Lupus pediátrico: cómo tratarlo en niños

Lupus pediátrico

El lupus es una enfermedad crónica que puede causar diferentes dolores en distintas partes del cuerpo. Afecta a los adultos pero también existe el Lupus pediátrico y cómo tratarlo en niños es el foco de este post. Para entonces ayudar a los peques que padecen esta enfermedad.

La primera pregunta es… ¿quiénes pueden desarrollar Lupus? Lo cierto es que puede hacerlo cualquier persona. De todas las edades, géneros y razas. Sin embargo, hay grupos de mayor incidencia, como pueden ser las mujeres de entre 15 y 44 años. También personas que tienen familiares con lupus u otras enfermedades autoinmunes, y los niños mayores de 10 años. Por esta razón es que abordamos los cuidados vinculados al Lupus pediátrico.

Qué es el Lupus

Es Lupus es una enfermedad autoinmune compleja que provoca inflamaciones, hinchazón y, en consecuencia, dolores en diferentes partes del cuerpo. Se sabe que nace a partir de un sistema inmunológico defectuoso que ataca al tejido sano, tejido a partir del cual están formados los órganos. Se caracteriza por la presencia de multitud de anticuerpos y puede afectar cualquier órgano.

Lupus pediátrico

Nadie sabe a ciencia cierta qué causa el lupus ya que se desconocen sus orígenes. Muchos expertos creen que aparece como respuesta a una combinación de factores, desde hormonales hasta genéticos y ambientales. Se asegura que el desencadenante ambiental provoca síntomas de lupus o puede empeorarlos.

Entre los principales desencadenantes ambientales detectados que provocan lupus y lupus pediátrico, aparecen los rayos ultravioleta (UV) del sol o bombillas fluorescentes, ciertos antibióticos, infecciones y estrés corporal o emocional. También bajos niveles de vitamina D, fumar cigarrillos y tener agotamiento. En cuanto a los síntomas, varían mucho de acuerdo al cuadro dado que el Lupus puede afectar diferentes partes del cuerpo.

Los síntomas del lupus más frecuentes pueden ser la fatiga, dolor e hinchazón en las articulaciones y dolor de cabeza. También poca fiebre, hinchazón de las manos, pies o alrededor de los ojos, dolor en el pecho al respirar con profundidad. Sensibilidad a la luz solar, erupciones, pérdida de cabello y llagas en la boca o la nariz. Incluso puede provocar algunos problemas en la sangre y los vasos sanguíneos, como la formación de coágulos de sangre, anemia y el llamado fenómeno de Raynaud (dedos entumecidos que se ponen de color blanco o azul).

El Lupus en los niños

Un aspecto clave del lupus pediátrico y cómo tratarlo en niños es que, más allá de los síntomas antes mencionados, 2 de cada 3 niños tienen problemas renales. Por eso es importante llevar un estricto control, tanto con el pediatra como con el nefrólogo. Si bien puede haber casos leves, el lupus en niños tiende a ser más severo que en adultos.

Lupus pediátrico

Hay que ser muy cuidadoso con el diagnóstico de Lupus pediátrico y cómo tratarlo en niños dado que las personas que reciben el diagnóstico en la infancia suelen tener un mayor daño en los órganos que las personas diagnosticadas en la edad adulta. En el caso de los niños, el lupus no sólo afecta la piel y las articulaciones sino también a los principales órganos internos, como el corazón, los pulmones, el cerebro, el hígado y los riñones.

Hasta el día de hoy no existe una cura para el lupus pediátrico así es que el tratamiento consiste en el cuidado del niño para evitar que el sistema inmunológico ataque al tejido sano y para proteger a los órganos y evitar que sean dañados. El tratamiento incluye el control de los síntomas, como son las inflamaciones y los dolores de articulación. Hay una batería de medicamentos utilizados para tal fin ya que, dependiendo de los síntomas, el tratamiento personalizado que recibirá el paciente.

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Hay un esquema básico para el Lupus pediátrico y cómo tratarlo en niños que incluye antiinflamatorios y esteroides para las inflamaciones, antimaláricos para proteger a la piel de erupciones y de la luz ultravioleta, productos biológicos para ayudar al sistema inmunológico, anticoagulantes para evitar la aparición de cóagulos e inmunosupresores para evitar que el sistema inmunológico ataque el propio cuerpo.


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