
«PrivaciĂ³n materna» fue el tĂtulo del trabajo que John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista britĂ¡nico, escribiĂ³ tras la Segunda Guerra Mundial a peticiĂ³n de la ONU tratando los efectos sufridos por todos aquellos/as niños/as que habĂan sido separados de sus madres. La teorĂa del apego surgirĂa a partir de este trabajo.
El apego es el vĂnculo emocional que el/la bebĂ© establece con la persona que lo cuida la mayor parte del tiempo, su figura primaria de apego. La teorĂa del apego estudia las relaciones humanas, y su tesis se basa en que la seguridad o la ansiedad de un/a niño/a estĂ¡ determinada por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su figura primaria de apego.
¿Pero quiĂ©n es la figura primaria de apego?
Es la persona que cuida al bebĂ©. Normalmente esta figura es su madre ya que es ella la que lo amamanta, lo duerme, lo calma, le canta… y la que se dedica a la crianza, tiene una baja por maternidad (y luego la amplĂa o reduce su jornada de acuerdo a sus posibilidades…), etc.
La relaciĂ³n entre el/la bebĂ© y su figura primaria de apego le otorga amor y cuidados, y tambiĂ©n seguridad y confianza. Este vĂnculo va a ser su relaciĂ³n de referencia para la creaciĂ³n de nuevas relaciones durante su vida. Es decir, la relaciĂ³n que el/la niño/a establece con principal cuidador/a configura el tipo de relaciones que establecerĂ¡ en el futuro con otros seres humanos.
A partir de esta figura, que le ofrece un amor y una seguridad incondicional, el/la bebé explora el mundo, se aleja, acumula experiencias… Y a ella vuelve para consolarse y reafirmarse ante situaciones de peligro, malestar, dolor, etc.
Apego seguro
«Un niño que sabe su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas les da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad y la alienta a valorar y continuar la relaciĂ³n». Esta es la cita mĂ¡s conocida de John Bowlby, tal vez porque es la mĂ¡s esclarecedora.
Mary Ainsworth, psicĂ³loga estadounidense que continuĂ³ desarrollando la teorĂa del apego de Bowlby, distinguiĂ³ tres tipos de apego: el apego seguro, el apego inseguro evitativo, y el apego seguro ambivalente. Margaret Mahler, pediatra y psicoanalista, añadiĂ³ un cuarto tipo de apego: el apego desorganizado o desorientado.
Cuando existe una relaciĂ³n de apego seguro entre el/la bebĂ© y la mamĂ¡, el/la bebĂ© se siente seguro estando con ella, llora si se separa de ella, y se alegra cuando se produce el reencuentro. Este tipo de apego se da cuando el/la cuidador/a siempre es sensible, accesible y estĂ¡ disponible para atender las necesidades del/de la bebĂ©.
El dolor de la separaciĂ³n
BiolĂ³gicamente, emocionalmente, el/la bebĂ© necesita estar con su madre. Los niños necesitan establecer una relaciĂ³n privilegiada con una persona, la figura primaria de apego. Como apuntaba arriba, normalmente la madre representa esta figura ya que es ella la que se suele encargar de su crianza desde su nacimiento. A partir de la relaciĂ³n con la madre, el niño extiende sus relaciones a otras figuras de apego: el padre, en primer lugar, y posteriormente otros familiares.
La separaciĂ³n de la figura de apego, si es prolongada, produce una angustia mĂ¡s o menos intensa dependiendo de la edad del niño y de la duraciĂ³n de la separaciĂ³n. En los menores de tres años, la separaciĂ³n de la madre durante unas horas condiciona sufrimiento y si dura mĂ¡s de un dĂa, claros y persistentes problemas de conducta.
Una separaciĂ³n forzosa de la madre puede tener graves consecuencias en la salud emocional del/de la bebĂ©. Descritas por Bowlby, las reacciones que surgen tras una separaciĂ³n indeseada son: dolor emocional, trastornos de la personalidad, ansiedad, ira, depresiĂ³n o alejamiento emocional.