Mi hijo adulto no me respeta

Hija y padre distantes tras la falta de entendimiento y discusión.

Hay hijos que quieren a sus padres, no obstante, no comparten su modo de hacer las cosas y les resulta complicada la convivencia con ellos.

Las relaciones entre padres e hijos son siempre complicadas, sobre todo a partir de la adolescencia. El problema se incrementa cuando el hijo adulto no respeta a los padres. Es importante que los progenitores sepan marcar límites y trabajan en ello. Seguidamente más información sobre esta situación.

Relación padres-hijo adulto

Por norma general los hijos son lo más valioso para los padres. Sin embargo, como en todo, hay excepciones, y algunos padres no llegan a valorar suficientemente al hijo. No solo eso, los padres deben saber mantenerse en su sitio, lo mismo que darles el lugar a sus retoños. Un gran error es ser amigo de un hijo. Traspasado ese umbral, las confianzas y el trato posterior del hijo adulto al padre puede resultar excesivo y rozar lo irrespetuoso.

Desde la infancia los padres deben enseñar a su hijo a respetarles, ponerles límites y hacerles cumplir normas. El hijo debe saber quien manda, quien educa y quien les ama incondicionalmente. No es suficiente decirles que se les quiere cuando el trato con ellos es escaso o poco sustancioso. Los padres son los primeros educadores y deben estar para el hijo, ayudando y confiando en sus cualidades.

La perspectiva de los padres. El respeto

Madre e hija adulta se encuentran distanciadas por su incompatibilidad de caracteres.

Cuando en la infancia se han sobrepasado límites por parte del hijo o ha imperado el pasotismo del padre, el futuro prevé escribir una relación cruda y sin respeto entre padre e hijo adulto.

Es habitual que un padre que se siente poco respetado por su hijo no alcance a entender el motivo. Los padres lo ven desde su punto de vista y están muy dentro del meollo. La perspectiva de los padres no es la misma que la de alguien que lo ve desde fuera. Para algunos hijos ese amor desmedido que considera el padre que le trasmite, no es el que necesita. A veces los hijos demandan algo que nunca llegan a recibir, bien por desconocimiento, por ignorancia, por pasotismo o comodidad.

Ser padre no es algo aprendido, debe ejercitarse con el tiempo y trabajar en ello. El ejemplo es el de padres que dicen dar todo a sus hijos, cuando por “todo” entienden elementos materiales. El hijo necesita el contacto, afecto y aprobación de sus padres. En el momento en que el hijo es consciente de su soledad, su falta de apoyo…, se rebela y la relación deja de ser lo idílica que pudiera ser. En la adultez el hijo mira hacia atrás y nota ese vacío que no fue cubierto. Es muy importante la comunicación entre padres e hijos para no llegar a ese punto, probablemente sin retorno.

El tipo de infancia hace el respeto

El hijo adulto llega a esa etapa habiendo hecho un recorrido. Hay muchos aspectos que él conoce y ha vivido que le han hecho tomar ciertas determinaciones. Nada puede justificar la falta de respeto a un padre. El análisis para concluir los motivos es muy complejo y largo. Seguramente serían precisas sesiones con terapeutas y profesionales, no obstante, influyen las personalidades y caracteres de padre e hijo, el tipo de relación que se ha formado desde el principio y el encaje que ambos han tenido.

En ocasiones hay amor pero no hay solidez, no hay la suficiente conexión como para quererse y respetarse sin prestar demasiada atención a otros condicionantes. Hay hijos que quieren a sus padres pero no pueden convivir con ellos y su modo de hacer las cosas. Los padres no deben agobiarse ni culpabilizarse. Errar es de humanos, es natural. A nadie le dicen cómo serán las cosas, ni cómo serán sus hijos. El hecho es intentar hacer las cosas desde el corazón, desde la intención de lograr que el hijo se sienta arropado, no atosigado, pero sí acompañado. Es verdad que el respeto se gana, un padre tiene parte hecha, pero el otro porcentaje debe ganarse.

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