Niños, móviles y sueño: qué dice la ciencia y cómo actuar en casa

  • Evitar dispositivos en la hora previa a dormir y mantenerlos fuera del dormitorio mejora cantidad y calidad del sueño.
  • La luz azul, la estimulación y las notificaciones retrasan el inicio del sueño y fragmentan el descanso.
  • Establecer límites, activar modo nocturno, silenciar avisos y crear un plan familiar reduce conflictos y somnolencia diurna.

Niños dormir dispositivos móviles

Según un estudio publicado recientemente, los niños no deben dormir cerca de dispositivos móviles, ya que esto afecta a su calidad de sueño. Pero, ¿desde cuándo un bebé o un niño pequeño duerme con un móvil cerca? Pues más fácil de lo que parece, sobre todo si se trata de un bebé que duerme en la habitación de sus padres. Las opciones y escenarios posibles son muchos y a menudo pasan inadvertidos en la rutina diaria.

Según este estudio, realizado por investigadores de la Universidad de California, un smartphone en la habitación de un niño podría socavar unos buenos hábitos de sueño, incluso más que la televisión. La investigación, realizada con más de 2.000 estudiantes de escuela primaria e intermedia, halló que tener un smartphone o una tableta en el dormitorio se asociaba con menos sueño durante los días de semana y con somnolencia diurna.

"Los estudios han mostrado que las pantallas y el uso de pantallas tradicionales, como ver televisión, pueden interferir con el sueño, pero se sabe mucho menos sobre los impactos que tienen los smartphones y otras pantallas pequeñas", comentó la autora líder del estudio, Jennifer Falbe, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de California, en Berkeley.

Las pantallas pequeñas son una preocupación particular porque proveen acceso a una amplia variedad de contenido, como juegos, videos, sitios web y mensajes de texto, que se pueden usar en la cama y retrasar el sueño. Además, también emiten notificaciones audibles de los mensajes entrantes que podrían interrumpir el descanso nocturno.

Falbe dijo que había encontrado que tanto dormir cerca de una pantalla pequeña como dormir en una habitación con una televisión se relacionaban con una menor duración del sueño en los días de semana. "Los niños que dormían cerca de una pantalla pequeña, en comparación con los que no, también eran más propensos a sentir como si no durmieran lo suficiente".

Los niños necesitan dormir más y mejor

Sueño infantil y dispositivos móviles

"A pesar de la importancia del sueño para la salud, el desarrollo y el rendimiento en la escuela de los niños, muchos no duermen lo suficiente", comentó Falbe. La falta de sueño suficiente impacta la atención, el estado de ánimo y el aprendizaje desde edades tempranas.

Los niños preadolescentes en edad escolar necesitan al menos 10 horas de sueño al día, mientras que los adolescentes necesitan entre 9 y 10, aconseja el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU. Estas recomendaciones son una guía para construir rutinas nocturnas consistentes y saludables.

Para este estudio, los investigadores se enfocaron en los hábitos de sueño de casi 2.050 niños de ambos sexos que habían participado en el Estudio de demostración de investigación sobre la obesidad infantil de Massachusetts en una de sus ediciones.

Los niños estaban en cuarto o séptimo cursos en una de 29 escuelas. Más de dos terceras partes de los niños eran blancos, y alrededor de una quinta parte eran hispanos. Aunque se trata de un grupo concreto, las tendencias halladas se replican en otros contextos educativos.

A todos les preguntaron sobre los dispositivos electrónicos en la habitación, a qué hora se iban a la cama, a qué hora se despertaban, y cuántos días en la semana anterior habían sentido que necesitaban más sueño.


Mientras que los niños con una televisión en la habitación dijeron que dormían 18 minutos menos los días de semana que los que no tenían una televisión personal, esa cifra aumentó a 21 minutos entre los que dormían cerca de un smartphone, independientemente de si también tenían televisión, halló el estudio.

Irse a la cama con un smartphone disponible también se vinculó con un horario para dormir más tardío que tener una tele en la habitación: 37 minutos más tarde, frente a 31 minutos, apuntaron los investigadores.

Y los niños que dormían con un smartphone eran más propensos a sentir que necesitaban dormir más de lo que dormían, en comparación con los que no tenían un smartphone a la hora de irse a la cama. Esa percepción de descanso insuficiente no se observó entre los niños que solo tenían una televisión en la habitación.

Qué dice la evidencia más amplia

Evidencia científica sobre pantallas y sueño infantil

Revisiones sistemáticas que engloban decenas de estudios con grandes muestras de niños y adolescentes han confirmado el patrón: el uso de teléfonos móviles o tabletas a la hora de dormir se asocia con menos horas de sueño, peor calidad del mismo y más somnolencia diurna. En comparaciones entre quienes usan pantallas antes de acostarse frente a quienes no lo hacen, se ha observado que es mucho más frecuente que duerman por debajo de lo recomendado, que presenten dificultades para iniciar o mantener el sueño y que acumulen cansancio diurno.

Un hallazgo especialmente relevante es que los niños que simplemente tienen dispositivos en la habitación, aunque no los utilicen antes de dormir, también muestran peores resultados en cantidad y calidad de sueño. Esto refuerza la recomendación de retirar las pantallas del dormitorio para favorecer hábitos saludables.

En conjunto, distintas revisiones estiman que entre un tercio y la mitad de los problemas de sueño en niños y adolescentes podrían estar relacionados con el uso de dispositivos, especialmente cuando se emplean al anochecer o se mantienen encendidos durante la noche.

Por qué las pantallas interfieren en el descanso

Luz azul y sueño infantil

Luz azul y melatonina. La luz azul de las pantallas suprime la producción de melatonina, la hormona que ayuda al cuerpo a saber que es hora de dormir. Exponerse a esta luz por la noche desajusta el ritmo circadiano, retrasa la sensación de sueño y acorta el descanso nocturno.

Estimulación cognitiva. Jugar, ver vídeos o chatear en redes sociales es altamente estimulante. Esa activación mental mantiene al cerebro en estado de alerta cuando debería estar bajando revoluciones, por lo que cuesta más conciliar el sueño y el descanso es más superficial.

Notificaciones y microdespertares. Los avisos sonoros o vibraciones, incluso si son breves, favorecen microdespertares que fragmentan el sueño. Silenciar no siempre basta: la curiosidad o el hábito de revisar el móvil tras un aviso puede llevar a encadenar varios minutos de vigilia.

Desplazamiento del horario. El tiempo con pantallas por la noche compite con la hora de acostarse y puede ir retrasando el inicio del sueño día tras día. Acostarse más tarde reduce el total de horas dormidas, algo especialmente perjudicial en los días de escuela.

Acceso constante. Mantener los dispositivos encendidos de forma permanente incrementa la tentación de uso nocturno. En encuestas recientes, una gran proporción de niños y adolescentes reconoce usar pantallas en la hora previa a dormir y mantener el teléfono conectado por la noche, lo que dificulta rutinas estables de descanso.

Consecuencias asociadas a dormir poco o mal

Dormir menos de lo necesario o con mala calidad de sueño se relaciona con peor rendimiento escolar, más irritabilidad y dificultades de atención. También se han descrito asociaciones con dolor de cabeza, fatiga visual por exposición prolongada a pantallas, y mayor riesgo de somnolencia diurna que interfiere con las actividades cotidianas.

Los expertos alertan de que la combinación de uso intensivo de dispositivos y higiene del sueño deficiente puede contribuir a alteraciones emocionales, incremento del sedentarismo y ganancia de peso. En contextos donde las pantallas sustituyen actividad física y retrasan el descanso, aumenta la probabilidad de hábitos poco saludables y de conductas de riesgo en adolescentes.

¿Qué pueden hacer los padres?

Consejos para familias sobre móviles y sueño

Falbe sugirió que establecer normas básicas sobre la tecnología podría ayudar a fomentar unos patrones de sueño más saludables. Por ejemplo, los padres pueden crear "toques de queda" para los dispositivos electrónicos, limitar el acceso general al tiempo con pantallas, y/o prohibir la televisión y los dispositivos con internet en la habitación del niño, planteó.

"Aunque se necesitan más estudios para confirmar estos hallazgos, nuestros resultados ofrecen un respaldo adicional a las recomendaciones actuales de la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics) de que se debe aconsejar a los padres que fijen unos límites razonables pero firmes respecto al uso de sus hijos de los medios de comunicación", aseguró Falbe.

El Dr. David Dunkin, profesor asistente de pediatría de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York, se mostró de acuerdo.

"Hay muchos datos convincentes de que las pantallas pequeñas trastornan a los ciclos del sueño, tanto en adultos como en adolescentes", comentó. "Y eso podría tener un impacto sobre la salud a largo plazo. Se necesitan más estudios para observar todas las variables en conjunto".

También resaltó que los pediatras deben compartir y respaldar los consejos de la academia al hablar con los padres sobre la presencia de las televisiones y las pantallas pequeñas.

  • Marca un "toque de queda" de pantallas. Evita el uso de dispositivos entre 60 y 120 minutos antes de acostarse. Sustituye esa franja por actividades calmadas: lectura en papel, estiramientos suaves o respiraciones.
  • Saca los dispositivos del dormitorio. Deja el móvil a cargar en otra habitación. Si el niño usa el teléfono para música o ruido blanco, activa modo "No molestar" y desactiva todas las notificaciones.
  • Activa el modo nocturno. Configura el filtro de luz cálida automáticamente al anochecer en móviles y tabletas, y reduce el brillo de la pantalla.
  • Desconecta notificaciones por la noche. Usa herramientas como Tiempo en pantalla o Family Link para limitar apps y bloquear avisos nocturnos.
  • Plan familiar de tecnología. Acordad reglas claras: sin pantallas en comidas, sin pantalla en la cama y horarios coherentes para todos. Involucra a los niños en las decisiones.
  • Supervisión y contenido. Revisa qué consumen y adapta las normas a la edad y madurez. Prioriza usos educativos y creativos frente al puro entretenimiento nocturno.
  • Predica con el ejemplo. Los menores imitan a los adultos. Si los padres dejan el móvil fuera del dormitorio y respetan su propio "toque de queda", los niños se adhieren mejor a las reglas.
  • Observa señales de alerta. Cambios de humor, cansancio diurno, descenso del rendimiento escolar o resistencia a dejar el móvil pueden indicar que conviene revisar rutinas.

"Los niños que crecen en un entorno digital necesitan acompañamiento, límites coherentes y, sobre todo, un entorno que favorezca el descanso". Expertos en neuropsicología infantil recuerdan que, sea cual sea el estilo de crianza o si el niño comparte o no habitación con los padres, la presencia de pantallas en la cama tiende a empeorar el sueño por su luz y por la excitación que provocan. La clave está en combinar afecto y límites para que el sueño llegue de forma natural.

Un enfoque realista parte de la idea de que la tecnología forma parte de la vida cotidiana, pero que el descanso es irrenunciable. Desactivar notificaciones, establecer rutinas sin pantallas antes de dormir y mantener los dispositivos fuera del dormitorio son medidas simples y efectivas que, aplicadas de forma constante, mejoran la duración y la calidad del sueño infantil. Con pequeños ajustes sostenidos en el tiempo, la noche vuelve a ser sinónimo de calma incluso en hogares muy digitales.

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