Cuando llegan las fiestas navideñas siempre habrá un momento de cena o de comida donde nos juntemos con toda la familia. Como es una comida o una cena especial, es normal que te guste que todos tus seres queridos estén en la mesa disfrutando de la comida y, sobre todo, disfrutando de la compañía de todos. Pero, mantener a los niños alrededor de la mesa no es tarea fácil.
El tiempo en familia es muy importante durante todo el año, pero especialmente durante las comidas y cenas navideñas, en las que solemos compartir mesa con aquellos a quienes tanto echamos de menos durante el resto del año. Hay que cuidar el tiempo de calidad en familia durante las fiestas, porque esos momentos alrededor de la mesa son los que los niños recordarán cuando crezcan: los olores de los platos, las risas, las tradiciones y la conexión con sus raíces.
Durante el resto del año las familias suelen estar bastante agobiadas con los horarios tan ajustados a causa del trabajo, las actividades extraescolares y la falta de tiempo en general. Por este motivo, para muchas familias el tiempo de calidad es mínimo porque estamos demasiado ocupados, todos. Aunque muchas personas se lamentan de esto y buscan tiempo con sus seres queridos, vivimos en un mundo de comodidad y todo lo que nos obliga a movernos del sitio nos cuesta hacerlo. Como resultado, no vemos a nuestros seres queridos todo lo que quisiéramos y nos cuesta pasar tiempo de calidad en familia.
Comer o cenar juntos de forma habitual

Existen investigaciones que muestran que las familias que comen juntas se benefician en muchos sentidos y esto se debe notar en la comida o cena de Navidad. Sentarse a compartir las comidas aumenta la comunicación y fortalece las relaciones familiares. Los niños observan cómo conversan los adultos, cómo se resuelven pequeños desacuerdos y cómo se comparten historias, y todo eso se convierte en un aprendizaje silencioso pero muy potente.
Los niños que regularmente disfrutan de comidas en familia alrededor de la mesa suelen tener un mejor desempeño en la escuela y tienden a tomar decisiones más acertadas, incluso cuando están bajo la presión del grupo de iguales. Durante estas comidas se trabajan habilidades como la escucha activa, la paciencia al esperar turnos de palabra y el respeto por las opiniones ajenas, algo que después trasladarán a otros entornos.
Estos hábitos se notarán alrededor de la mesa de Navidad, por lo que es importante que, si quieres que tus hijos disfruten de la comida en familia, les acostumbres a comer cada día juntos, aunque sea tan solo en la comida o en la cena. Prioriza ese tiempo en familia sobre cualquier otra cosa: apagar la televisión, dejar el móvil en otra habitación y reservar esos minutos diarios como un momento de encuentro.
Además, si realmente te esfuerzas en que tus hijos coman en familia, también tendrán mejores hábitos nutricionales a medida que vayan creciendo, tanto en la adolescencia como en la vida adulta. La mesa se convierte en un lugar donde se aprende qué es una alimentación equilibrada, cómo se distribuyen las porciones y qué significa disfrutar de un dulce sin caer en el exceso.
Pero claro, puede haber un problema. Si coméis en el sofá o cada uno por su lado durante meses o incluso años, es posible que no sepas cómo conseguir que este hábito se convierta en una realidad, no solo en el día de Navidad, sino también durante el resto del año. La buena noticia es que nunca es tarde para empezar: basta con introducir cambios poco a poco, empezando por una comida al día compartida y construyendo desde ahí.
No te pierdas los consejos que te damos a continuación para poder conseguirlo. Recuerda que son consejos que no solo tienes que emplear en el día de Navidad, sino que deberás hacerlo cada día para que realmente se convierta en un hábito sólido y beneficioso para todos.
Cuida la alimentación navideña sin caer en excesos

La Navidad tiene una fuerte carga emocional y también gastronómica. Es época de platos especiales, recetas familiares y dulces irresistibles, pero es importante que ese ambiente festivo no se traduzca en excesos constantes, sobre todo cuando hay niños en la mesa. Una mala gestión puede hacer que terminen las fiestas más cansados, irritables y con hábitos difíciles de reconducir.
Para mantener buenos estándares alimentarios durante las fiestas puedes seguir algunas pautas sencillas:
- Evita preparar una cantidad desproporcionada de platos. No necesitas decenas de primeros y segundos; es mejor un menú más corto, bien pensado y adaptado a los comensales.
- Cuida mucho las porciones. Ofrecer raciones moderadas ayuda a disfrutar más de cada plato, reduce los residuos y alivia el bolsillo familiar.
- No alternes grandes atracones con semi-ayunos. Es preferible reservar los pequeños “caprichos” para los días festivos concretos y mantener una rutina alimentaria regular el resto del tiempo.
Ten en cuenta que muchos platos navideños tienen un alto contenido calórico. No pasa nada por disfrutarlos en algunos días señalados, pero conviene no alargar esas costumbres durante todas las vacaciones. Si la Navidad introduce malos hábitos, luego será más difícil convencer a los niños de que vuelvan a una alimentación equilibrada.
Además, cambiar bruscamente las rutinas (levantarse mucho más tarde, dejar de lado la actividad física o convertir los dulces en un recurso de entretenimiento) puede desestabilizar a los más pequeños. Esa sensación de desorden se traduce a menudo en aburrimiento y en un picoteo constante, algo que en estas fechas es aún más serio dada la abundancia de tentaciones.
Por eso, intenta que los ritmos diarios se parezcan lo máximo posible a los de siempre: un horario de despertar razonable, limitar el tiempo frente al televisor o los videojuegos, ofrecer raciones adecuadas en las comidas y reservar los dulces para la primera parte del día, cuando hay más margen para quemar el exceso de energía. Como tentempié, apuesta por fruta fresca frente a frutos secos azucarados, turrones o sobras de comidas muy copiosas.
Deja que decidan y participa con ellos en el menú

Para que tus hijos se sientan motivados en la cena o en la comida, permite que por lo menos una o dos veces por semana puedan escoger qué cenar o qué comer. En Navidad no tiene que ser diferente: deja que escojan parte de la comida o el postre para que se sientan incluidos y que, además, noten que forman parte de decisiones importantes, como es elegir el menú familiar.
Todo esto hará que sientan que tienen cierto control y una responsabilidad especial, algo que se sumará a su entusiasmo y ganas de participar. No se trata de dejar todo en sus manos, sino de ofrecerles varias opciones adecuadas y permitir que elijan entre ellas.
También puedes adaptar algunas recetas tradicionales a sus gustos. Por ejemplo, si el resto de la familia toma un plato fuerte con salsas muy intensas, preparar para ellos una versión más suave, con menos condimentos o con una guarnición de verduras al vapor. Así no se sienten excluidos y aprenden a disfrutar del mismo menú con variaciones adaptadas a su edad.
Ten en cuenta que, cuando hay varios niños, es útil elaborar para ellos un menú un poco más ligero y ajustado a su horario. Si la cena se suele alargar, quizá convenga adelantarla un poco para que no lleguen excesivamente cansados y puedan mantenerse en la mesa con mejor humor.
En caso de que haya dulces navideños, reserva su presencia para la parte inicial del día, como el desayuno o la media mañana, de modo que el cuerpo tenga tiempo de gestionar esas calorías. Evita llenar la mesa de turrones, bombones y otros postres durante toda la velada, porque es fácil que los niños estiren la mano una y otra vez sin ser conscientes de lo que comen.
Crea días temáticos y tradiciones familiares

Para que tus hijos sientan que comer en familia es algo muy interesante puedes crear días temáticos. Esta idea también es ideal para los días antes de Navidad, porque de esta manera podrán sentirse motivados para permanecer en la mesa todo el tiempo que dura la comida.
Lo creas o no, los niños necesitan estructuras y rutinas para sentirse seguros y confiados, y si por ejemplo los martes son «los martes de pizza», sabrán que ese día es especial y les proporcionará seguridad y emoción. En este sentido, puedes crear una tradición concreta para la comida o cena de Navidad y que cada año haya algo igual, como por ejemplo un cóctel de gambas, un pastel de carne o un postre que siempre prepare la misma persona.
Además de los platos, las tradiciones pueden incluir actividades alrededor de la mesa: leer un cuento navideño antes de empezar, cantar un villancico todos juntos al final, hacer un pequeño brindis en el que cada uno diga algo que agradece o incluso intercambiar tarjetas hechas a mano por los niños. Lo importante es que sientan que la mesa no es solo un lugar para comer, sino también para vivir experiencias emocionales positivas.
Otra idea interesante es asignar a los niños tareas previas relacionadas con el tema del día. Si el día es de “cena elegante”, pueden ser los responsables de doblar servilletas de forma especial; si el tema es “noche de cuentos”, pueden elegir qué historia se leerá después del postre. De este modo, llegan a la mesa con algo que es “suyo” y que quieren compartir.
Estas tradiciones, repetidas año tras año, se convierten en un ancla emocional para los pequeños. Al asociar la Navidad con estos rituales familiares, será más fácil que quieran permanecer sentados, atentos y participando del ambiente.
Dales responsabilidades adaptadas a su edad
A la hora de cocinar, tus hijos no sobran en la cocina. No importa la edad que tengan: todo el mundo puede tener un lugar y una misión, aunque sea muy sencilla. Tus hijos se sentirán satisfechos y mucho más motivados si les das responsabilidades claras relacionadas con la comida.
Pueden encargarse de poner la mesa, de llevar las servilletas, de colocar los vasos, de cargar el lavavajillas, de organizar el pan o de preparar el plato con los mantecados. Todos pueden hacer algo si adaptas la tarea a sus capacidades. Los más pequeños pueden ayudar a lavar frutas o verduras bajo tu supervisión, mientras que los mayores pueden colaborar en recetas algo más elaboradas.
Para darles responsabilidades a tus hijos, piensa primero en la edad y madurez de cada uno y después prepara una lista sencilla de tareas. Los niños necesitan estructura, pero también la oportunidad de sentir que contribuyen al bienestar familiar. Esto refuerza su autoestima y favorece que se tomen más en serio el momento de sentarse a la mesa.
Si hay muchos niños, puedes crear una pequeña lista de turnos o un “cuadro de responsabilidades navideñas” en el que cada uno tenga asignada una función: repartir el agua, retirar los platos vacíos, acercar el pan o avisar cuando se vaya a servir el postre. Con ello evitarás que se levanten sin rumbo o que pierdan el interés por la cena.
Al mismo tiempo, es buena idea explicarles por qué esas tareas son importantes. Cuando comprenden que gracias a su ayuda la cena es más fluida y los demás disfrutan más, se sienten parte activa de la celebración y están más dispuestos a permanecer en la mesa.
Ten un plan: horarios, menú y organización

Tener las cosas organizadas es importante para que todo salga bien o, si no sale perfecto, al menos saber hacia qué dirección es mejor ir. Cuando los niños tienen hambre deben comer, y nada mejor que hacerlo en familia. Puedes elegir recetas que no sean demasiado complicadas y utilizar, si es necesario, alguna herramienta de cocina que te haga la vida más fácil, como por ejemplo un robot de cocina.
Si crees que la comida puede tardar más de la cuenta, una forma de mantener a la familia alrededor de la mesa es poniendo algo de picar sencillo y saludable como algunos entrantes. Unas olivas sin hueso, tomate picado con un poco de aceite, bastones de zanahoria o pan con aceite de oliva son buenos ejemplos para esperar el plato principal sin que los niños pierdan la paciencia.
También es importante ajustar el horario a las necesidades de los pequeños. Si sabes que a última hora del día están muy cansados, intenta adelantar la cena. En las comidas del mediodía, evita que coincidan con las horas de siesta. Un niño agotado tendrá muchas más probabilidades de llorar, enfadarse o pedir levantarse constantemente.
En caso de que compartas mesa con familias que tienen bebés o niños muy pequeños, valora opciones como servirles a ellos primero, ofrecerles un menú más rápido o disponer de un espacio de descanso cercano (un rincón con cojines, un libro o un peluche) al que puedan acudir un rato si se saturan, para luego volver a la mesa con más calma.
Por último, plantéate con antelación cómo vas a gestionar los dulces, los brindis y las sobremesas. Si quieres que los niños sigan presentes y tranquilos, piensa en actividades cortas entre plato y plato o después del postre: un juego de adivinanzas, un mini karaoke, un turno de chistes o un pequeño concurso de villancicos.
Colocación en la mesa y lugar de los niños
La manera en que ubicas a los comensales en la mesa también influye en el comportamiento de los niños y en la armonía de la comida navideña. Una buena organización no solo aporta orden y cierta elegancia, también ayuda a evitar conflictos y a que todos se sientan cómodos.
En muchas familias, los anfitriones se sientan en la parte central de la mesa, y a su lado se coloca a las personas de mayor edad, como abuelos o tíos, por respeto y cariño. A partir de ahí, se distribuye al resto de los invitados siguiendo un criterio lógico: cercanía afectiva, afinidades y evitando sentar juntas a personas que puedan tener tensiones previas.
En cuanto a los niños, es frecuente que se les asigne una zona concreta de la mesa o incluso una mesa propia cuando son muchos. Esta opción puede ser muy práctica si se mantiene la supervisión de un adulto cercano y si el ambiente es adecuado para ellos. Pueden comer un poco antes o al mismo tiempo que los mayores, con un menú adaptado a sus gustos y necesidades (platos menos picantes, menos salsas fuertes o sin elaboraciones con alcohol).
Si los niños se sientan con los adultos, es recomendable que estén al lado de al menos uno de sus padres o de un adulto de referencia que pueda ayudarles a cortar la comida, recordarles algunas normas básicas de comportamiento en la mesa o simplemente incluirles en las conversaciones. De este modo se reduce la tentación de levantarse y se les guía de forma respetuosa.
Cuando tengas invitados “especiales” (un vecino que pasa las fiestas con vosotros, un amigo de paso o alguien que no conoce bien al resto de la familia), es un detalle situarlo cerca de los anfitriones, para que se sienta acogido. Si habla otro idioma, intenta ubicarlo junto a alguien que pueda comunicarse con él; así no se sentirá aislado mientras los niños y los adultos conversan.
No a los móviles y tabletas en la mesa navideña
Los smartphones y tabletas en la mesa, utilizados para hipnotizar al niño y conseguir que coma sin protestar, parecen una solución rápida, pero se convierten en una mala costumbre. Ni siquiera en Navidad resulta productivo hacer una excepción, sobre todo cuando el niño comparte la mesa con más personas y en un ambiente festivo.
La mesa de Navidad es un lugar de experiencia sensorial: el niño vive la fiesta asociando olores, sabores y emociones visuales y olfativas, además de aprender a través de la interacción con adultos y otros niños. Si su atención se centra únicamente en una pantalla muy llamativa y rápida, pierde contacto con esos estímulos, con la comida y con las relaciones que se tejen alrededor de la mesa.
A largo plazo, usar dispositivos electrónicos para que el niño coma puede alejarle del placer de la comida. Al no tocar los alimentos ni observar lo que ocurre en la mesa, es más fácil que no desarrolle una buena percepción de la saciedad y que necesite cada vez más estímulos digitales para concentrarse. En lugar de eso, ofrece su presencia, conversación y juegos sencillos de palabras o de observación.
Para lograrlo, es fundamental que los adultos también den ejemplo. Si quieres que tus hijos no usen el móvil en la mesa, pero tú miras el teléfono constantemente, el mensaje se vuelve contradictorio. Una estrategia útil es dejar todos los móviles en una caja o en otra habitación durante la comida, salvo en casos de verdadera urgencia.
En lugar de pantallas, prueba a preparar con antelación una lista de temas de conversación que puedan interesar a los pequeños: sus juegos favoritos, anécdotas divertidas del año, deseos para las vacaciones o planes familiares que les hagan ilusión. De esta forma, se sienten escuchados y no buscan refugio en el mundo digital.
Sé optimista y mantén una buena actitud
Lo que realmente es importante para mantener a tus hijos alrededor de la mesa en la cena o comida de Navidad, y en todas las demás, es sobre todo tu actitud y el ambiente que crees. Por ejemplo, puedes poner música de fondo suave y festiva, mantener una conversación animada o realizar juegos verbales para disfrutar de un entorno agradable y relajado.
Durante la comida, evita convertir la mesa en un lugar de reproches. No es el momento para regañar por las notas del colegio o por los cuartos desordenados. Es el momento de estar en familia y disfrutar de la comida todos juntos. Si tienes que tratar algún tema complicado, escoge otro momento, pero no rompas la unión en torno a la mesa.
Recuerda que las relaciones con los hijos se construyen día a día. Establecer límites claros es compatible con evitar barreras innecesarias. Escúchalos, dedica tiempo a estar con ellos y procura que sientan que su opinión importa. Incluirles, por ejemplo, en la elección de algunos regalos navideños para otros familiares puede ser una actividad bonita y significativa antes de la cena.
Si, a pesar de tus esfuerzos, en algún momento el niño se muestra nervioso, llora o necesita salir un instante, intenta mantener la calma. Ofrece un pequeño descanso, acompáñale a un lugar tranquilo y luego invítale a volver a la mesa. Presionarle demasiado solo aumentará su rechazo hacia las comidas en familia.
La combinación de una buena organización, una actitud flexible, una alimentación cuidada y una participación activa de los niños en todo lo que rodea a la mesa hará que las cenas y comidas navideñas se conviertan en recuerdos felices para toda la familia y en una base sólida para que los pequeños aprendan a disfrutar de la convivencia alrededor de la comida.