Los miedos de los grandes y de los niños (II)

Miedos adquiridos
El miedo a la oscuridad aparece hacia los dos años de edad y desaparece cerca de los nueve. Este temor no es innato, sino que se adquiere a través de imágenes y vivencias del niño tales como la separación de los padres, las pesadillas o el temor a los personajes de ficción.

Algunas estrategias para que nuestro hijo transite por esta experiencia de la mejor manera posible son: no asustarlo con historias de brujas o fantasmas, principalmente antes de ir a la cama. Nunca reírnos de los temores que expresan, ya que disminuye su confianza en nosotros. No ignorar sus miedos. Practicar juegos en la oscuridad: la gallinita ciega, sombras chinescas, regalos escondidos, etc.

El miedo a los animales es otro temor adquirido. Aparece entre los dos y los cuatro años. Es importante que,
desde una edad temprana, ayudemos a nuestro hijo a familiarizarse con los animales enseñándole fotografías, juguetes, contándole cuentos de animales o viendo documentales sobre su modo de vida. Lo que nuca debemos hacer es obligarlo a acercarse al animal temido pues, únicamente, le generaría ansiedad y el miedo podría convertirse en fobia.

La transmisión de miedos
El ambiente familiar juega un rol decisivo en la aparición y mantenimiento de muchos miedos. Un niño suele ser seguro si sus padres son seguros, mientras que los padres temerosos suelen tener hijos temerosos. Así por ejemplo, si un pequeño se deja olfatear por el perro de un amigo de la familia y su madre grita repentinamente y se lo lleva corriendo, es muy probable que ese niño desarrolle en el futuro un miedo a los perros. Si, por el contrario, deja que su hijo se acerque y juegue con la mascota, observando con tranquilidad que no haga nada que pueda enojar al perro (como, por ejemplo, sacarle el hueso o tirarle del pelo), seguramente el niño no desarrollará ese temor.

Cuando uno de los padres tiene miedos excesivos, es bueno que tome conciencia de ello y que no se los transmita a su hijo. Y como, por mucho que se esfuerce, no podrá evitar que se le note el temor, es bueno procurar que el niño realice esas actividades con otras personas de la familia para que reciba una influencia más favorable.

¿Cómo ayudar a los niños a dominar sus miedos?
Lo que infunde confianza a un niño cuando se enfrenta a algo nuevo, desconocido o imponente, es la presencia de sus padres dándole tranquilidad, informándolo, mostrándole con el ejemplo cómo hay que actuar y comprendiendo si, pese a todo, prefiere mantener su prudente distancia. En este último caso, es importante no ridiculizarlo ni llamarlo miedoso, sino expresarle comprensión porque quiera tomarse su tiempo, y confianza en que acabará superando sus temores y disfrutando con la situación.

Conviene no resignarse a que los miedos son insuperables, pero tampoco forzar al niño a enfrentarse a ellos, porque entonces puede aumentar el miedo y su sensación de fracaso. Hay que aceptar el hecho y tratar de ayudarlo a superarlo. Es importante elogiar y premiar sus esfuerzos por vencer el miedo y sus progresos, por pequeños que sean. Recordar siempre que hay miedos infantiles completamente normales que desaparecen a medida que el niño va madurando. Tengamos en cuenta que el miedo es algo natural. No se le debe prohibir al niño sentirlo, ni avergonzarlo por ello. Debe aprender a aceptarlo y, si es posible, a dominarlo, pero nunca a negarlo. El amor y el cariño de los padres son un remedio infalible que, poco a poco, ayuda al niño a perder sus temores y a adaptarse a la realidad.


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