
La historia de Marta Peñate y Tony Spina se ha convertido en el reflejo de lo que muchas parejas viven en silencio cuando intentan ser padres mediante tratamientos de fertilidad. Tras haber sufrido ya la pérdida de un embarazo, la canaria ha contado abiertamente que el último intento de fecundación in vitro tampoco ha salido como esperaba.
En esta ocasión, el test que debía traer buenas noticias ha vuelto a ser negativo, un “blanco nuclear” como ella misma lo define, y que resume a la perfección el mazazo emocional que supone. Aun así, Marta insiste en que no se rinde y recuerda que, a pesar de todo lo vivido, todavía le queda un último cartucho: “me queda un embrión”.
Un nuevo intento de FIV y otro test en blanco
Durante los últimos meses, Marta y Tony han continuado en plena lucha por lograr un embarazo. Tras la dolorosa experiencia del aborto que sufrieron hace unos meses, la pareja volvió a ponerse en manos de los especialistas para iniciar otro ciclo de fecundación in vitro, asumiendo desde el principio que no iba a ser un camino sencillo.
Tal y como ha relatado la exconcursante de realities, ha tenido que volver a pincharse, medicarse y exponerse a todo el proceso médico y emocional que conllevan estos tratamientos. Inyecciones hormonales, controles constantes, ecografías y esa espera eterna hasta poder hacerse un nuevo test de embarazo.
El resultado, sin embargo, no ha sido el esperado. Ese test que tantas esperanzas concentraba ha marcado de nuevo un resultado negativo que le ha caído como un jarro de agua fría. Marta reconoce que, aunque ya había pasado antes por algo parecido, revivirlo vuelve a doler con la misma intensidad.
“Una se vuelve a ilusionar, se vuelve a pinchar y, al final, se lleva el palo otra vez”, ha confesado en un vídeo que ha compartido con sus seguidores, donde deja ver partes muy íntimas del proceso.
“Me queda un embrión”: el último cartucho de la pareja
En su mensaje, Marta explica que su caso ya se sabía que iba a ser complicado, algo que los médicos les habían adelantado. Aun así, escuchar de nuevo que el intento no ha funcionado le ha dejado “hecha polvo” durante varios días.
A pesar de ello, insiste en que la puerta no está cerrada. En la clínica todavía conservan un embrión, el que se ha convertido en su única y última opción en este ciclo. “Me queda un embrión y, si no sacamos más, pues para adelante, nunca para atrás”, asegura, dejando claro que su intención es seguir avanzando mientras tenga alguna posibilidad.
Ese “me queda un embrión” no es solo una frase, sino la manera en la que resume la mezcla de miedo, esperanza y cansancio que arrastra después de tantos meses de intentos. Sabe que cada transferencia es una nueva oportunidad, pero también un riesgo emocional importante.
La creadora de contenido reconoce que, aunque prefiere enfrentarse a un test negativo que a otro aborto, el sufrimiento no desaparece: la ilusión acumulada, la expectativa y el esfuerzo físico y mental hacen que cada resultado sin éxito duela como una nueva pérdida.
El impacto emocional de los tratamientos de fertilidad
Marta ha sido muy clara al contar que estos días se ha sentido especialmente hundida, con ansiedad y sin fuerzas. Ha hablado sin filtros de lo difícil que resulta enfrentarse a la rutina diaria cuando por dentro estás rota, algo que muchas mujeres y parejas que atraviesan procesos de reproducción asistida reconocen de inmediato.
En sus redes sociales ha explicado que ha tenido que grabar varias campañas publicitarias “fingiendo una felicidad y una cara que no eran reales”, mientras por dentro estaba viviendo uno de los momentos más complicados de su vida. Una situación con la que se identifican muchas personas que se ven obligadas a seguir trabajando mientras gestionan duelos invisibles.
Ese contraste entre la imagen pública y lo que sucede en privado es uno de los grandes pesos que arrastran quienes se someten a estos tratamientos. En el caso de Marta, la presión aumenta por su exposición mediática: más de un millón de seguidores pendientes de cada paso, cada gesto y cada silencio.
Ella misma admite que le cuesta seguir el ritmo de las redes cuando está mal, pero también reconoce que compartir lo que siente le ayuda a sentirse acompañada y menos sola en este camino tan complejo.
Un mensaje a otras mujeres: “No estáis solas”
Más allá de contar su propia historia, Marta ha querido lanzar un mensaje directo a todas aquellas mujeres que también están en procesos de FIV, ovodonación u otros tratamientos de fertilidad y que reconocen ese “blanco nuclear” del test de embarazo.
“Tenía mil ganas de contarlo para sentirme arropada por muchas que también estáis en este camino”, ha asegurado, dirigiéndose de manera especial a quienes ya han vivido pérdidas gestacionales o resultados negativos repetidos. Sabe que detrás de cada intento fallido hay lágrimas, frustración y, muchas veces, silencio.
En sus palabras, insiste en que no se sienten solas a quienes están pasando por lo mismo: “Las que estáis en este proceso: no estáis solas”. Relata que muchas mujeres le han escrito para contarle que lo lograron a la quinta, a la sexta o incluso después de más intentos, historias que se han convertido en pequeñas lucecitas de esperanza en medio de tanto desgaste.
Por eso, aunque admite que el golpe ha sido duro, repite que no pierde la fe: “Yo sé que seré una de ellas”, dice sobre esas mujeres que, después de muchos tropiezos, finalmente consiguen abrazar a su bebé.
El apoyo de Tony Spina y de su comunidad en redes
Junto a todo el dolor que ha contado, Marta también ha querido destacar la importancia del apoyo que está recibiendo, tanto por parte de su pareja como de quienes la siguen desde hace años. En su publicación, Tony Spina le ha dejado un mensaje que resume cómo están viviendo la situación: “Se ha perdido otra batalla pero no la guerra. No sabes lo mucho que te admiro. Te amo”.
Las redes de Marta se han llenado de mensajes de ánimo, empatía y cariño de mujeres y parejas que se ven reflejadas en su historia. Muchas le han contado sus propios procesos, sus abortos, sus tratamientos interminables y también sus finales felices, con la intención de darle fuerza para seguir adelante.
Este respaldo colectivo está siendo clave para que ella se sienta “sostenida” en un momento en el que la tentación de rendirse aparece una y otra vez. Aun así, deja claro que hay días muy oscuros, en los que la tristeza y la pregunta de “¿por qué otra vez nosotros?” pesan más que la esperanza.
La influencer subraya que su intención no es dar pena, sino visibilizar un tipo de duelo del que apenas se habla: el que va ligado a los tratamientos de fertilidad, a los embarazos que no llegan y a las ilusiones que se rompen en silencio dentro de miles de casas en España y en toda Europa.
Lo que está viviendo Marta con ese “me queda un embrión” como último intento conecta con una realidad cada vez más frecuente: parejas que alargan durante años su lucha por ser padres, encadenando negativos, pérdidas y nuevos comienzos. Su decisión de contarlo con naturalidad ha convertido su proceso en altavoz de muchas otras historias que no siempre encuentran espacio en los medios.