Lactancia materna, elixir de salud

lactancia materna

La lactancia materna es buena para el bebé y también para la madre. Los estudios e investigaciones de las últimas décadas así lo demuestran y la lista de beneficios que garantiza la leche materna sigue creciendo.

Ese tipos de lactancia le asegura a su bebé el alimento específico de los humanos y lo protege de diversas dolencias y enfermedades en los años de crecimiento.

Lactancia materna, un escudo contra las infecciones

La lactancia materna protege al bebé contra las infecciones de dos maneras: aportándole valiosos anticuerpos y favoreciendo la maduración de su sistema inmunológico, La leche materna es rica en anticuerpos y sustancias que defienden al bebé de virus y bacterias, como la lactoferrina que favorece la correcta absorción del hierro y la lisozima que protege las mucosas de gérmenes patógenos.

Al mismo tiempo, los glóbulos blancos presentes en la lactancia materna general la producción de anticuerpos por parte del cuerpo del niño. Es como si, a través de la leche, el sistema inmunitario de la madre ‘enseñara’ cómo funcionar al aún inmaduro del bebé. El niño amamantado está, por tanto, menos expuesto al riesgo de enfermedades respiratorias agudas (que afectan a los bronquios y los pulmones) e infecciones de oído. No sólo eso, además de enfermarse menos, cuando contraen una infección, los bebés amamantados se ven afectados de forma más leve y se recuperan más rápidamente. Y eso de debe al hecho de que el seno es capaz de producir anticuerpos ‘específicos’.

Calostro, un concentrado de anticuerpos

Al nacer, el bebé recibe un suministro de anticuerpos que la madre le ha transmitido a través de la placenta. Para asegurar la continuación de esta protección y favorecer el desarrollo del sistema inmunitario del niño se encuentra el calostro. El calostro es la leche de los primeros días de vida, que es un verdadero concentrado de anticuerpos y debe ser considerado, especialmente para los bebés prematuros, como un «fármaco que salva vidas». Se considera como tal porque protege contra muchas infecciones peligrosas, como la sepsis, una infección grave de la sangre, o la enterocolitis necrosante, complicaciones frecuentes en los bebés que nacen muy prematuramente. No porque sea un fármaco en sí, es una forma de hablar.

Una panacea contra las infecciones gastrointestinales

Además de proporcionar al bebé los anticuerpos que lo defienden de los virus que causan infecciones gastrointestinales, la leche materna favorece el crecimiento y la maduración de las mucosas intestinales y contiene sustancias concretas que, al revestir las paredes del intestino, las hacen menos vulnerables a bacterias y agentes extraños. Además, en caso de infección, si el bebé sufre diarrea y/o vómitos, la leche materna es el alimento más adecuado para rehidratarlo y alimentarlo y, si el bebé tiene más de seis meses, le ayuda a tolerar mejor los alimentos sólidos.

La lactancia materna reduce el riesgo de enfermedades crónicas

La leche materna también tiene una función protectora frente a enfermedades congénitas (metabólicas y de malabsorción) y autoinmunes, como la diabetes mellitus insulinodependiente. Algunos estudios incluso muestran una mayor protección contra la artritis crónica juvenil. Según estos estudios, la lactancia materna (sobre todo si es exclusiva en los primeros seis meses de vida) retrasa la manifestación de estas patologías y/o atenúa los síntomas.

Previene problemas de ortodoncia

La lactancia materna, gracias a la actividad de los músculos de las mejillas implicados en la succión, favorece el correcto desarrollo facial y reduce el riesgo de problemas de ortodoncia y pronunciación durante la infancia.

Ayuda a evitar el sobrepeso y la obesidad

La leche materna protege contra el sobrepeso y la obesidad en la infancia, un problema muy actual. Cuanto más tiempo se amamanta al bebé, menor es el riesgo de tener que lidiar con problemas de sobrepeso en la infancia y en la vida adulta. Protección garantizada por la composición perfectamente equilibrada de la leche, pero también por la función educativa de las tomas: la lactancia a demanda acostumbra al bebé a la autorregulación, a comer sólo cuando tiene hambre, y enseña a la madre a confiar en las señales de hambre del bebé y también de saciedad, sin correr el riesgo de ‘sobrealimentarlo’.

¡También protege a mamá!

Numerosos estudios han demostrado que la lactancia materna garantiza importantes beneficios inmediatos y a largo plazo para la salud materna. Inmediatamente después del nacimiento, las tomas protegen a la nueva madre del riesgo de cualquier hemorragia posparto porque estimulan la contractilidad uterina y, por lo tanto, ayudan a que el útero vuelva a su tamaño original. Pero los efectos más ‘notables’ son probablemente los de largo plazo: la lactancia materna protege contra el riesgo de osteoporosis y cáncer de ovario y de mama (en particular desde su inicio en el período premenopáusico). Un efecto protector, el del cáncer de mama, que es directamente proporcional a la duración de la propia lactancia: cuanto más tiempo se da el pecho, más se reduce el riesgo de desarrollar esta patología.


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