Los primeros meses del bebé

Al nacer, el niño abandona el vientre materno, el cual le ofrecía un refugio cálido y seguro, alejado de ruidos y amenazas. Sin embargo, ahora deberá afrontar el mundo real, con sus pro y sus contra, por ello, debemos proporcionarle el mejor ambiente para que pueda adaptarse a esta nueva esfera de vida.

Por comenzar, el cuarto del niño debe ser su principal refugio, por ello, se sugiere lograr para éste un espacio exclusivo, lo más privado posible.

En él, se deberán contemplar la iluminación, la ventilación, la sonoridad, entre otros detalles.

El hecho de poder tener un cuarto ventilado, no significa que debamos abrir las puertas y ventanas de par en par, dejando ingresar el polvillo y los ruidos del exterior, que más que comodidad será un estorbo para los bebés. Por ello, se sugiere contar con buenas aberturas, las cuales deberán abrirse en los momentos que el bebé no se halla en el cuarto. Es muy importante ventilar al menor una vez al día, y si puede ser en horas tempranas, mejor aún.

La iluminación natural es sumamente importante, ya sea para el aspecto general del cuarto, como para la piel del niño, el cual debe recibir el impacto de los rayos solares, en horarios donde estos son tenues.

Lo mismo ocurre con los sonidos, no es recomendable tener a los niños en un ambiente muy bullicioso, pero tampoco en un bunker, aislado de todo sonido, siempre se debe tender a una postura media.


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