¡Mi hijo se aburre!

Desde hace varios años ya que escuchamos insistentemente esta frase, sin embargo, en algunos aspectos es importante que nuestros hijos aprendan a aburrirse y dejar de organizarles agendas de gerentes de grandes empresas para lidiar con algo que en lugar de parecernos natural lo vivimos como si fuese nuestra culpa.

Algunos de nuestros chicos no tienen tiempo ni de respirar: doble jornada en la escuela, deportes, idiomas, expresión artística…

Estimular la expresión artística, desarrollar una actividad deportiva para su buen desarrollo físico y aumentar su disciplina y sociabilidad, entrenarlos desde pequeños en la adquisición de un idioma…todo está bien. Pero sumergirlos en un tiempo pautado desde que se levantan hasta que se van a dormir es también enseñarles a no saber qué hacer con el tiempo vacío e inculcarles, en cierto modo, que nuestro rol como padres es la de animadores socio-culturales. Si se aburren en nuestra culpa.

Sin embargo, aburrirse está bien. Cuando un niño, o un adolescente se aburren o simplemente tiene tiempo para no hacer nada, está aprendiendo a estar consigo mismo, a pensar, a soñar despierto, a imaginar y a administrar su ocio.

Muchos padres creen que deben enseñarles a sus hijos que la vida de un adulto es sinónimo de trabajo y de agendas cargadas de actividades y que desde pequeños deben aprender a administrarse.

Los últimos estudios al respecto alertan sobre estas sobrecargas que viven muchos niños y alientan a los padres a permitirles un tiempo de aburrimiento para que puedan aprender a soñar, a inventar a tomar iniciativas ya que el mayor riesgo reside en que más tarde no puedan organizar sus vidas sin ayuda externa y que no hayan logrado tener confianza en sí mismos.


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