La placenta es el órgano a través del cual el bebé obtiene el alimento y el oxígeno que necesita para vivir y crecer en el útero. Su labor es fundamental pero muchas mujeres saben muy poco de ella más allá de los rituales y usos tradicionales que se le atribuyen. A continuación encontrarás una explicación detallada, clara y muy completa sobre cómo se forma, qué aspecto tiene, qué funciones cumple durante el embarazo y qué sucede con ella después del parto.
¿Cuándo y cómo se forma la placenta?

La placenta se forma a la vez que el embrión. Los primeros días después de la fecundación nos encontramos con un óvulo que, en su viaje a través de la trompa de Falopio, se va dividiendo en células más pequeñas en un proceso llamado segmentación. En esta fase surge la mórula y, posteriormente, el blastocisto, que es una estructura con una cavidad interna y una capa externa de células llamada trofoblasto.
Al cuarto día desde la fecundación, el óvulo dividido ya en 50 o 60 células llega al interior del útero. A partir de este momento, esas células se van a organizar: algunas formarán lo que será el embrión y otras darán lugar a la placenta y las membranas que lo rodean.
Más o menos al sexto día este pre-embrión se va a implantar, es decir, se va a fijar a la parte interna del útero y lo hará por la zona donde se han colocado las células que darán lugar a la placenta. El trofoblasto se diferencia en dos capas: el citotrofoblasto, que es la capa celular interna, y el sincitiotrofoblasto, que es una capa multinucleada externa que invade el endometrio y origina lagunas que pronto se llenan de sangre materna.
A partir del día 6 empieza la formación de la futura placenta. Hacia el día 12 ya existe lo que se llama circulación útero-placentaria, es decir, comienzan a establecerse los primeros intercambios entre la sangre materna y las vellosidades coriales fetales. Al final de la tercera semana la sangre del embrión ya fluye por la placenta primitiva gracias a la formación de las vellosidades coriales y su red de vasos sanguíneos.
Con el avance de la gestación, la placenta se va haciendo más compleja: el corion frondoso (parte fetal) desarrolla multitud de vellosidades que se introducen en los espacios llenos de sangre materna llamados lagunas o espacio intervelloso. De este modo se establece una amplia superficie de contacto que permitirá el intercambio de oxígeno, nutrientes y productos de desecho durante todo el embarazo.
¿Qué aspecto tiene la placenta?

Tiene forma de disco, un diámetro de 15 a 20 cm, grosor de 2 a 3 cm y peso (al final del embarazo) de 500 a 600 g. La zona de la placenta que está unida al útero tiene apariencia irregular, dividida en segmentos llamados cotiledones y su color recuerda al hígado debido a su rica vascularización.
La zona interna o fetal de la placenta es lisa, el cordón umbilical se une habitualmente por el centro y podemos ver los vasos sanguíneos que se ramifican desde el cordón umbilical hacia la superficie de la placenta, donde se realiza el intercambio con la madre.
Desde el punto de vista anatómico, la placenta humana es de tipo hemocorial: el tejido fetal entra en contacto directo con la sangre materna en los espacios intervellosos. Solo una delgada barrera (sincitiotrofoblasto, tejido conjuntivo y endotelio de los vasos fetales) separa ambas circulaciones, lo que facilita un intercambio muy eficiente, especialmente importante para sostener el elevado gasto energético que supone el desarrollo del cerebro fetal.
A medida que avanza el embarazo, la membrana placentaria pierde grosor y se hace más propensa a los intercambios, lo que mejora aún más el transporte de oxígeno y nutrientes, pero también hace que determinadas sustancias (como algunos fármacos o drogas) puedan atravesarla con mayor facilidad.
La placenta tiene dos caras

Cara materna: Es la zona de la placenta que queda pegada a la pared del útero. Allí se establece una red muy rica de vasos sanguíneos que son los que realizarán el intercambio de sustancias con la madre: por un lado, el bebé recibirá los nutrientes que necesita y, por otro, se librará de todas las sustancias de desecho que, de momento, no es capaz de eliminar por sí mismo.
En esta cara se encuentran estructuras que permiten la fijación firme del embrión a la pared del útero, como las vellosidades de anclaje y la decidua basal, que es la parte del endometrio transformada durante el embarazo para sostener la gestación.
Cara fetal: Es la zona en la que se ancla el cordón umbilical. Es lisa y está cubierta por una hoja de las membranas llamada amnios, donde encontramos el líquido amniótico y el bebé. Desde esta cara se observan los vasos fetales que discurren sobre la superficie como ramas de un árbol desde el punto de inserción del cordón hacia la periferia placentaria.
¿De qué está compuesta la placenta?

La placenta está compuesta por dos componentes principales: la parte fetal y la parte materna.
- La parte fetal, conocida como corion frondoso, está formada por una multitud de vellosidades coriales y es responsable de la nutrición y el intercambio de sustancias con la sangre materna a través del espacio intervelloso.
- La parte materna, denominada decidua basal, procede de la transformación de la mucosa uterina (endometrio) y es responsable de proporcionar un sitio de implantación para la vesícula gestacional y el desarrollo de la placenta.
La placenta alcanza su máximo desarrollo cuando tiene una forma de disco con aproximadamente 15 cm de diámetro y un peso de alrededor de 500 g. Está dividida en cotiledones por tabiques placentarios y contiene alrededor de 150 ml de sangre en sus espacios intervellosos. La superficie de contacto entre la sangre materna y las vellosidades coriales es enorme en relación al tamaño del órgano, lo que favorece un intercambio muy eficaz entre madre y feto.
¿Qué funciones tiene la placenta durante el embarazo?

Las funciones de la placenta son muchas más de las que imaginamos, y todas ellas son esenciales para el correcto desarrollo del embarazo y del bebé.
- Intercambio materno-fetal: La placenta actúa como filtro, permitiendo el paso de algunas moléculas e impidiendo el de otras. Sirve de vehículo para el transporte de nutrientes esenciales (glucosa, aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas, minerales) que el feto necesita para crecer. A la vez, es vital para la función respiratoria, ya que permite la llegada de oxígeno al feto y la eliminación del dióxido de carbono de su sangre.
- Nutrición del bebé: La placenta es el principal proveedor de nutrientes. A través de transportadores específicos en el trofoblasto, se transfieren glucosa, aminoácidos y lípidos desde la sangre materna hacia la fetal. Cada tipo de nutriente tiene mecanismos de transporte propios muy regulados para adaptarse a las necesidades del feto en cada etapa de la gestación.
- Eliminación de desechos: La placenta retira los productos de desecho del metabolismo fetal (como dióxido de carbono, urea o bilirrubina) y los transfiere a la circulación materna para que sean eliminados por los riñones, el hígado y los pulmones de la madre, dado que los órganos del bebé aún no están plenamente preparados para hacerlo por sí mismos.
- Intercambio de gases: Desempeña la función de “pulmón fetal”, aportando oxígeno y retirando CO2 mediante difusión simple a través de la barrera placentaria. La organización de los vasos sanguíneos en las vellosidades optimiza al máximo este proceso.
- Función inmunológica: La placenta ayuda a que el organismo materno no identifique al embrión como un cuerpo extraño, modulando la respuesta inmune local para permitir la implantación y el mantenimiento de la gestación. Además, transmite al bebé anticuerpos (principalmente IgG) de su madre frente a ciertas enfermedades, proporcionándole una inmunidad pasiva durante los primeros meses de vida.
- Función de barrera: La placenta actúa como barrera relativa, impidiendo que muchas bacterias y sustancias perjudiciales pasen hacia el bebé. Sin embargo, no es una muralla perfecta: algunos virus, fármacos, tóxicos o drogas pueden atravesarla, motivo por el cual se recomienda evitar el consumo de alcohol, tabaco y sustancias nocivas durante el embarazo.
- Función endocrina u hormonal: En la placenta se sintetizan numerosas hormonas y factores de crecimiento esenciales tanto para el metabolismo materno como fetal. Entre las más destacadas se encuentran la gonadotropina coriónica humana (hCG), la progesterona, los estrógenos y el lactógeno placentario humano (hPL), que contribuyen al mantenimiento del embarazo, el crecimiento uterino y la preparación de las mamas para la lactancia. En los primeros días tras la implantación el trofoblasto produce hCG, cuya función principal es mantener el cuerpo lúteo en el ovario para que continúe segregando progesterona; este mecanismo sostiene el embarazo hasta que, alrededor de la semana 10-12, la placenta asume la producción principal de progesterona para garantizar la continuidad de la gestación.
Además, la placenta participa en la regulación del equilibrio de líquidos y electrolitos, en el transporte de minerales como calcio y hierro necesarios para la formación ósea y la producción de glóbulos rojos del feto, y en la modulación de la presión arterial y el metabolismo de la madre para priorizar el aporte de nutrientes al bebé.
La placenta, un órgano temporal que envejece
La placenta es un órgano efímero o temporal, es decir, solo existe durante el tiempo que dura el embarazo. A medida que se acerca la fecha probable de parto, es normal que la placenta comience a mostrar signos de maduración avanzada, algo que en ocasiones se denomina de forma coloquial como “placenta envejecida”. Esto no implica necesariamente que deje de funcionar, pero sí justifica que, en embarazos prolongados, se realicen controles más exhaustivos de su funcionamiento.
A través de la ecografía Doppler se controlan las arterias umbilicales y otros vasos fetales para asegurarse de que el flujo de sangre, y por ende los nutrientes y el oxígeno, llegan adecuadamente al bebé. De esta manera se comprueba que el bebé sigue recibiendo lo que necesita para vivir en el útero, independientemente de la semana de embarazo en la que se encuentre, y se decide si conviene adelantar el parto.
Tipos de ubicación de la placenta y placenta previa

La placenta suele ubicarse en la parte superior del útero, ya sea en la pared anterior, posterior o en los laterales. Solo entre las semanas 16 a 20 puede establecerse si su posición es anormalmente baja. De ser así, se la denomina placenta de inserción baja.
La placenta previa describe la relación de la placenta con el orificio interno del cuello uterino y con el segmento uterino inferior. Este último no inicia su formación hasta bien avanzado el embarazo, por lo que antes de ese momento no puede diagnosticarse con precisión una placenta previa. Muchas placentas inicialmente bajas terminan “ascendiendo” a medida que el útero crece, fenómeno conocido como migración placentaria.
Cuando persiste una placenta previa que cubre total o parcialmente el orificio cervical, no es posible un parto vaginal seguro. En estos casos se indica la realización de una cesárea programada para evitar hemorragias importantes y otras complicaciones. Si la placenta está colocada por delante del bebé bloqueando el canal de parto, el alumbramiento vaginal resulta inviable.
Otros trastornos placentarios importantes

Existen otros trastornos relacionados con la implantación y desprendimiento de la placenta que pueden complicar el embarazo y el parto.
- Placenta accreta: La placenta penetra de forma excesiva en la pared uterina y se encuentra muy adherida a ella. Cuando se intenta separar tras el nacimiento del bebé, no se desprende con normalidad, lo que puede provocar una hemorragia peligrosa.
- Placenta increta y percreta: Son formas más graves de adherencia placentaria. La placenta invade el músculo uterino (miometrio) o incluso lo atraviesa y puede llegar a estructuras vecinas como la vejiga. En estos casos suele ser necesario realizar cirugías complejas e incluso una histerectomía para controlar la hemorragia.
- Desprendimiento de placenta: Ocurre cuando la placenta se separa de la pared uterina antes del nacimiento del bebé. Puede causar sangrado, dolor abdominal e incluso comprometer el aporte de oxígeno al feto. Requiere valoración urgente para decidir la mejor forma de finalizar el embarazo.
La detección temprana de estas alteraciones mediante ecografía y seguimiento obstétrico especializado permite planificar el parto de la forma más segura posible para la madre y el bebé.
El alumbramiento: la tercera fase del parto
Aunque esta palabra se suele utilizar para referirse al parto en general, en realidad el alumbramiento es la última fase del parto, en la que se expulsa la placenta una vez que ya ha nacido el bebé.
La placenta solo se expulsa cuando ya no es necesaria, por eso es la última en salir del cuerpo de la madre. Después del nacimiento del bebé, el útero continúa contrayéndose, de forma espontánea o con ayuda de oxitocina administrada por el personal sanitario, hasta que la placenta se desprende de la pared uterina.
En un parto vaginal, el alumbramiento puede producirse entre 10 y 30 minutos después del nacimiento, aunque en algunos casos puede tardar algo más. El profesional puede realizar un suave masaje uterino y una tracción controlada del cordón umbilical para facilitar la salida de la placenta, siempre comprobando que no queden restos en el interior, ya que eso podría provocar hemorragias o infecciones.
En caso de cesárea, será el obstetra quien extraiga la placenta manualmente del útero durante la intervención, revisando igualmente que esté íntegra.
¿Qué pasa con la placenta tras el parto?, ¿se puede reclamar?

La placenta, cuando el parto ocurre en un hospital o clínica, se considera un residuo biológico y se trata como tal, procediéndose a su tratamiento e incineración por empresas especializadas. Si el parto ocurre en casa es la familia la que decide qué hacer con la placenta.
Existe cierto vacío legal en cuanto a la posibilidad de reclamar la placenta para llevárnosla a casa y procesarla según nuestras preferencias (enterrarla, hacer recuerdos simbólicos, etc.). Si te lo has planteado, es recomendable contactar con la dirección del hospital con suficiente antelación para conocer sus protocolos internos y los trámites a seguir.
La placenta y el cordón umbilical son los que mantienen la conexión con la madre y aportan al bebé todos los nutrientes, sangre y oxígeno que necesita para respirar y desarrollarse dentro del útero. Comprender su importancia y funcionamiento ayuda a vivir el embarazo y el parto con mayor información y tranquilidad, valorando este órgano tan especial que, aunque solo exista durante unos meses, resulta decisivo para la vida del bebé.

