Los adolescentes parecen criaturas nocturnas. Justo cuando los padres están listos para relajarse un poco e intentar dormir y descansar para recuperarse de las demandas del trabajo y de la vida en general, los adolescentes empiezan a querer salir por la noche, algo que sin duda preocupa a los padres y les hace pasar malas noches de sueño. Muchos adolescentes piensan que la noche es la mejor parte del día, porque la asocian con libertad, grupo de amigos y nuevas experiencias.
Cuando los niños comienzan a ser adolescentes empezarán a sentir esas ganas de salir por las noches con una parte fundamental de su vida: sus amigos y su grupo de iguales. Los niños deberán ir a la cama temprano, pero los adolescentes quieren tener más resistencia e intentan dormir más tarde, sin que les importe mucho las consecuencias negativas que ello supone (más cansancio, fatiga, malestar general, menor rendimiento escolar, etc.). En esta etapa, además, se produce un cambio natural en el ritmo circadiano: su reloj biológico tiende a retrasarse y sienten sueño más tarde, por lo que conviene hablar abiertamente también de hábitos de descanso saludables.
Para muchas familias, las primeras salidas de noche son un momento de ilusión mezclada con miedo. A los adolescentes les atrae la idea de estar sin adultos, de noche, con sus amigos, tomando decisiones por sí mismos; a los padres les vienen a la cabeza todos los riesgos posibles: alcohol, drogas, amistades nuevas, violencia o sexo sin protección. Acompañar este proceso con calma, información y límites claros es clave para protegerlos sin caer en la sobreprotección.
El toque de queda nocturno

Los adolescentes parece también que están programado para odiar el toque de queda, sea cuál sea. No importa si es a las 11 de la noche como a la 1 de la mañana, si pueden negociar e intentar que sea más tarde, mejor. Ellos sienten que se trata del control de sus vidas o de la confianza con sus padres, y por eso a menudo viven la hora de llegada como una prueba de autonomía.
Un toque de queda es necesario para todos los adolescentes para poder trabajar la responsabilidad en ellos y que se den cuenta de que en la noche pueden encontrar diversión, pero también situaciones de riesgo. Además, el toque de queda es un reflejo de los padres sobre su preocupación acerca de la seguridad de sus hijos, para potenciar su bienestar. Los adolescentes lo más probable es que quieran negociar con frases del tipo: «Soy el único que se tiene que volver a las 11» (algo que seguramente no será cierto, pero no debes decir que sabes que no es cierto), o quizá: «Si confías en mí me dejarías hasta la 1». No cedas a sus intentos de manipulación emocional y céntrate en el mensaje de fondo, con frases del tipo: «Te quiero, me preocupo por ti y quiero ayudarte a mantenerte a salvo».
Es importante transmitir que los límites horarios no son un castigo ni una desconfianza personal, sino una guía para moverse con seguridad en un entorno en el que todavía no tienen toda la experiencia necesaria. Los padres no pueden controlar lo que ocurre en la noche, pero sí pueden definir un marco claro que les ayude a tomar mejores decisiones.
En este punto resulta útil recordar también que los límites son diferentes en cada familia. Que otros padres permitan horarios más amplios no significa que tengas que imitarles. Cada hogar tiene sus normas, y tu hijo debe aprender a moverse en reglas distintas según el contexto, algo que le será útil toda la vida.

Cómo acostumbrar a tu hijo a los toques de queda
Para que tu hijo se acostumbre a los toques de queda y puedas negociar bien sus horas y salidas nocturnas deberás hacerlo desde que son pequeños, las rutinas te ayudarán a conseguirlo y por eso, desde que un niño nace sus padres deben inculcarle las rutinas en su día a día. La adolescencia no empieza de repente, se prepara muchos años antes con hábitos y normas coherentes.
Por ejemplo, por la noche antes de dormir se le puede permitir jugar a un niño pequeño unos minutos, pero a una hora concreta deberán estar las luces apagadas y él durmiendo (la hora se puede modificar dependiendo de las rutinas de cada familia). Un ejemplo práctico que muchos padres utilizan es fijar las luces apagadas hacia las 22:00 en edades escolares, adaptando ese horario a las necesidades y actividades familiares.
Con esto el niño aprende que hay momentos para divertirse y momentos para descansar, y que la vida diaria se organiza con ciertos horarios. Cuando tu hijo va a secundaria, los adolescentes comienzan a quedarse hasta más tarde en casa de sus amigos. Es muy importante reforzar la importancia de dormir las horas adecuadas y que el adolescente lo sienta también como algo importante para poder rendir en la escuela, en el deporte u otras actividades que realice. El toque de queda debe permitir que sea capaz de desenvolverse bien en sus responsabilidades y en su crecimiento interno, y que sus salidas no interfieran con su salud ni con la dinámica familiar.
También es recomendable que el adolescente conozca con antelación cuáles son las normas: qué días puede salir, hasta qué hora, con quién, cómo volverá a casa y qué ocurrirá si no cumple lo acordado. Anticipar estas reglas reduce discusiones de última hora y evita que sienta que las decisiones son arbitrarias.

¿Hasta qué hora puedo permanecer fuera?
Seguramente sea una pregunta que tu hijo se haga bastante a menudo. Algunos padres prefieren un toque de queda establecido y otros prefieren variar las decisiones dependiendo de las circunstancias, es decir, prefieren ser algo flexibles para que sus hijos sientan la confianza que depositan en ellos en cada momento.
Por ejemplo, por las noches volver a las 22.30h puede ser aceptable en época de clases, pero en otras circunstancias, si es una fiesta local o el cumpleaños de algún amigo, quizá las 00.00h tenga también bastante sentido. La flexibilidad bien planteada anima a los adolescentes a demostrar su responsabilidad a cambio de privilegios ampliados. Esto no significa que el toque de queda sea también flexible en el mismo día: si un toque de queda es a las 00.00h no significa que deba ser hasta las 00.30h.
Si le permites a tu hijo llegar un día especial más tarde a casa es porque te ha demostrado que habitualmente llega a casa a tiempo y respeta los horarios establecidos, en caso contrario, estos privilegios no podrán ser disfrutados. Aquí es útil convertir los acuerdos en algo explícito: podéis incluso hacer un «contrato» verbal o escrito donde queden claras la hora de llegada y las consecuencias del incumplimiento.
Cuando los hijos adolescentes crecen y se convierten en jóvenes, muchos de ellos se independizan y empezarán a volver a casa dependiendo de su criterio únicamente. Para educar a los hijos y que sean capaces de tomar decisiones inteligentes para sí mismos es necesario que hayan aprendido que los horarios de vuelta son importantes y que necesitan descansar. No debe depender de que otra persona le diga qué hacer, es muy importante que tenga su propio criterio para poder evaluar riesgos, decir que no en situaciones incómodas y cuidar de su salud física y emocional.

Habla con tu hijo
Un buen punto de partida es preguntarle a tu hijo lo que piensa sobre los toques de queda y qué es para él un horario razonable. Escucharle no implica aceptar todo lo que pida, pero sí le muestra que su opinión es tenida en cuenta. Recuerda que el toque de queda es importante para mantener a tu hijo a salvo, para trabajar la responsabilidad y que se convierta en un adulto equilibrado y con éxito.
Tu nivel de comodidad, el nivel de comodidad de tu hijo y un acuerdo mutuo es buena manera de comenzar a negociar la hora de queda. Es necesario que tu hijo entienda que no es una competición para saber quién tiene más el control, es una decisión que debe ser tomada por ambos y deberá ser razonable, donde ambas partes se sientan relativamente bien con la decisión tomada, aunque ninguno consiga exactamente lo que quería al principio.
En estas conversaciones es clave usar una comunicación clara y asertiva: expresar tus miedos y expectativas sin dramatismos, sin sermones interminables y evitando los reproches globales. Mensajes breves del tipo: «Me preocupa que haya alcohol y que puedas verte en una situación peligrosa» o «Espero que me avises si hay algún cambio de plan» suelen ser más efectivos que largos discursos que el adolescente desconectará rápidamente.
Si es necesario puedes conocer a los padres de los amigos de tus hijos para hablar sobre las horas de toque de queda y las normas. Es ideal tener normas similares y comunes, pero sobre todo, estar en conocimiento de las normas de otros chicos y chicas, no para seguirlas, pero sí para tomarlas en cuenta cuando tu hijo quiera manipular tu decisión. Deberás ser firme en la hora de queda establecida, aunque hayas sido flexible anteriormente, y mostrarle que las consecuencias pactadas se cumplen.
También conviene hablar abiertamente de lo que se puede encontrar en la noche: ofertas de alcohol, tabaco o drogas, presión del grupo para seguir la fiesta, invitaciones a subir a un coche con alguien que ha bebido, situaciones de violencia o de relaciones sexuales sin consentimiento claro. Tu hijo necesita saber que puede acudir a ti en cualquier momento si se siente incómodo o en peligro, sin miedo a ser juzgado en ese instante. Las reflexiones y posibles consecuencias se hablarán al día siguiente, cuando las emociones estén más calmadas.

Riesgos habituales de las salidas nocturnas y cómo prevenirlos
El ocio nocturno ofrece a los adolescentes diversión, socialización y sensación de libertad, pero también les expone a riesgos que conviene conocer. No se trata de asustarles, sino de informarles sin dramatismos para que puedan tomar mejores decisiones.
Entre los riesgos más habituales están los asociados al consumo de alcohol: borracheras, pérdida de control, accidentes, peleas, prácticas sexuales de riesgo o subir a vehículos con conductores que han bebido. En menores, el alcohol afecta especialmente al cerebro en desarrollo y está relacionado con problemas de memoria, dificultades cognitivas y mayor vulnerabilidad a otras sustancias.
Otro bloque de riesgos tiene que ver con la violencia y los abusos, especialmente en espacios muy masculinizados donde se normalizan comentarios sexistas, tocamientos no deseados o presiones para mantener relaciones sexuales. En este contexto, hay que hablar también de la llamada sumisión química: tanto la que se produce al introducir sustancias en la bebida como la que se genera simplemente emborrachando a una persona para aprovecharse de ella.
Algunas ideas clave para trabajar estos riesgos con tus hijos son:
- Hablar con naturalidad de alcohol, drogas, sexo, consentimiento y respeto, dejando claro que la culpa nunca es de la víctima, independientemente de cómo iba vestida, cuánto había bebido o si se quedó sola.
- Recordar que quien calla o jalea ante un abuso también es responsable, y animarles a situarse siempre del lado de la persona que sufre una agresión o situación injusta.
- Insistir en que nunca dejen atrás a sus amistades en un entorno de ocio, aunque eso implique llegar un poco más tarde a casa de lo previsto, y pactar previamente cómo actuarán si alguien del grupo se encuentra mal.
- Explicar que tienen derecho a divertirse de noche, también las chicas, y que tomar medidas de seguridad no significa renunciar a sus derechos, sino ejercerlos con más fuerza.
En este acompañamiento es muy valioso que perciban que, ante una situación de riesgo o vulnerabilidad, tu prioridad absoluta será su bienestar. Ya habrá tiempo de hablar sobre límites y responsabilidades cuando todo haya pasado y estéis tranquilos.
Consejos para que los hijos cumplan el toque de queda

- Escribir una hoja de registro de la hora exacta de llegada de tu hijo a casa y cuando acabe la semana acordar la hora de queda de la semana siguiente, en función del grado de cumplimiento.
- Aplicar consecuencias establecidas de antemano en caso de que no cumpla con los horarios y en el caso de que sí los cumpla. Cumplir lo acordado, tanto para premiar como para corregir, es esencial para que el límite sea creíble.
- Cuando llegue a casa dile que te despierte para darte las buenas noches, así estarás tranquila de que ha llegado a casa y podrás saber si ha llegado bien (y no ha consumido alcohol u otras sustancias en exceso).
- Dejar claro que, en caso de imprevisto, puede llamarte a cualquier hora para que le recojas o le ayudes a salir de una situación difícil, sin miedo a broncas inmediatas.
Si no respeta el toque de queda por la noche, no discutas en el momento y dile que hablarás con él/ella por la mañana. Decirle que has estado preocupado es una buena forma para que piense sobre sus actos y que al día siguiente se establezcan las consecuencias por haberse saltado el toque de queda, ya que hay que dejar claro que las libertades sólo se consiguen mostrando responsabilidad y los privilegios se pierden cuando el comportamiento muestra la incapacidad de manejar las libertades.
La clave de todo este proceso es construir con tu hijo una relación de confianza y comunicación en la que pueda expresarse sin miedo a ser juzgado, conozca los riesgos reales de las salidas nocturnas y entienda que los límites no son una barrera caprichosa, sino una forma de cuidarle mientras aprende a cuidarse por sí mismo. Con información clara, normas coherentes y presencia emocional, las negociaciones sobre las salidas nocturnas pueden convertirse en un espacio privilegiado para acompañar su camino hacia la autonomía.
