Mis hijos se convierten en adolescentes pero yo no me siento vacía

Mis hijos se convierten en adolescentes pero yo no me siento vacía

Esta es una reflexión personal, pero creo que puede coincidir con el sentir de muchas mamás y de muchos papás; es más: creo que puede ayudar a quien nos esté leyendo, si se tienen los niños aún muy pequeños. Desde el nacimiento de mi primer hijo hace más de 11 años, hemos seguido un estilo de crianza y educación basados en el respeto por las necesidades básicas, y las emociones de los pequeños.

Ello (como podréis imaginar) suscitó en su día varias críticas debido a lo que las personas que opinan creían que era lo mejor para nuestra familia. Ya sabéis, cosas como: ‘¿aún le das teta?’, ‘¿cómo es que va siempre en brazos?’, ‘si duerme con vosotros no crecerá’, ‘¡no le hagáis caso cuando llore!’; y un largo etcétera. No entendía por qué no metiéndome yo en asuntos ajenos, otros querían aconsejar sin que se les pidiera su opinión. La cuestión es que en respuesta a quien afirma que todos los papás y mamás que hemos establecido vínculos muy estrechos con los niños, nos sentimos vacíos en el momento con los hijos adolescentes, tengo que decir que:

No me siento vacía aunque mi hijo (según su libro de Conocimiento del Medio, y también según la OMS) es ya un adolescente…, en la adolescencia temprana, se entiende

Y no me siento vacía porque nuestro apego cuando él más lo necesitaba, ha sido prestado, y eso es suficiente tanto para el niño como para nosotros. Tampoco porque han sido unos años de mucha proximidad, y ahora entiendo a la perfección que ‘mire más al exterior del hogar que hacia nosotros’. Además es que me conecto mucho con mis ciclos vitales, y ello implica saber adaptarme a cada uno de ellos, lo cual me impide sentirme vacía por el mero hecho de que mis hijos crezcan.

Cercanía cuando son bebés y libertad cuando crecen

Haber criado a dos niños que se llevan muy poquito tiempo no ha sido fácil, y a pesar de ello, siempre hemos tendido instintivamente a ofrecer proximidad (como lo hacen otros mamíferos). Tampoco resulta sencillo en medio de una sociedad individualista que falta el respeto continuamente a los más vulnerables, acompañar de cerca en el desarrollo, y escuchar las vocecitas y sentimientos de los más pequeños. Pero puse todo mi empeño en ello, y a pesar de todos los errores que he cometido, y de mis imperfecciones, he mantenido una constante en las relaciones con mis hijos.

Mis hijos se convierten en adolescentes pero yo no me siento vacía

Hace más de doce años que me quedé embarazada por primera vez, y a partir de ese momento el vínculo con la pequeña criatura fue tan estrecho, que cualquier consejo en el sentido de desoír mi instinto, caía en saco roto. Ahora tengo a un chico cada vez más próximo a la edad adulta, que se va forjando su propio criterio sobre el mundo, y se va preparando para ‘volar’.  Fue un bebé protegido y aceptado, fue un niño pequeño muy abrazado y consolado… y ahora es seguro emocionalmente, tiene un gran sentido de la justicia, manifiesta empatía para con los demás, y es aceptado en casa de cualquier amigo porque sabe estar en cualquier situación.

Tan mal no lo hemos hecho, pero vuelvo a decir: no me siento vacía en absoluto. Lo bonito de la vida es que fluye, y es cíclica, jamás pretendí que cuando tuviera 12 años aún fuera de mi mano, pero es que ahora compruebo que en mi interior no hay más que felicidad por la persona en la que se está convirtiendo, y confianza en sus capacidades.


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Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

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