Narcolepsia en los niños, nada de frivolizar con ella

La narcolepsia es un trastorno de la regulación del sueño. Se caracteriza por una somnolencia diurna excesiva, y puede estar acompañada o no de episodios de cataplejia, alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas. Esta enfermedad no se cura y es complicada de diagnosticar.

Si un niño tiene narcolepsia significa que también se está enfrentando al miedo a la cataplejia, que es perder de pronto el tono muscular, con lo que hay un desplome de repente, y a las alucinaciones. A esto hay que sumar que entre sus compañeros y amigos pueden ser tachados de perezosos y vagos o poco inteligentes. No hablamos de un simple trastorno del sueño, y no hay que frivolizar con ella.

Cómo detectar si mi hijo tiene narcolepsia

Es imprescindible una asistencia profesional, porque aunque la narcolepsia se inicia en la infancia, habitualmente pasa desapercibida o se diagnostica y trata erróneamente. Hasta ahora los fármacos que se utilizan en este trastorno no son muy efectivos, por lo que el tratamiento debe orientarse más a la adaptación del entorno al niño y la prevención de problemas psicosociales que origina.

Lo más llamativo de la narcolepsia son los episodios de sueño brusco e intenso que suelen durar muy poco. Puede aparecer casi en cualquier situación, pero ocurren más cuando el niño o la niña está relajado. A veces los episodios son tan breves que puede que nadie se de cuenta. Si se le estimula se despierta sin problema, y es consciente de la sensación de sueño. Aunque surge en la infancia, los episodios más frecuentes se dan a partir de la adolescencia.

Las personas con narcolepsia pueden padecer las denominadas parálisis del sueño, en las que tiene imposibilidad para mover los músculos durante unos instantes, incluso si se está despierto. Estas parálisis pueden asociarse a cuadros de alucinaciones en los que el niño ve, oye y siente cosas que sabe que no existen. Esto asusta mucho al niño, ya que a veces se asocia a cuestiones psiquiátricas.

Buenos hábitos que ayudan a controlarla

hijo no quiere dormir

La única forma de controlar eficazmente la narcolepsia es mediante un correcto tratamiento preventivo, con buenos hábitos de sueño y evitando las situaciones y las actividades que conlleven riesgo en caso de ataque súbito. Curiosamente la risa contínua puede provocar uno de estos episodios de cataplejia, al sentirse el niño completamente relajado y feliz. Con esto no estamos diciendo que no haya carcajadas, es sólo un dato.

Los últimos estudios han revelado que los niños y adolescentes con narcolespia tienen un aumento de peso importante, que deberá tenerse en cuenta como señal de alerta para el diagnóstico. Como siempre te recomendamos una buena alimentación es la base de una buena salud.

Es fundamental mantener una rutina antes de irse a la cama por la noche y disponer de un entorno apropiado; seguir unos horarios regulares para acostarse y levantarse; evitar bebidas y alimentos excitantes. Es recomendable practicar algún tipo de ejercicio de relajación, dar paseos de día para facilitar el aumento de melatonina en la noche. Los especialistas también recomiendan breves siestas programadas.

Narcolepsia en la escuela

Para que el niño pueda llevar una vida normal, la familia y la escuela tienen que ayudar y para eso es imprescindible que los padres informen en el colegio, a los amigos sobre la enfermedad y las necesidades de su hijo, de manera que puedan ayudarle si sufre un ataque de cataplejia. El objetivo es que el niño se integre en su entorno, transmitir la idea de que es un buen alumno o alumna para que no sea objeto de burla.

La somnolencia diurna y los episodios de sueño espontáneos implican problemas de atención, que afectan el aprendizaje. Hay que tratar de adecuar los horarios y las tareas escolares a la necesidad del niño.

Para que veas que con tratamiento y una buena higiene del sueño no hay ningún problema de desarrollo te damos tres nombres de la historia importante que tuvieron narcolepsia, Winston Churchill, Thomas Edison y Louis Braille. Una curiosidad Jordi Evole, el periodista también está diagnosticado de esta enfermedad.

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