¿Son necesarios los tactos vaginales durante el embarazo y parto?

Si estás o has estado embarazada, probablemente ya sabrás lo que es un tacto vaginal. Para las que aún no lo sepáis, es una prueba que tiene como principal objetivo conocer el estado del cuello uterino. Esta exploración la realizan los especialistas (matronas o ginecólogas), y ha de llevarse acabo con delicadeza y sobre todo, con previo consentimiento de la mujer. Consiste en introducir el dedo índice y corazón en la vagina de la mujer hasta alcanzar la entrada al útero. Un “largo” e incomodo viaje.

Los tactos vaginales están pasando a formar parte de las exploraciones rutinarias a partir de la semana 36-37 de embarazo; algo totalmente innecesario siempre y cuando el bebé y la madre estén bien. Además, durante el parto se hacen demasiados tactos vaginales por “protocolo”; cada hora aproximadamente comprueban si la dilatación avanza y si el bebé tiene la cabeza bien encajada. Hay algunos casos en los que los tactos están justificados, pero en muchos otros deberían de ser evitados por los posibles riesgos que conllevan. 

Tactos vaginales justificados

En algunas ocasiones durante el embarazo la mujer puede experimentar contracciones de alta intensidad antes de la semana 37. El médico, además de monitorizar a la madre y al bebé, puede querer explotar el cuello uterino para descartar que esté dilatándose antes de tiempo.

Durante el parto, una bajada de pulsaciones en el bebe, un sangrado vaginal abundante o alguna otra sospecha de que algo no marcha adecuadamente, puede requerir de un tacto vaginal. En estos casos, y siempre depende de la situación, realizar un tacto puede estar más que justificado; aunque la última palabra siempre la vas a tener tú como mujer.

No obstante, la OMS recomienda no hacer más de un tacto vaginal cada 4 horas y evitarlos siempre en la medida de lo posible por las posibles complicaciones que algo tan “sencillo” pero invasivo puede acarrear.

Peligros de los tactos vaginales

El principal riesgo de realizar un tacto vaginal es la posibilidad de contraer alguna infección. Aunque se realicen de forma higiénica, con guantes estériles y demás, la probabilidad de que las bacterias oportunistas colonicen zonas delicadas es alta, ya que al introducir los dedos en el canal de parto estamos ayudándolas a desplazarse hacia la entrada del útero.

Durante el embarazo los tactos vaginales injustificados están totalmente fuera de lugar. Además del riesgo de infección, existe la posibilidad que, a realizar esta maniobra, el cuello uterino se “confunda” y comience a dilatar por la presión recibida en el tacto. O que suceda lo contrario; que debido al estrés producido en la madre, el parto de inicio espontaneo se atrase. Una mujer que tiene contracciones irregulares y que claramente no está de parto, no debería de ser sometida a este tipo de exploración.

Los protocolos no están por encima de la decisión personal de ninguna mujer. Si no quieres que te realicen ningún tacto vaginal, estás en tu pleno derecho. El parto es tuyo.


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Embarazo

Yasmina Martínez

Madre en prácticas, Youtuber a ratos y Técnico Superior de Laboratorio. Cumplí mi sueño de ser madre joven, cada día es una nueva aventura, ¡y... Ver perfil ›

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