunas zonas de Italia, un niño «rellenito» y con mejillas sonrosadas sigue considerándose un niño sano. Esta percepción dificulta la detección temprana del problema. Los profesores, como Francesca Pecce, docente de una escuela primaria de Nápoles, intentan abordar el tema con las familias, pero a menudo se topan con la falta de preocupación. «En la cultura napolitana, si un niño está un poco gordito, la gente suele pensar que está sano», lamenta.
Una ley pionera y nuevas estrategias
Ante esta situación, Italia se convirtió en 2025 en el primer país del mundo en aprobar una ley nacional que reconoce la obesidad como una enfermedad crónica, progresiva y recurrente. La nueva legislación deja de tratar la obesidad como un simple resultado de malas decisiones y la reconoce como una enfermedad influida por la biología, el entorno y las circunstancias sociales. La región de Campania se ha convertido en un campo de pruebas para llevar esta filosofía a la práctica, con intervenciones ambiciosas, incluido un controvertido ensayo de una «dieta que imita el ayuno».
Los investigadores están reclutando a 300 adolescentes con sobrepeso que seguirán, durante cinco días cada tres meses, una dieta controlada de 1.100 calorías el primer día y 770 calorías los cuatro días siguientes. El objetivo es provocar un «reinicio metabólico». Sin embargo, no todos los especialistas están convencidos de que el ayuno sea el enfoque adecuado para los niños. El pediatra Berni Canani considera que la evidencia es aún demasiado limitada y teme que las dietas restrictivas puedan aumentar el riesgo de trastornos alimentarios en los adolescentes.
Mientras tanto, Salvatore espera someterse a una cirugía en verano para poder usar bañador, por primera vez en años, sin sentirse cohibido. Pero no es el único. En toda Italia, una generación de niños crece cada vez más alejada de la dieta mediterránea que en su día dio fama al país. La obesidad infantil se ha convertido en una epidemia que requiere medidas urgentes, y los expertos advierten de que, sin un cambio de hábitos y de percepción social, el problema seguirá creciendo. La ley de 2025 es un paso importante, pero queda mucho por hacer para recuperar la cultura alimentaria que hizo de Italia un referente mundial.