Las emociones negativas, ¿afectan al bienestar familiar?

emociones negativas

No son las emociones negativas las que afectan directamente nuestra salud y bienestar, sino cómo reaccionamos y procesamos cuando las experimentamos lo que realmente cuenta. Es importante que todos los padres del mundo tengan esto en cuenteara que, de esta manera, enseñen a sus hijos que las emociones no son el problema, si no, la reacción que tenemos ante ellas.

Mantenerse atascado en las emociones negativas puede aumentar la producción de nuestro cuerpo de nuestra hormona del estrés, el cortisol, que a su vez agota nuestra capacidad cognitiva para resolver problemas de manera proactiva y también puede dañar nuestras defensas inmunes, haciéndonos más susceptibles a otras enfermedades.

La ira es la emoción negativa que se ha demostrado que tiene el mayor impacto en nuestra salud y bienestar, particularmente cuando esto se maneja mal. Los estudios han relacionado la ira con varios problemas de salud, incluida la presión arterial alta, las enfermedades cardiovasculares y los trastornos digestivos.

Se han relacionado cantidades poco saludables de ira con mayores niveles de cortisol, que estaban implicados en la disminución de la eficiencia del sistema inmunológico. También se sabe que las personas con enfado crónico tenían más probabilidades de tener un resfriado, gripe, síntomas asmáticos y enfermedades de la piel, como erupciones cutáneas, en comparación con las personas con enfado no crónico.

Emociones negativas y percepciones sensoriales

Una nueva área de investigación ha explorado el impacto de las emociones negativas en nuestras percepciones y experiencias sensoriales. Kelley y Schmeichel (2014) exploraron el impacto del miedo y la ira en nuestro sentido del tacto. Se pidió a los participantes que recordaran, revivieran y escribieran una experiencia personal que provocó una respuesta de miedo o una respuesta de enojo.

Luego, los investigadores administraron un procedimiento de discriminación de dos puntos: básicamente, la mano del participante estaba oculta a su vista y fueron empujados en su dedo índice con uno o dos puntos. Después, los participantes tuvieron que decidir si fueron tocados por uno o dos instrumentos. Una mayor imprecisión sugiere una disminución del sentido del tacto. Los participantes a quienes se les pidió que recordaran una respuesta de miedo demostraron consistentemente un sentido del tacto reducido al distinguir entre uno o dos puntos de contacto.

La investigación sobre el impacto de las emociones negativas en nuestras percepciones sensoriales aún está emergiendo, pero podría proporcionar algunas ideas excelentes sobre por qué podríamos aferrarnos a las emociones negativas y cómo  afectan  nuestra memoria de situaciones negativas.


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