Los niños expuestos al estrés tóxico podrían desarrollar comportamientos antisociales

Estrés Social

Ayer os hablaba sobre la situación de los niños en zonas de conflictos bélicos, y tras esta frase: “Los niños que habitan en zonas de conflicto están a menudo expuestos a traumas extremos que les ponen en riesgo de vivir en un estado de estrés tóxico”, creí necesario ampliar este concepto del que poco se habla habitualmente. Aunque el estrés es una respuesta sana ante peligros o amenazas externas, pierde su función si obligamos a nuestros organismos a segregar continuamente las hormonas que lo generan.

Casi sin darnos cuente, mantenemos a nuestras hijas e hijos en situación de alerta de manera continuada, y el estrés se cronifica: maltrato en cualquiera de sus formas, presiones o exigencias académicas demasiado elevadas, victimización debida a bullying, etc. Durante la infancia, y dado que es una etapa en la que se esperan cuidados y protección, los efectos fisiológicos del estrés, regresan a sus valores normales cuando los peques cuentan con apoyo de los adultos que se ocupan de ellos.

No es así cuando el estrés como respuesta se mantiene en el tiempo o se intensifica; puede ocurrir cuando las niñas y los niños viven en entornos violentos, en situación de abandono o en adversidad muy extrema. Y cuando – además – no hay mayores en los que apoyarse, que ayuden en la adaptación; o si los hay pasan mucho tiempo alejados de los niños, sufren algún tipo de adicción o enfermedad mental, o por otras razones, no son capaces de ubicarse como figuras protectoras de referencia.

Estrés tóxico: cuando la arquitectura del cerebro es dañada.

Ha sido la biología del estrés, y el conocimiento de cómo funciona el cerebro de los niños y adolescentes, las que han puesto sobre la mesa un tema importante; aunque con tener sentido común, puedo imaginar que el desarrollo de un peque con sus necesidades cubiertas y apoyo / afecto de los adultos con los que convive y se relaciona, no puede ser el mismo que en casos de circunstancias adversas y desprotección.

Una niña o un niño expuesto a estrés tóxico puede manifestar comportamientos antisociales, y ver su rendimiento académico afectado, o sufrir mala salud

Habitualmente diferenciamos las respuestas al estrés entre positivas, tolerables y tóxicas. Es una simple categorización, pero lo interesante de ella es entender que las familias somos capaces de prevenir el estrés tóxico, siempre que esté en nuestras manos (las mamás y los papás que han salido de Siria con sus peques a cuestas lo tienen más difícil, es un ejemplo claro para que se vea que la intervención de la familia puede estar limitada).

La activación sostenida de estas respuestas de las que estamos hablando es una situación de riesgo para el desarrollo de cualquier niña o niño. Por eso en los miles de casos citados ayer (niños en países en guerra o refugiados), se pide a las comunidades que intervengan para dar soporte a los progenitores que no son capaces de apoyar a sus hijos e hijas, o en su ausencia.

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Estrés tóxico: no siempre lo tenemos tan lejos.

Algunas de las situaciones críticas para que el estrés deje de ser tolerable, ya han sido enumeradas más arriba: comunidades violentas, guerras, desamparo, precariedad, abandono,… y sin el sostén de familiares adultos. No siempre es así: cualquier tipo de maltrato, puede generar miedo de forma sostenida; y (huelga decirlo) pero el maltrato psicológico (humillaciones, miradas despectivas o ambiguas, ironías) también afecta a la capacidad de un menor de sobreponerse a la situación estresante. Siempre que – claro está – sea realizado de forma continuada.

Algunos ejemplos de situaciones (y algunas son aceptadas) generadoras de estrés tóxico:

  • Abuso sexual infantil.
  • Negligencia o desatención.
  • Dejar llorar a un bebé.
  • Bullying.
  • Amenazas continuadas.

Las bases del desarrollo cerebral se sientan en los primeros años de vida (entre 5 y 7), pero este desarrollo no está completo todavía en la adolescencia, por lo que aunque el estrés tóxico se vincula más frecuentemente con niños pequeños, tampoco podemos olvidar a los preadolescentes y adolescentes.

El estrés tóxico está relacionado con la aparición de ansiedad o estrés postraumático; pero lo más importante es darnos cuenta de que hay otros muchos efectos (relacionales, cognitivos, etc) que podrían perdurar en el tiempo.


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Salud

Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

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