Una madre recibe amparo legal y se reconoce su derecho sobre el cuerpo del bebé

Muerte perinatal

El uno de febrero se produjo sentencia histórica en nuestro país, pues el Tribunal Constitucional dio la razón a una madre que tuvo que renunciar a los restos de su bebé, después que el hospital en el que se le había practicado un aborto terapéutico, se negara a entregar el cuerpo a los padres.

Cuando a esta mamá se le practicó la interrupción del embarazo (por polimalformaciones incompatibles con la vida), estaba embarazada de 22 semanas, y el feto pesaba 362 gramos; fue, por lo tanto, una muerte perinatal. Solo las familias que han sufrido este tipo de pérdidas (sea de forma natural o por haber sufrido aborto) saben el sufrimiento que ocasiona la indiferencia del personal sanitario, la falta de apoyos, y la negación de la decisión de madre y padre, a disponer de los restos del bebé, que pueden tener un valor espiritual.

Los protocolos hospitalarios conducen a desenlaces impensables en muertes no intrauterinas, a nadie se le niega el derecho a velar el cuerpo sin vida de un familiar, mantener el último contacto, enterrar o incinerar…; pero si que ocurre con estas muertes. Se consideran perinatales en función del momento de la gestación en el que se produjo la muerte (22 semanas, y hasta una semana después del nacimiento), y del peso del bebé. Estos límites permiten establecer el acto de estado civil.

En el caso que nos ocupa, la madre solicitó el cuerpo tras la interrupción del embarazo, quería hacer algo tan natural y comprensible como despedirse de él (junto al padre) e incinerarlo, sin embargo, el hospital se negó, y le sugirió que pidiera autorización en los Juzgados. Tal autorización no llegó porque le denegaron el permiso. Fue ese el motivo de que, basándose en motivos de discriminación por libertad ideológica (y en un antecedente de caso similar en el que se concedió el permiso a una mujer musulmana que deseaba enterrar al bebé conforme a su religión), fue presentada una demanda en la que actuaron la abogada de EPEN y Aitor Canales.

Es la primera sentencia que reconoce el derecho de la familia a despedir a los hijos perdidos en cualquier momento de la gestación, de forma íntima y privada, por encima de los protocolos hospitalarios

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Recuperar el derecho de los padres.

Que son los únicos que deberían autorizar la aplicación de los protocolos en estos casos, y no ser apartados de los procesos; esto es porque son los progenitores de la criatura que ha muerto antes de nacer o a los pocos días, y esto ocurre independientemente de si existe un registro de nacimiento, una imagen, un bautizo… La abogada Francisca Fernandez, afirma que “la sentencia restituye el derecho a la familia”, y celebra que prevalezcan valores superiores del ordenamiento jurídico como los de libertad ideológica, religiosa y de culto. Estos valores deben superponerse a reglamentos, protocolos u otras normas, que – en cualquier caso – son de rango inferior.

Con la sentencia, el centro entregará el cuerpo a sus papás (tras haber sido conservado en el Hospital de Mendaro), y se cerrará el litigio; es una buena noticia que estos padres hayan conseguido despedirse de su bebé en la intimidad familiar.

Más información | EPEN


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Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

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