Durante el periodo de lactancia uno de los mayores problemas mamarios con que nos podemos encontrar es con la aparición de una mastitis. De hecho, se estima que 1 de cada 10 madres lactantes la padecen en algún momento. Conocer sus sintomas de mastitis en la lactancia es fundamental para detectarla precozmente y actuar antes de que aparezcan complicaciones como el absceso o el abandono temprano de la lactancia.
¿Qué es la mastitis en la lactancia?
La mastitis es la inflamación del tejido mamario, que puede ir acompañada o no de una infección bacteriana. La mama está formada por lóbulos mamarios, que son las estructuras encargadas de formar la leche. La mastitis suele afectar a una sola mama, inflamándose uno o varios lóbulos o cuadrantes de la glándula, aunque en algunos casos puede aparecer en ambos pechos.
En el contexto de la lactancia se habla de mastitis puerperal o de lactancia, que es la forma más frecuente. Aparece con mayor incidencia al comienzo de la lactancia (primeras semanas o meses), cuando el pecho está ajustando la producción de leche y son más habituales los problemas de retención de leche, el mal agarre o las grietas en el pezón. Sin embargo, puede darse en cualquier momento mientras se mantiene la lactancia, e incluso en mujeres que no amamantan y en hombres, aunque esto último es mucho menos frecuente.
Desde el punto de vista clínico, la mastitis puede manifestarse como un cuadro agudo (con síntomas muy evidentes, fiebre y malestar intenso) o como una mastitis subaguda o subclínica, más difícil de identificar porque sus síntomas son más leves o internos.

Tipos de mastitis en la lactancia
Mastitis aguda
La mastitis aguda es la forma más llamativa y evidente. Suele aparecer al principio de la lactancia y se caracteriza por síntomas locales en la mama y síntomas generales que recuerdan a una gripe.
Entre los síntomas locales más característicos de la mastitis aguda se encuentran:
- Enrojecimiento de la piel, a menudo con forma de cuña o mancha bien delimitada en uno de los cuadrantes del pecho.
- Calor al tacto en la zona afectada, que puede sentirse más caliente que el resto de la mama.
- Inflamación visible del pecho, que se nota más grande, tenso o hinchado.
- Dolor intenso, que puede empeorar al amamantar o al tocar la zona.
- Endurecimiento o bulto en el pecho (engrosamiento del tejido mamario).
- En ocasiones, grietas en el pezón o pequeñas heridas que pueden servir de puerta de entrada a las bacterias.
Además, suelen aparecer síntomas generales debidos a la respuesta inflamatoria del organismo:
- Fiebre durante la lactancia, a menudo superior a 38 ºC.
- Escalofríos y sensación de frío intenso.
- Malestar general y cansancio acusado.
- Dolores musculares o articulares, como en una gripe.
- Sensación de estar muy decaída o extenuada, lo que puede dificultar el cuidado del bebé.
La causa más frecuente de la mastitis aguda es la infección por una bacteria llamada Staphylococcus aureus, favorecida por un mal vaciado de una zona de la mama. Cuando la leche no sale correctamente, se produce un acúmulo de leche que desencadena una reacción inflamatoria y crea el ambiente ideal para que las bacterias proliferen.
Los principales factores de riesgo para que aparezca una mastitis aguda son:
- Grietas o heridas en el pezón, que facilitan la entrada de gérmenes desde la piel o la boca del bebé.
- Mastitis previas, que pueden dejar zonas más sensibles o conductos dañados.
- Ingurgitación mamaria muy marcada al inicio de la lactancia, cuando la producción de leche supera lo que el bebé toma.
- Conductos mamarios bloqueados por un vaciado incompleto del pecho.
- Presión externa sobre la mama, por sujetadores muy ajustados, dormir boca abajo o mochilas y cinturones apretados.
- Cansancio extremo, estrés o mala alimentación, que disminuyen las defensas de la madre.
El tratamiento de la mastitis aguda suele incluir:
- Antibióticos adecuados, preferentemente tras realizar un cultivo de la leche para identificar la bacteria responsable, sobre todo si los síntomas son intensos o no mejoran en pocas horas.
- Antiinflamatorios compatibles con la lactancia para aliviar el dolor y la inflamación.
- Buen vaciado de la mama afectada mediante la succión del bebé o, si no es posible, con extracción manual o sacaleches.
- Frío local suave tras la toma para disminuir el dolor y la inflamación, sin aplicar hielo directamente sobre la piel.
- Reposo, hidratación y buena alimentación para favorecer la recuperación.
- En muchos casos, un tratamiento con probióticos específicos puede ayudar a equilibrar la microbiota mamaria.
Es importante remarcar que no se debe dejar la lactancia por tener una mastitis aguda. Al contrario, mantener el pecho en funcionamiento ayuda a resolver más rápido el proceso inflamatorio. El destete brusco puede empeorar los síntomas al aumentar la retención de leche.
Absceso mamario
Si la mastitis no se trata correctamente o se deja evolucionar durante demasiado tiempo, puede producirse una infección muy localizada que derive en un absceso mamario. Se trata de la complicación más grave de la mastitis de lactancia.
En el absceso, los síntomas generales son similares a los de la mastitis (fiebre, dolor, malestar), pero aparecen características muy específicas en el pecho:
- Aumento del dolor en una zona muy concreta de la mama.
- Al tacto se nota una zona blanda que fluctúa, es decir, se percibe como una bolsa llena de líquido purulento (pus).
- La piel puede estar muy enrojecida y tensa.
El absceso requiere un drenaje quirúrgico (mediante punción o pequeña incisión) y tratamiento con antibióticos, a veces incluso por vía intravenosa si el cuadro es muy intenso o la madre presenta mal estado general.
Aunque no es imprescindible suspender la lactancia, el dolor puede ser tan intenso que muchas mujeres se ven obligadas a dejar de amamantar de la mama afectada, e incluso a destetar. Con un buen acompañamiento profesional se puede valorar extraer la leche de esa mama mientras se recupera, y seguir ofreciendo el pecho sano para mantener el vínculo y la producción.

Mastitis subaguda o subclínica
La mastitis subaguda aparece generalmente más adelante en la lactancia y es un tipo de mastitis muy complicado de diagnosticar, porque no presenta signos visibles tan claros en la mama como el enrojecimiento intenso o la fiebre alta.
En este caso, es fundamental escuchar lo que nota la madre. Los síntomas más frecuentes son:
- Pinchazos profundos en el pecho durante o después de la toma, a menudo descritos como agujas clavándose desde dentro.
- Sensación de quemazón o ardor interno.
- Calambres o tirones que pueden irradiarse hacia la espalda o el brazo.
- Impresión de poca producción de leche en esa mama, porque la leche sale con más dificultad.
- Bebé que cabecea al comer, tira del pezón, se muestra inquieto o incluso rechaza ese pecho.
La causa principal es una leve inflamación y estrechamiento del calibre de los conductos galactóforos, lo que dificulta la salida de la leche y favorece que esta quede acumulada. Esto provoca una disminución progresiva de la producción de leche de esa mama y cambios en la composición de la leche.
Al permanecer la leche retenida más tiempo, aumenta su contenido en sodio y otros componentes, por lo que cambia el sabor. El bebé puede notar un gusto más salado en la leche de ese pecho y, por ello, mostrar rechazo o inquietud al mamar.
En la mastitis subaguda se ha descrito un sobrecrecimiento de ciertas bacterias presentes de forma normal en la glándula mamaria, como Staphylococcus epidermidis, algunos estreptococos del grupo viridans/mitis (Streptococcus mitis, Streptococcus salivarius) y ciertas especies de Corynebacterium. Estas bacterias pueden formar biofilms (capas densas que se adhieren a los conductos), endureciéndolos y haciéndolos menos flexibles, lo que contribuye a la obstrucción.
Para poder diagnosticarla es importante buscar factores de riesgo específicos, como:
- Tomas restrictivas, es decir, tomas con horario impuesto en las que se limita el tiempo en el pecho en lugar de dejar que el bebé vacíe el pecho a demanda.
- Madres que dejan pasar muchas horas sin amamantar, por ejemplo, durante la noche o durante la jornada laboral, sin hacer extracciones intermedias.
- Uso inadecuado del sacaleches, con extracciones demasiado cortas o, por el contrario, excesivas que alteran la regulación natural de la producción.
- Presión constante sobre zonas concretas del pecho por sujetadores o mochilas.
El tratamiento de la mastitis subaguda se basa principalmente en:
- Mejorar el vaciado de la mama, que es la medida terapéutica más eficaz. Ofrecer primero el pecho afectado, revisar el agarre y usar posturas de lactancia que favorezcan el drenaje de las zonas más llenas.
- Uso de antiinflamatorios compatibles con la lactancia para aliviar el dolor.
- Probióticos específicos para equilibrar la microbiota mamaria, cuando así lo indique el profesional sanitario.
- En caso de que las molestias no mejoren, puede ser muy útil realizar un cultivo de la leche para descartar infecciones concretas y ajustar el tratamiento.
Síntomas clave de la mastitis en la lactancia
Reconocer los sintomas de mastitis en la lactancia de forma temprana ayuda a evitar complicaciones y a mantener la lactancia con seguridad. Pueden aparecer en una sola mama o en ambas, y en ocasiones se instalan de forma brusca.
Los síntomas más habituales incluyen:
- Sensibilidad o dolor localizado en una parte del pecho.
- Hinchazón o aumento de tamaño de la mama afectada.
- Engrosamiento del tejido mamario o sensación de bulto en el pecho.
- Calor al tacto en la zona afectada.
- Enrojecimiento de la piel, a veces en forma de cuña; en pieles muy oscuras puede ser menos evidente.
- Dolor en forma de quemazón, pinchazos o calambres internos.
- Dificultad para que la leche salga con normalidad, necesidad de más tiempo para que el reflejo de eyección funcione o sensación de que la leche se queda retenida.
- Fiebre, escalofríos, malestar general y cansancio extremo.
Es recomendable consultar con un profesional sanitario (matrona, médico de familia, ginecología, pediatra o consultora de lactancia) ante cualquier síntoma mamario que preocupe. Un diagnóstico precoz permite aplicar medidas sencillas y evitar que la mastitis progrese hacia un absceso o un destete no deseado.
Causas de la mastitis durante la lactancia

La causa principal de la mastitis de lactancia es la leche retenida en la mama. Cuando la leche no se extrae de forma eficaz, se acumula, aumenta la presión dentro de los conductos y se desencadena una inflamación del tejido mamario. Esta inflamación puede estrechar todavía más los conductos, dificultar la salida de leche y facilitar el crecimiento de bacterias.
Las causas más frecuentes incluyen:
- Conducto mamario bloqueado: si una mama no se vacía completamente durante la toma o la extracción, uno de los conductos puede obstruirse, provocando un bulto doloroso y predisponiendo a la infección.
- Gérmenes que entran en la mama: bacterias de la piel o de la boca del bebé pueden acceder a los conductos lácteos a través de una grieta en el pezón o de las propias aberturas de los conductos. En la leche que permanece estancada estas bacterias encuentran un ambiente favorable para multiplicarse.
- Técnica de agarre inadecuada: si el bebé no se agarra bien, no vacía el pecho de forma eficaz, lo que favorece las retenciones y la inflamación.
- Tomas poco frecuentes o muy espaciadas: los intervalos largos sin amamantar o extraerse leche aumentan el riesgo de ingurgitación y conductos tapados.
- Presión excesiva sobre el pecho, por sujetadores ajustados, prendas con aros o determinadas posturas al dormir que comprimen una zona concreta.
- Fatiga, estrés y mala alimentación: un sistema inmunitario más débil facilita que la inflamación y la infección se instauren.
- Tabaquismo y otros hábitos no saludables, que alteran la vascularización y la capacidad de respuesta de los tejidos.
En la mastitis de repetición o de curso prolongado, muchas veces hay un problema de biofilms bacterianos que obstruyen los conductos o un sobrecrecimiento de determinadas bacterias en la glándula mamaria. En estos casos puede ser imprescindible realizar un cultivo de leche y valorar tratamientos específicos junto con probióticos.
Factores de riesgo de mastitis en la lactancia
Algunas circunstancias aumentan la probabilidad de desarrollar mastitis durante la lactancia:
- Antecedentes personales de mastitis en lactancias anteriores o en la misma lactancia.
- Pezones doloridos o agrietados, que facilitan la entrada de bacterias.
- Congestión mamaria frecuente o retención de leche porque la producción supera lo que el bebé toma.
- Técnica de lactancia inadecuada o agarre incorrecto del bebé, que provocan drenaje incompleto de la mama y aparición de grietas.
- Disminución en la frecuencia de las tomas, por ejemplo, para espaciar tomas de noche o al reincorporarse al trabajo sin plan de extracción.
- Uso de sujetadores con aros o demasiado ajustados, que pueden presionar zonas concretas del pecho.
- Posición incorrecta al dormir, presionando las mamas durante muchas horas seguidas.
- Tratamientos con antibióticos durante el embarazo o postparto que alteran la microbiota mamaria.
- Estrés intenso, falta de descanso y fatiga acumulada.
- Higiene deficiente de la piel del pecho o uso de productos agresivos que irritan el pezón.
- Dieta poco equilibrada, con déficit de antioxidantes como vitamina A, vitamina E o selenio.
- Fumar o estar expuesta de forma habitual al tabaco.
- Piercings en el pezón, que pueden interferir con la salida de la leche y favorecer infecciones.
Cómo prevenir la mastitis en la lactancia
Una gran parte de los episodios de mastitis se pueden evitar la mastitis si se cuida la técnica de lactancia desde el principio y se respetan las necesidades del bebé y de la madre. Algunas recomendaciones prácticas son:
- No poner horario rígido a las tomas. El bebé marca cuándo quiere comer. Es preferible olvidarse de normas antiguas del tipo «cada tres horas y sólo diez minutos». Un recién nacido puede necesitar hasta 12 tomas o más al día, y esto es normal y saludable.
- Procurar que el bebé vacíe bien al menos una mama en cada toma. Quien mejor drena el pecho es el bebé. Puedes variar su postura para que no queden zonas llenas de leche cuando termine.
- Usar un poco de calor suave antes de la toma, vaciar ligeramente la mama o dar un masaje muy suave puede ayudarte a ablandar el pecho y facilitar que el bebé se enganche.
- Aplicar frío suave tras la toma, sobre todo en los primeros días de ingurgitación. Nunca utilices hielo directamente sobre la piel; es suficiente con algo fresco, como una hoja de col fría, colocada sobre la mama.
- Respetar las tomas nocturnas. Son fundamentales para mantener una buena producción de leche y evitar retenciones prolongadas.
- Si te vas a incorporar al trabajo, habla con tu matrona o asesora de lactancia para elaborar un plan de destete parcial o de extracción que evite congestiones.
- Revisar con un profesional que el agarre del bebé sea correcto, que no haya dolor al inicio de la toma y que el pezón salga redondeado, sin marcas ni aplanamientos.
- Evitar sujetadores que compriman el pecho; optar por prendas de algodón y sin aros que se adapten a los cambios de volumen.
- Cuidar el descanso, la hidratación y la alimentación, pidiendo ayuda en casa siempre que sea posible para reducir el nivel de estrés.
Ante el mínimo síntoma sospechoso (bulto doloroso, zona caliente, pinchazos llamativos, fiebre o malestar) consulta con tu matrona o profesional sanitario. Muchas veces, con medidas muy sencillas y precoces se resuelve el problema y se evita que llegue a mayores.
Recuerda que quien mejor vacía tu pecho es tu bebé. No dejes la lactancia por una mastitis sin buscar ayuda antes. Pedir apoyo especializado y actuar pronto marca una gran diferencia en cómo te sientes tú y en cómo evoluciona la lactancia.
Entender qué es la mastitis, por qué aparece, cuáles son sus síntomas más frecuentes y cómo prevenirla te permite vivir la lactancia con más seguridad y confianza, sabiendo que la mayoría de los episodios se resuelven bien cuando se tratan a tiempo y que seguir amamantando suele formar parte de la solución y no del problema.


