Los espacios verdes mejoran el desarrollo cognitivo de los niños

Los espacios verdes mejoran el desarrollo cognitivo de los niños

Un nuevo estudio realizado por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental, centro aliado del Barcelona Institute for Global Health (ISGlobal), ha descubierto que los niños de primaria que estudian en lugares rodeados de zonas verdes tienen mejor rendimiento académico.

Hasta el momento, las evidencias científicas sobre cuál era el impacto en el cerebro del contacto con los espacios verdes era limitado. Este nuevo estudio, el primero de su clase, realizado con casi 2.600 niños de primaria, prueba que  la exposición a zonas verdes -tanto en la escuela como el hogar- durante 12 meses favorece la maduración cognitiva.

Los resultados demostraron que el contacto cercano con la naturaleza dentro y alrededor de las escuelas, según datos de satélite, fue relacionado con una mejor capacidad mental para manipular de forma continua y actualizar las facultades de información conocidas. En este sentido, los investigadores observaron una mejora de un 5% en la memoria de trabajo y un 6% en la de trabajo superior. Los niños también mostraron una reducción de un 1% en la falta de atención, independientemente de la educación de los padres, su raza o el trabajo que desempeñaran sus progenitores.

“También encontramos que la contaminación del aire relacionada con el tráfico representaba entre el 20 y 65% de las asociaciones estimadas entre el verdor de la escuela y el desarrollo cognitivo. Una parte de la influencia observada de espacios verdes en el desarrollo cognitivo podría estar mediada por la capacidad de los espacios verdes en la reducción de la contaminación del aire que, a su vez, se ha relacionado negativamente con el desarrollo cognitivo”, explica Payam Dadvand, director del estudio.

Los espacios verdes tienen numerosos beneficios

Según los investigadores, la ampliación de los espacios verdes en las escuelas “podría conducir a mejoras en el desarrollo cognitivo de los escolares, que en última instancia, pueden dar lugar a una ventaja en el capital mental de la población”, aclara Jordi Sunyer, coautor del estudio.

Según Nieuwenhuijsen, los espacios verdes incitan a la “actividad física, promueven el contacto social, ayudan a reducir el estrés… Cuando miras un parque el cerebro se relaja y esto influye en él”. En un estudio anterior, también del mismo equipo de expertos, ya se había visto la influencia que tienen las zonas verdes en el comportamiento de los niños, por ejemplo, ayudan a compartir más.

Los científicos no han detectado ninguna influencia de factores socioeconómicos. De hecho en Barcelona, donde se ha realizado el estudio, los colegios con más zonas verdes no están necesariamente en los barrios más acomodados económicamente.

Los autores tampoco han observado en el fenómeno un papel importante del ruido del tráfico o del mayor ejercicio físico asociado a las zonas arboladas, aunque no lo descartan. “Desconocemos cuáles son los mecanismos, más allá de la reducción de la contaminación. Podemos especular con teorías neuropsicológicas, que sugieren que la naturaleza tiene propiedades antiestrés, pero las evidencias científicas sobre ello no son muy contundentes”, admite Sunyer.

Una de las principales limitaciones del estudio es que no ha demostrado una relación causa-efecto, sino que solo ha detectado un posible vínculo. “No podemos estar seguros de que las asociaciones observadas entre el desarrollo cognitivo y las zonas verdes no estén debidas a factores no considerados por los autores”, opina Andy Jones, experto en salud pública de la Universidad de Anglia del Este (Inglaterra), en la web Science Media Centre.


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