Lactancia materna desde el primer día hasta el último: guía completa

  • Iniciar pronto la lactancia con contacto piel con piel y agarre correcto favorece la subida de la leche y la recuperación posparto.
  • Dar el pecho a demanda, observando pañales y peso del bebé, asegura una producción de leche ajustada a sus necesidades.
  • Mitos, crisis de crecimiento y huelgas de lactancia se superan con información fiable, paciencia y apoyo profesional si es necesario.
  • Lactancia prolongada y anticoncepción compatible permiten mantener el amamantamiento de forma segura, incluso con trabajo o nuevo embarazo.

Lactancia materna desde el primer día hasta el último

La lactancia materna es, posiblemente, el mayor reto con el que se encuentran muchas madres después del parto. El posparto es un momento complicado, por el cambio hormonal, el cansancio acumulado del embarazo y el parto en sí, y afrontar la lactancia supone una preocupación añadida por las dudas que genera. Además, existen numerosos mitos a su alrededor y casi siempre aparecerán personas empeñadas en darnos consejos que no siempre son acertados ni adecuados.

La OMS recomienda lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y posteriormente lactancia materna con alimentación complementaria hasta los dos años o más, mientras madre y bebé así lo deseen. Esta recomendación se mantiene estable y se ha consolidado como uno de los pilares de la salud infantil.

Lactancia materna inicio y duración

Como se prepara nuestro cuerpo

Durante el embarazo, las hormonas comienzan a preparar la mama para la producción de leche. Normalmente notamos cambios en el tamaño y la sensibilidad desde el principio, y a veces son los primeros síntomas que nos hacen sospechar que estamos embarazadas. Esta sensibilidad se debe, sobre todo, al aumento de estrógenos y progesterona, que favorecen el crecimiento de los conductos y lóbulos mamarios.

Desde el cuarto o quinto mes de embarazo fabricamos calostro, aunque no siempre nos damos cuenta. Si eres de las que nota secreción de unas gotas amarillentas o transparentes, no hace falta hacer nada especial: basta con una higiene normal y, sobre todo, nunca estrujar el pezón para sacar más calostro, porque esto puede irritar la piel y no aporta ningún beneficio.

Hacia el final del embarazo notaremos más cambios en el pecho: puede aumentar de tamaño, volverse más pesado y aparecer pequeñas venas más visibles por el aumento de riego sanguíneo. Es importante adaptar el sujetador a estos cambios. Merece la pena invertir en un sujetador específico para embarazo y lactancia, sin aros, con buena sujeción y de una talla adecuada, para evitar molestias y favorecer una buena circulación.

Todo este proceso de maduración mamaria hace que, tras el parto, el pecho esté ya preparado para producir y expulsar leche. Aun así, la producción efectiva de leche dependerá en gran medida de la succión del bebé: cuanto más mame el bebé, más leche producirá tu cuerpo.

Pecho en el embarazo y preparación para la lactancia

Primer contacto con nuestro bebé

Cuando se desprende la placenta durante el parto, comienza un cambio hormonal muy importante: disminuyen los niveles de estrógenos y progesterona, y esto permite que la prolactina y la oxitocina actúen de forma más intensa para iniciar y mantener la lactancia.

El primer contacto con nuestro hijo es fundamental. La primera hora de vida se conoce a menudo como la “hora mágica”, y lo ideal es que la pasemos piel con piel con el bebé. El resto de familiares ya tendrá tiempo de conocerle; ahora es especialmente importante que el bebé reconozca tu olor, tu voz y se mantenga calentito junto a ti.

Colócale sobre tu abdomen, ambos sin ropa en la parte superior, y deja que poco a poco busque tu pecho. Muchos bebés realizan un movimiento llamado “gateo al pecho”: se impulsan con las piernas y van avanzando hasta encontrar el pezón. No le pierdas de vista, pero no le obligues ni dejes que nadie se empeñe en introducir tu pezón en su boca a la fuerza. Cuando esté preparado, lo hará por sí mismo. Este agarre espontáneo suele favorecer una postura más eficaz y cómoda.


Disfruta de este momento y procura que haya tranquilidad a vuestro alrededor. El papá, el bebé y tú sois los imprescindibles. Este contacto piel con piel favorece la liberación de oxitocina, la llamada “hormona del amor”, que además de fortalecer el vínculo ayuda a que el útero se contraiga, reduzca el sangrado y facilite la expulsión de la placenta cuando aún no lo ha hecho.

Si el parto ha sido por cesárea o ha habido complicaciones y no puedes tener al bebé en brazos inmediatamente, es muy útil que la pareja u otra persona de confianza haga piel con piel con el recién nacido. El bebé se sentirá más seguro, caliente y acompañado hasta que tú puedas cogerle y ofrecerle el pecho. En cuanto estés en condiciones, se puede iniciar igualmente el contacto piel con piel y la primera toma.

Agarre correcto del bebé al pecho

Las tomas: frecuencia, duración y alternancia de pechos

Es importante que para dar las tomas tengamos una sistemática flexible pero clara. La recomendación actual es ofrecer el pecho a demanda, es decir, cada vez que el bebé muestre signos de hambre, sin esperar necesariamente al llanto. Estas señales incluyen que el bebé se agite, abra los ojos, gire la cabeza buscando, saque la lengua, haga ruiditos, se chupe las manos o los labios.

Durante el primer mes de vida, la mayoría de los recién nacidos necesitan alimentarse entre 8 y 12 veces al día. La leche materna se digiere fácilmente, por lo que los bebés tienen hambre con frecuencia. Además, las tomas frecuentes favorecen una buena producción de leche en las primeras semanas.

Para organizar las tomas, puedes seguir esta pauta general:

  1. Pon al bebé en el primer pecho y deja que mame todo lo que quiera. No mires el tiempo de forma obsesiva; si el bebé no se duerme y succiona eficazmente, soltará el pecho en cuanto note que no queda leche suficiente o esté saciado.

  2. Es buena idea sacar los gases en ese momento, entre un pecho y otro, no solo para que expulse el aire que ha tragado, sino también para estimularle y despertarle. Cambiarle el pañal en ese momento también suele ser muy eficaz para despertar a los bebés adormilados.

  3. Luego ofrécele el segundo pecho. Puede que lo quiera o puede que no. Si no lo quiere, no te agobies. Lo importante es que, en el conjunto del día, ambos pechos se vacíen con cierta regularidad.

  4. Empieza cada toma con el pecho con el que acabaste la toma anterior. Da igual lo que comió en ese pecho, lo importante es alternar. Por ejemplo: si esta toma empiezas por el pecho derecho, la siguiente empieza por el izquierdo, luego otra vez por el derecho y así sucesivamente.

En cuanto a la duración de las tomas, los recién nacidos pueden tardar hasta 20 minutos o más en cada pecho. Conforme van creciendo y mejoran su coordinación, pueden volverse mucho más eficaces y tardar solo 5 a 10 minutos en vaciar cada pecho. La duración dependerá también de factores como tu flujo de leche, el reflejo de eyección, el agarre del bebé o si está más adormilado o distraído.

Para calcular los intervalos entre tomas, se cuenta desde el momento en que empieza una toma hasta el inicio de la siguiente. Es decir, si tu bebé empieza a mamar a las 6 de la mañana y la siguiente toma comienza a las 8, diremos que las tomas están separadas por unas dos horas. Esto es importante cuando el pediatra te pregunte con qué frecuencia mama tu bebé.

Si ofreces ambos pechos en cada toma, es recomendable intentar hacerle eructar al cambiarle de pecho y también al final de la toma. Algunos bebés necesitan eructar más y otros menos, y esto puede variar de una toma a otra. Si tu bebé regurgita mucho, es útil hacer pausas más frecuentes para ayudarle a expulsar el aire.

Primeros días: del calostro a la subida de la leche

En su primer día de vida, el bebé generalmente está muy dormido y a veces resulta difícil de alimentar. Él también está cansado del proceso del parto. Aun así, debemos intentar que no pasen muchas horas sin que coma. Esto puede chocar con la idea de “dar de comer a demanda”, porque puede que el recién nacido tarde demasiado en pedir. En estas primeras horas se recomienda no dejarle más de tres o cuatro horas sin ofrecerle el pecho, incluso aunque no lo pida de manera clara.

Entonces, ¿cuántas tomas debe hacer un recién nacido? Según la mayoría de expertos, entre 9 y 12 tomas en 24 horas. Eso significa que puede comer cada dos o tres horas, siempre contando desde que empieza una toma hasta que empieza la siguiente. Las primeras 24 horas son de adaptación y es difícil despertarle en ocasiones, así que estimúlale con suavidad, colócale piel con piel y ten paciencia.

A partir del segundo día de vida, el bebé suele cambiar de comportamiento: se despierta más y empieza a pedir con frecuencia, a veces cada hora y media o dos horas. En este momento pueden empezar a surgir las primeras críticas a nuestro alrededor: “pide todo el rato”, “no tienes leche”, “tu leche no alimenta”. En muchas ocasiones nos recomendarán que le demos un biberón para que “aguante más”.

No te dejes convencer: en estos días tienes calostro, con todos los nutrientes y defensas que tu bebé necesita, aunque con poca grasa. Por eso el bebé pide más a menudo: esa succión frecuente favorece que “suba la leche”, es decir, que empieces a fabricar una leche de transición y luego una leche madura con el porcentaje de grasa adecuado según la edad del bebé.

El calostro actúa además como un laxante natural que ayuda a expulsar el meconio, las primeras heces negro-verdosas y pegajosas. Esto es importante para reducir el riesgo de ictericia. Aunque la cantidad sea pequeña, el calostro es muy concentrado en proteínas, vitaminas y anticuerpos.

Lactancia materna en casa primeros días

Llegamos a casa: la subida de la leche y la ingurgitación

Normalmente la llegada a casa coincide con la subida de la leche. Suele ser un momento muy delicado: por un lado, el vaivén hormonal normal tras el parto nos hace sentirnos muy vulnerables; por otro lado, surgen muchas dudas sobre nuestro hijo. La vuelta a casa se convierte fácilmente en un momento de ansiedad y preocupaciones.

Notarás que te sube la leche: es una sensación muy intensa. Suele ocurrir entre el segundo y el cuarto día después del parto. Muchas mujeres lo notan sobre todo de noche, porque la prolactina, hormona que estimula la producción de leche, aumenta sus niveles en ausencia de luz natural. Es posible que te despiertes con el pecho inflamado, duro e incluso con cierta molestia o dolor. A esto se le llama “ingurgitación mamaria” o congestión.

Al principio, el bebé puede ser incapaz de engancharse bien y vaciar un pecho por completo, porque la mama está muy tensa. Antes de ponerle al pecho, puedes darte un masaje suave y aplicar un poco de calor local (una ducha templada o una compresa caliente) para ablandar ligeramente la mama. Después, ofrécele el pecho y ten paciencia, puede que al principio le cueste un poco.

Si los pechos están muy duros y al bebé le resulta difícil agarrarse, puede ayudar sacar una pequeña cantidad de leche a mano o con sacaleches hasta que la areola esté algo más blanda. A continuación, intenta de nuevo el agarre. Amamantar con frecuencia en esta etapa es la mejor forma de evitar una congestión severa y de prevenir problemas como la mastitis.

Es frecuente que el bebé siga haciendo las tomas de forma algo desordenada y que pida más veces por la noche después de haber pasado parte del día más dormido. Es importante que os deis tiempo, que tú descanses cuando el bebé duerma y que el resto de tareas domésticas las realice otra persona en la medida de lo posible. Déjate ayudar y prioriza el descanso y la lactancia.

Con el paso de los días, la sensación de plenitud en las mamas disminuye y puede incluso desaparecer. Apenas notas la subida (a veces solo un ligero hormigueo en el pezón) y el bebé tarda menos en hacer la toma. Es muy habitual que surja la duda de si tu producción de leche es todavía adecuada. Que los pechos no estén tan llenos no significa que produzcan menos, sino que se han adaptado mejor a las necesidades del bebé.

Tranquila: la cantidad de leche que fabricas se ajusta a lo que tu bebé necesita. Si el bebé está tranquilo entre tomas, moja suficientes pañales, defeca con regularidad y gana peso de forma adecuada, todo va bien.

Prevención de mastitis e ingurgitación

Lactancia materna instaurada

Cuando la lactancia está ya instaurada, muchas madres lo viven como el mejor momento de la crianza. El bebé se vuelve muy eficaz mamando y las tomas suelen ser bastante rápidas. Poco a poco el bebé adquiere un ritmo de tomas más predecible y empieza a espaciar las tomas nocturnas, aunque seguirá despertándose para comer durante bastante tiempo, lo cual es completamente normal.

No existe una fecha fija para que los bebés alcancen esta rutina: algunos lo hacen antes del mes de vida y otros la adquieren pasados los dos meses o más. Si en las revisiones periódicas con tu pediatra o enfermera el crecimiento y la salud del bebé son adecuados, no hay motivo de preocupación. Dale tiempo y, poco a poco, se irá organizando solo.

En esta etapa, muchas madres empiezan a notar con más claridad la diferencia entre la leche del principio de la toma (más acuosa y rica en lactosa) y la leche del final (más grasa y saciante). Permitir que el bebé vacíe bien el primer pecho antes de ofrecer el segundo le ayuda a recibir toda esa leche rica en grasa que favorece una buena ganancia de peso y mayor saciedad.

En este momento también suele estar ya bien consolidado el uso o no de chupete. Si decides usarlo, es recomendable que lo introduzcas cuando la lactancia esté bien establecida, es decir, cuando el bebé se agarre bien, aumente de peso y tú te sientas cómoda. Un uso prudente del chupete puede ayudar a calmar al bebé, pero no debe sustituir tomas cuando hay hambre.

Lactancia materna instaurada

Incorporación al trabajo y mantenimiento de la lactancia

La incorporación al trabajo suele ser un momento muy delicado. Con frecuencia coincide con ese momento de lactancia ya instaurada y satisfactoria, puesto que el permiso por maternidad en muchos países es de unas 16 semanas, frente a los 6 meses de lactancia materna exclusiva que recomienda la OMS.

Mantener la lactancia después de volver al trabajo es posible, pero suele requerir un plan. Lo más habitual es organizar un destete parcial y combinar las tomas al pecho cuando estás con el bebé con leche materna extraída cuando estás ausente.

Algunas recomendaciones prácticas:

  • Unas semanas antes de volver al trabajo, puedes empezar a hacer una pequeña “despensa” de leche materna en el congelador, extrayendo leche preferentemente tras alguna toma en la que notes el pecho aún lleno.

  • En el trabajo, intenta disponer de un lugar tranquilo e higiénico para extraerte leche y de un espacio refrigerado (nevera o bolsa isotérmica con hielo) para conservarla hasta llegar a casa.

  • Mientras estás fuera, otra persona puede ofrecer la leche materna al bebé con biberón, vaso o cuchara, según la edad y lo que mejor se adapte a vuestra familia.

  • Por la mañana, tarde, noche y fines de semana, puedes seguir dando el pecho de forma directa, lo que ayuda a mantener la producción y el vínculo.

Consulta con tu matrona, pediatra o grupos de apoyo a la lactancia sobre cómo organizar las extracciones, cómo conservar la leche y qué tipo de planificación puede ajustarse mejor a tu situación laboral.

Apoyo a la lactancia materna en el trabajo

Lactancia prolongada y lactancia en tándem

Se llama lactancia prolongada cuando la lactancia se mantiene más de dos años. No solo no está contraindicada, sino que se considera beneficiosa para la salud del niño y de la madre. La leche sigue aportando defensas, nutrientes y, sobre todo, consuelo y vínculo emocional.

La duración de la lactancia es una decisión personal de las dos personas implicadas directamente en la lactancia materna: la mamá y el bebé. El momento del destete definitivo lo deciden ambos; no hay límite de tiempo establecido para lactar mientras ambas partes estén de acuerdo y la lactancia transcurra sin problemas médicos.

Es posible mantener la lactancia durante un nuevo embarazo, siempre que éste sea normal y sin complicaciones. Tras el nacimiento del siguiente bebé, algunas madres optan por realizar «lactancia en tándem», es decir, amamantar al recién nacido y al hermano mayor a la vez.

En la lactancia en tándem conviene tomar algunas precauciones:

  • Durante los primeros días, el recién nacido debe tener preferencia en las tomas para asegurar un buen aporte de calostro, que es especialmente valioso para su sistema inmunitario y digestivo.

  • Conviene observar el aumento de peso de ambos hijos con el pediatra, para asegurarse de que la producción de leche es suficiente.

  • Es importante que la madre cuide de su alimentación, su descanso y su apoyo emocional, ya que la lactancia en tándem puede ser exigente físicamente.

Lactancia materna prolongada y en tándem

Fotografía «Criar con apego», resto vía Flickr

Crisis de crecimiento

Las llamadas crisis de crecimiento son momentos críticos en los que el bebé pega un “estirón” y su organismo necesita un extra de energía y nutrientes. En estos periodos la cantidad y la composición de la leche materna debe cambiar para adaptarse a sus nuevas necesidades. La única forma que el bebé tiene de estimular el pecho para que aumente la producción es comer más veces y durante más tiempo.

Generalmente se trata de bebés que tenían ya un ritmo de tomas establecido y que, de repente, empiezan a pedir cada 30-60 minutos y lloran continuamente si no están mamando. Esta fase suele durar entre dos y cuatro días, aunque puede alargarse un poco más.

Son periodos muy agotadores para los padres, pero en cuanto la leche se adapta a lo que necesita el bebé, las tomas vuelven a organizarse. Algunas etapas típicas de aumento de demanda se sitúan alrededor de la tercera semana, entre la segunda y sexta semana, hacia los tres meses y de nuevo alrededor de los seis meses, aunque cada bebé tiene su propio ritmo y pueden aparecer en otros momentos.

Mientras el bebé no esté enfermo, moja pañales, defeca y gana peso de manera adecuada, no es necesario introducir suplementos de leche artificial. Lo que se necesita es paciencia, tiempo, y, si es posible, apoyo de la pareja y del entorno para que la madre pueda descansar y dedicarse a amamantar.

Crisis de crecimiento en lactancia

Huelgas de lactancia

Las huelgas de lactancia son periodos en los que el bebé se niega a mamar de forma repentina, a pesar de que hasta ese momento mamaba con normalidad. Ocurren con más frecuencia en bebés mayorcitos, a partir de los 3 o 4 meses.

Para los padres pueden ser momentos de gran ansiedad, porque da la sensación de que el bebé se niega, literalmente, a comer. Puede rechazar ambos pechos o solo uno, puede que no quiera agarrarse o que lo haga y suelte el pecho de golpe, llore o se arquee hacia atrás.

Las causas son muy variadas:

  • El bebé empieza a mostrar interés por lo que ve a su alrededor y se distrae con facilidad durante las tomas.

  • Puede tener algún malestar físico, como un brote dentario, una infección de boca (muget), un resfriado o dolor de oídos.

  • Puede notar un cambio de sabor de la leche, por ejemplo, si la madre ha cambiado de medicación, ha tenido fiebre o se ha quedado embarazada de nuevo.

  • Algunos bebés reaccionan a cambios en la rutina, la incorporación al trabajo de la madre, una mudanza o situaciones de estrés en el hogar.

Al igual que en las crisis de crecimiento, la clave es paciencia. Es útil ofrecer al bebé piel con piel, un ambiente tranquilo con pocos estímulos, y permitir que se acerque al pecho cuando se sienta más relajado, por ejemplo, medio dormido. Muchas huelgas se superan más fácilmente con tomas nocturnas o en penumbra.

Si sospechas alguna causa evidente (dolor, infección, fiebre, congestión nasal importante, etc.), conviene consultar con el pediatra para tratar el problema de base. Para que la producción de leche no disminuya bruscamente durante la huelga, puedes estimular el pecho con un sacaleches o extracción manual. También es recomendable consultar con tu matrona o una asesora de lactancia.

Huelga de lactancia y rechazo del pecho

Problemas frecuentes y soluciones

  • No esperes siempre al llanto: el llanto es una señal tardía de hambre. Ofrécele el pecho con frecuencia y responde a las primeras señales de búsqueda. Estimúlale suavemente para que se enganche y succione antes de que esté muy alterado.

  • Pérdida de peso inicial: todos los recién nacidos pierden algo de peso en las primeras horas o días de vida. Es un fenómeno normal mientras se mantenga dentro de los límites esperados y el pediatra no indique lo contrario. No debe asustar si el bebé se encuentra bien y empieza a recuperar peso cuando aumenta la producción de leche.

  • Heces del recién nacido: el bebé debe defecar en las primeras 24 horas de vida. Las primeras cacas son el meconio, de color muy oscuro y pegajoso, producido por el líquido amniótico y otras sustancias que el bebé ha tragado en el útero. Poco a poco su aspecto cambia, y en cuanto tengamos leche madura se vuelven amarillas y grumosas, como mostaza con pequeños gránulos. Pueden defecar en todas las tomas y eso sigue siendo normal. Lo que debe alertarnos es que un recién nacido no defeque en 24 horas o que las heces presenten sangre o un aspecto muy anómalo.

  • Pañales mojados: cambiaremos el pañal del bebé con las tomas y debemos comprobar que está mojado. Un recién nacido que no hace pis con regularidad nos puede estar indicando que no está bien hidratado. A partir del quinto día de vida, se esperan al menos cinco o seis pañales mojados cada 24 horas, con orina de color amarillo claro.

  • Succión poco eficaz: si no notamos que el niño succiona con fuerza ni le oímos tragar al comer, o bien si el agarre es muy superficial, tendremos que corregir el agarre. Si con cambios de postura no se corrige, debemos consultar con un especialista (matrona, pediatra, asesora de lactancia) que nos ayude a mejorar la técnica. A veces es suficiente con cambiar la postura para que el bebé tome más tejido de la areola y succione mejor.

  • Pecho que no se ablanda tras la toma: si no notamos que los pechos estén más blandos después de la toma (sobre todo al principio, aunque el bebé no los vacíe por completo, sí deberían ablandarse), o si el bebé no gana peso adecuadamente una vez en casa, es probable que no succione bien y coma menos de lo que necesita.

  • Mucosas secas: si observamos que el bebé tiene las mucosas (boca, lengua) secas, o la fontanela está muy hundida, debemos consultar sin demora, porque pueden ser signos de deshidratación.

  • Señales de que todo va bien: si notamos que el bebé succiona, le oímos tragar, vemos que mueve la mandíbula al comer (mirar el lóbulo de la oreja y veréis cómo se mueve al succionar), hace pis y defeca con frecuencia, ablanda el pecho en las tomas y alterna periodos de sueño con llantos para pedir comer, estamos ante un bebé sano que crecerá a su ritmo.

Posición y agarre correcto en lactancia

Cómo empezar a dar el pecho tras el parto: posiciones y agarre

El proceso de lactancia es una habilidad que se aprende, tanto para la madre como para el bebé. Lleva tiempo y práctica, así que no seas demasiado exigente contigo misma en estos primeros días.

Busca un lugar tranquilo y un sofá o butaca cómoda donde puedas tomarte tu tiempo y relajarte. Si estás tensa, la leche puede salir con más dificultad, así que intenta respirar hondo y profundo, cambiar de postura o pedir ayuda para colocar bien al bebé.

Las posiciones para dar el pecho son cruciales para una lactancia satisfactoria. Es útil informarte sobre ellas: posición tumbada de lado, cuna, balón de rugby, vertical, etc. En esta misma página puedes encontrar recursos sobre posiciones, consejos y resolución de dudas frecuentes.

Mi bebé acaba de nacer, ¿cómo empiezo a darle el pecho?


Tu bebé acaba de nacer y lo tienes encima de ti. Disfruta de ese momento tan especial, con tu bebé en brazos. No te preocupes por nada más. Si continuáis en esa posición, probablemente comenzará a “gatear” hasta acercarse a tu pecho, y puede comenzar a mamar. Si no es así, no pasa nada.

Una vez que los profesionales que están atendiendo el parto terminan su labor (alumbramiento de la placenta, revisión del periné…) y te ayudan a ponerte cómoda en la cama, es el momento de comenzar con la lactancia. Puedes mantener la postura anterior y dejar que tu bebé continúe el proceso de engancharse por sí mismo. Otra postura cómoda en este momento es tumbada de lado, con tu bebé tumbado en paralelo y enfrente de ti. Ambos debéis estar completamente de lado, “tripa con tripa”, para que tu hijo no tenga que girar la cabeza para comer.

Coloca el pezón a la altura de la nariz o del labio superior del bebé, para que, cuando realice el enganche, no flexione el cuello hacia adelante, sino que lo extienda ligeramente. Esa pequeña extensión facilita que trague la leche y que la succión sea eficaz.

En esta posición se facilita el comienzo de la lactancia ya que tu hijo está cerca del pezón. Déjale que se acerque poco a poco, oliendo el calostro y estimulando el pezón con pequeños movimientos de los labios. Puede estar así pocos o muchos minutos; no te agobies. Llegará un momento en que se enganche. Pasados unos minutos, si no lo hace solo, puedes ayudarle aproximándole desde la espalda (no desde la cabeza, para evitar un “efecto rebote”), apoyando un dedo en su barbilla para que abra más la boca.

Si aún así no lo consigues, puedes meter suavemente un dedo limpio en su boca para estimular la succión y volver a ofrecerle el pecho. Tu matrona te ayudará a comenzar la lactancia; por ello, no dudes en pedirle ayuda siempre que lo necesites.

Mi bebé ha agarrado el pecho, pero me duele. ¿Es normal? ¿Qué hago?


El dolor con la succión es frecuente en los primeros días, pero no es normal que sea intenso ni que se prolongue. La lactancia materna puede resultar molesta o “rara” al principio, pero no debería ser dolorosa de forma constante. Si duele, es una señal de que algo en el agarre o la postura no es correcto y, por tanto, la succión puede ser menos eficaz.

Con frecuencia el dolor aparece porque el bebé no ha abierto la boca lo suficiente y realiza la succión casi solo sobre el pezón, en lugar de abarcar parte importante de la areola. Esto provoca lesiones (grietas) y no estimula bien los conductos de la leche, lo que dificulta la subida y el vaciado del pecho.

La succión eficaz se produce cuando el bebé toma pezón y areola. Debajo de la areola se encuentran la mayoría de los conductos, y al estimularlos el calostro y luego la leche comienzan a salir con más facilidad. Es normal que el bebé introduzca más areola en la parte del labio inferior que en la del superior, adoptando una posición ligeramente asimétrica.

Si duele, hay que corregir la postura de enganche las veces que sea necesario. No despegues a tu bebé tirando del cuerpo mientras está succionando, porque estiraría el pezón y provocaría más dolor. Introduce un dedo limpio por la comisura de su boca para romper el vacío y retíralo entonces. Después, comienza de nuevo, estimulando su mejilla con el pezón y permitiendo que busque y se enganche cuando abra bien la boca.

¿Tengo leche cuando mi bebé acaba de nacer?


El calostro está presente en el pecho desde aproximadamente el séptimo mes de embarazo. Por ello, cuando tu hijo nace, ya hay leche en el pecho. El calostro es la leche de los primeros días, exactamente lo que tu bebé necesita en ese momento: le proporciona defensas (inmunoglobulinas), proteínas, vitaminas y facilita la expulsión del meconio.

Poco a poco, con la succión frecuente, se estimula la producción, aumenta la cantidad y se produce la subida de la leche, que es el paso del calostro a la leche de transición y luego a la leche madura. Durante el embarazo el pecho madura por efecto de las hormonas y produce calostro, pero tras el parto se produce un cambio hormonal que favorece la lactancia. Aun así, para que la leche se produzca en cantidad suficiente es necesario que el bebé mame a menudo.

Con la succión, el bebé estimula la liberación de oxitocina (que hace que la leche salga al exterior) y de prolactina (que asegura la producción de nueva leche). La succión frecuente, sobre todo en las primeras semanas, es el mecanismo más importante para regular la producción de leche, por lo que iniciar la lactancia de forma precoz y frecuente favorece mucho su éxito.

Para qué sirve la oxitocina

  • La oxitocina se libera por el estímulo del pezón pero también por otros estímulos sensoriales, como ver al bebé, escucharle llorar o durante el orgasmo. Por eso, puede salir leche entre tomas y puede ser necesario utilizar discos absorbentes.

  • En el posparto, la oxitocina también hace que el útero se contraiga, lo que reduce el sangrado. Estas contracciones se llaman entuertos. Con la lactancia materna, al producir más oxitocina, los entuertos pueden ser más intensos, pero el sangrado es menor y se favorece la recuperación de la madre.

Para qué sirve la prolactina

La prolactina se segrega en pulsos en respuesta a diversos estímulos, siendo el más eficaz la succión del bebé. También está influida por los ritmos circadianos, con mayor secreción durante la noche. Por ello, la subida de la leche suele darse con frecuencia en horas nocturnas y las tomas nocturnas frecuentes ayudan a mantener una producción abundante.

¿Puedo dar el pecho después de una cesárea?


  • Si tu bebé ha nacido mediante cesárea, también puedes conseguir una lactancia materna satisfactoria. Cada vez más centros intentan que, tras la intervención, la madre y el recién nacido estén el menor tiempo posible separados. Una vez juntos y la madre recuperada, lo ideal es iniciar el contacto piel con piel y la lactancia lo antes posible.

  • Busca la postura más cómoda para ti: por ejemplo, tumbada de lado con el bebé a tu lado sobre una almohada, para no tener que girarte demasiado, o en posición de balón de rugby, colocando al bebé a tu costado.

  • No dudes en pedir analgésicos si los necesitas; el dolor no debería ser un obstáculo para dar el pecho y es importante que estés cómoda.

  • La subida de la leche puede retrasarse ligeramente al haberse iniciado las tomas horas después del nacimiento, pero realizando tomas frecuentes, el bebé estará alimentado con el calostro hasta la subida. Esta suele ocurrir, en muchos casos, hacia el cuarto día de vida, aunque cada cuerpo tiene su ritmo.

Lactancia materna tras cesárea y en múltiples

Anticoncepción durante la lactancia

La elección del método anticonceptivo después del parto debe realizarse de forma que no perjudique a la madre ni al lactante y que no interfiera con la lactancia.

Entre los métodos naturales, el MELA (Método de la Lactancia y la Amenorrea) es uno de los más eficaces si se utiliza de forma correcta, con una efectividad cercana al 98% en condiciones óptimas. Para que sea válido deben cumplirse todas estas condiciones:

  • Lactancia exclusiva o casi exclusiva (sin tomas regulares de fórmula ni largos intervalos sin mamar).

  • Tomas frecuentes día y noche, sin largos periodos de más de 4-6 horas sin succión.

  • No haberse reanudado la menstruación.

  • Bebé menor de seis meses.

Entre los métodos de barrera, el preservativo es una opción ideal para el posparto y la lactancia, ya que no afecta a la producción de leche ni a su composición. Los espermicidas pueden utilizarse, pero siempre asociados a otro método de barrera para aumentar su eficacia.

En cuanto a los anticonceptivos hormonales:

  • Se desaconsejan, en general, los que contienen estrógenos y progesterona combinadas durante la lactancia, porque los estrógenos pueden disminuir la producción de leche, sobre todo en las primeras semanas.

  • Los anticonceptivos solo con progesterona (píldora de solo gestágeno, implantes, algunos inyectables) son los de elección durante la lactancia, ya que no suelen afectar de forma significativa a la cantidad ni a la calidad de la leche cuando se indican correctamente.

  • También puede utilizarse la píldora postcoital basada solo en progesterona como anticoncepción de emergencia, cuando sea necesario, sin que esté contraindicada por la lactancia.

El DIU, tanto el de cobre como algunos tipos hormonales, se considera compatible con la lactancia. Generalmente se recomienda su colocación pasadas unas semanas del parto, una vez que el útero ha recuperado tamaño y tono, salvo protocolos específicos de inserción inmediata.

En cualquier caso, es fundamental consultar con tu ginecólogo o matrona para elegir el método más adecuado según tu historia clínica, tus preferencias y el momento del posparto.

Anticonceptivos durante la lactancia

Comité de Lactancia Materna
José Manuel Martín Morales

La lactancia materna es un viaje que comienza en la primera hora de vida y puede acompañar a tu hijo durante meses o años, lleno de cambios, dudas y aprendizajes; contar con buena información, apoyo profesional y emocional y confiar en tu capacidad te ayudará a disfrutar de cada etapa, desde el primer día hasta el último.