A puntito estamos de celebrar Halloween, una fiesta que para mi hija pequeña es la “mejor del año” (¿dónde quedaron esos niños ilusionados por la Navidad? ); y para la mayoría de los peques es un motivo de diversión. No hace falta que recordemos el origen celta de la celebración, ni tampoco que con un poquito de ingenio y buen humor, no nos hará falta comprar complementos de plástico, docenas de dulces para regalar, ni disfraces que se rompen al segundo día.
Pero lo que os quiero contar hoy son una serie de consejos para que los niños no tan pequeños vivan su particular Halloween con seguridad. Si tienes hijas e hijos mayores de 10 años, es probable que prefieran ir a su aire, y tú te tendrás que conformar con los recuerdos de aquellos tiempos en los que reunías a sus amigos en casa para leer cuentos de terror o fabricar cestitas caseras para que pudieran recoger cómodamente los caramelos. Es verdad: según el entorno en el que vivas, a esas edades ya pueden reunirse con compañeros y amigos, no hay nada de malo en ello, eso sí: siempre pensando en la seguridad.
Además de esa primera autonomía en la calle, conviene tener presente que Halloween concentra muchos factores de riesgo: más tráfico de peatones y vehículos al caer la tarde, disfraces que limitan la visión, golosinas de procedencia diversa y, en ocasiones, multitudes y fiestas. Por eso, cuanto mejor planificada esté la tarde o la noche, más fácil será que todo se quede en una experiencia divertida para recordar.
Halloween, y los niños que ya salen solos por la calle
Como he mencionado, los 10 años pueden ser la “edad de corte”, y quizás pienses, “¿qué? ¡pero si mi barrio es demasiado grande y nadie conoce a nadie!”. De acuerdo, hay casos en los que se puede esperar un poco, pero lo que es inevitable es que tarde o temprano, en Halloween o en las fiestas locales, el que fue tu bebé ya no querrá ir de tu mano, es así. A partir de ahí, la clave está en valorar si el entorno y su madurez hacen razonable esa autonomía.
Lo primero es valorar el entorno en el que vives con calma, lo cual implica pararse a observar, a cualquier hora del día, cómo es realmente el barrio en el que tu hijo quiere moverse sin ti.
- Ser consciente de las limitaciones debidas al tráfico que existen: mucho tráfico, pocos elementos de regulación, pasos de peatones mal señalizados, cruces complicados, coches que aparcan en doble fila, etc.
- Darse cuenta de los elementos urbanísticos que a priori pueden ser inseguros: calles con poca iluminación, descampados, solares sin vallar, parques muy escondidos, callejones que obliguen a atajar lejos de las zonas transitadas.
- No es lo mismo un barrio en el que se conozcan todos y haya vida en la calle que otro de reciente construcción en el que prácticamente nadie haga vida, más que para regresar a cenar y a dormir.
- Red comercial y establecimientos de comida y restauración: cualquiera se siente más cómodo dejando que sus retoños deambulen por calles en las que exista una fuerte red de comercio local, y, en consecuencia, dependientes y personal al que poder acudir en caso de duda o necesidad.
- ¿Tu hijo quiere quedar en otro barrio porque es donde viven sus amigos? Infórmate antes: cómo se llega, qué zonas son más seguras, dónde están las vías principales.
- ¿Sabes si los niños se orientan bien? Algunos manejan sin problema un plano básico del barrio, otros se despistan con facilidad. Merece la pena entrenar esa orientación días antes.
- Valora también si hay parques, plazas o centros cívicos que puedan servir de punto de encuentro seguro, en lugar de quedar en zonas de tráfico intenso.
No son más que preguntas para realizar la valoración previa. Solo tú conoces hasta qué punto tu hijo está preparado para caminar con su grupo sin adultos cerca, pero anticipar los posibles problemas te permitirá poner límites claros y razonables.
Conviene recordar que, según diversas entidades de seguridad vial, las horas entre la tarde y la primera noche concentran más accidentes de peatones infantiles que otros momentos del día, especialmente cuando la visibilidad es reducida y los niños van excitados corriendo de puerta en puerta. Esto no significa que tengas que alarmarte, sino que ajustar bien los horarios y el recorrido reducirá buena parte del riesgo.

Preparemos el terreno
A los 13 o 14 años creerán que invades su intimidad si pretendes hablar con las madres o padres de sus compañeras (también lo pensarán si llamas al tutor para mantener una reunión ). Pero si son más jovencitos, toca tener una mínima coordinación con otras familias para que todos transmitan los mismos mensajes en cuanto a horarios, normas y lugares permitidos.
Esa coordinación es especialmente útil en Halloween, porque suele haber más movimiento de menores en la calle, muchos de ellos disfrazados, y quizá un adulto no pueda estar físicamente con todos a la vez. Si las familias se ponen de acuerdo, los niños reciben un mensaje coherente y es más fácil que lo cumplan.
- Estableced una hora de salida y de regreso que todos conozcan, en función de la edad: cuanto más pequeños, más pronto deberían estar en casa para evitar coincidir con conductores cansados o festivos.
- Consensuad los lugares por los que pueden caminar: calles principales, plazas y casas conocidas. Podéis incluso dibujar juntos un pequeño plano con el recorrido para pedir dulces.
- Definid unas reglas básicas de convivencia: respeto a otras personas y a la propiedad privada, no dejar a nadie del grupo solo, no burlarse de otros niños, evitar retos peligrosos o gamberradas.
- Acordad qué hacer si el grupo se separa o alguien se pierde: punto de encuentro claro (por ejemplo, la puerta de una tienda concreta) y teléfonos a los que llamar.
- Comentad también los límites en el consumo de dulces durante la salida, sobre todo si hay niños con alergias o problemas de salud que obliguen a extremar la prudencia.
Asegúrate de que todos los adultos responsables van a comunicarse con sus hijos antes de que estos salgan. Un rato de charla relajada, repasando la ruta, las normas de tráfico, lo que está permitido y lo que no, marcará la diferencia entre improvisar y salir con un plan.
Para los niños mayores que ya salen en grupo, es buena idea pedirles que compartan su ruta aproximada y mantengan el móvil con batería. No hace falta llamar cada cinco minutos, pero sí acordar momentos concretos para enviar un mensaje rápido avisando de que todo va bien.
Si en tu familia hay conductores adolescentes, no olvides tratar también la parte de seguridad al volante en Halloween: más peatones, muchos de ellos disfrazados y con menor visibilidad, y posibles distracciones. Limitar los desplazamientos innecesarios y recordar que hay que conducir aún más despacio en zonas residenciales es esencial.

Otros consejos para una noche de Halloween segura
Más allá de la organización general, hay detalles concretos que marcan la diferencia en la seguridad. Muchos de ellos tienen que ver con cómo van equipados los niños, cómo se mueven por la calle y cómo gestionan las golosinas que reciben.
Seguridad con móviles, linternas y desplazamientos
- Si uno del grupo lleva móvil, mejor; anotadle en la libreta de contactos los teléfonos de la Policía Local y Emergencias Sanitarias, también los números de varios padres o madres. Conviene explicarles cuándo es apropiado utilizar estos números y cuándo no lo es.
- Es conveniente que vayan equipados con linternas o barras luminosas. Nadie queremos que se metan en un solar sin farolas, pero en el fondo ellos saben que si no corren esos riesgos entre los 10 y los 15, no los van a correr nunca. Mejor que, si deciden explorar, lo hagan al menos viendo por dónde pisan.
- Recuérdales que deben caminar siempre por la acera y, si no la hay, hacerlo por el lado contrario al tráfico, de cara a los coches. Cruzan solo en pasos de peatones o esquinas bien visibles y nunca corriendo entre vehículos aparcados.
- En zonas muy concurridas, estableced un sistema de “compañeros”: nadie camina solo, todos se mueven en parejas o pequeños grupos para poder ayudarse si surge cualquier incidencia.
Normas básicas al pedir dulces
- Que no se metan en casa de nadie: se llama a la puerta, se recogen las gominolas, y a otra cosa. Es importante insistir en que nunca deben entrar en viviendas ni coches de desconocidos, aunque se lo pidan de forma amable o les ofrezcan más dulces.
- Que rechacen las provocaciones de otros grupos, o (en su caso) de los famosos “payasos” que se hacen notar a base de intimidar a los demás. En situaciones especialmente tensas, pueden avisar a un adulto, incluso llamar a la Policía si se sienten realmente amenazados.
- No se llama a un servicio de seguridad ciudadana o de emergencias si no está justificado: explícale a tu hijo la diferencia entre una broma pesada y una emergencia real, para que sepa valorar cuándo hay riesgo para su integridad o la de otras personas.
- Enséñales a descubrir golosinas en mal estado: ¿huelen mal, tienen un color extraño, se pegan al envoltorio, están abiertas o rasgadas? Cualquier envoltorio manipulado, decolorado o sospechoso va directamente a la basura.
- Explícales que las golosinas caseras de personas desconocidas no son buena idea. Si no se sabe quién las ha preparado ni con qué ingredientes, es mejor no consumirlas, especialmente si hay alergias alimentarias en el grupo.
- No fomentes el “miedo vacío” a los demás: en el exterior de tu casa no todos son monstruos. Es mejor que aprendan en quién confiar, a escuchar sus sensaciones y, sobre todo, que rechacen cualquier petición que les haga sentir incómodos.
Disfraces, visibilidad y prevención de caídas
Aunque los más mayores suelan elegir sus propios disfraces, puedes ayudarles a que sean algo más seguros sin interferir demasiado en sus gustos. Gran parte de los accidentes en Halloween tienen que ver con tropezones, caídas y poca visibilidad.
- Procura que el disfraz y los zapatos queden bien sujetos y no sean demasiado largos. Las capas interminables, túnicas que arrastran o pantalones excesivamente anchos facilitan tropezones, sobre todo al subir escaleras o correr.
- Si llevan máscara, comprueba que no obstruye el campo de visión y que los ojos se ven bien. Cuando sea posible, es preferible utilizar maquillaje no tóxico y sombreros cómodos, probando antes en una pequeña zona de la piel para descartar reacciones.
- Evita que lleven accesorios largos o punzantes (espadas rígidas, bastones afilados, lanzas de plástico duro). En caso de caída pueden clavarse en el cuerpo o los ojos.
- Añadir elementos reflectantes o que brillen en la oscuridad (pulseras, colgantes, cinta en el disfraz o en la bolsa de dulces) aumenta mucho la visibilidad frente a los coches.
- Siempre que sea posible, elige tejidos con etiqueta de resistencia al fuego, sobre todo si el disfraz se usará cerca de velas, farolillos o calabazas iluminadas.
Seguridad en casa si recibes a niños pidiendo dulces
Si tu hogar es de los que se llena de llamadores al timbre en Halloween, también puedes contribuir a la seguridad preparando un entorno libre de obstáculos y sustos indeseados.
- Retira del porche y el jardín objetos que puedan hacer tropezar: mangueras, juguetes, macetas en mitad del paso, bicicletas o cables sueltos.
- Barre las hojas húmedas de escalones y aceras para evitar resbalones, y revisa las luces exteriores, cambiando bombillas fundidas para que el acceso esté bien iluminado.
- Si decoras con calabazas, opta por velas a pilas, barras luminosas o luces LED en lugar de llamas abiertas. Si utilizas velas reales, colócalas lejos de cortinas, disfraces o zonas de paso.
- Mantén a las mascotas controladas, especialmente si se ponen nerviosas con el timbre o con desconocidos. Es mejor que estén en otra habitación o con correa para evitar sustos o mordiscos.
Golosinas, alergias y salud
Halloween suele venir acompañado de una auténtica montaña de chuches. Más allá de los riesgos de atragantamiento o de consumo excesivo, es importante tener en cuenta las alergias alimentarias y la calidad de los productos que terminan en la bolsa de los niños.
- Espera a que los niños lleguen a casa para clasificar y revisar todas las golosinas antes de comerlas. Desecha las que estén sin envolver, con el envoltorio roto, de aspecto extraño o que no lleven información de ingredientes.
- Los bebés y niños pequeños no deberían comer caramelos duros, palomitas de maíz, frutos secos enteros ni chucherías muy pequeñas que puedan atragantarse con facilidad.
- Si hay alergias en casa, evita las golosinas sin etiqueta o caseras de personas que no conozcan bien la situación. Cualquier duda sobre la presencia de un alérgeno debe resolverse tirando la golosina.
- En tu propia casa, puedes ofrecer alternativas no comestibles para niños con alergias: pegatinas, lápices, pequeños juguetes, marcapáginas, burbujas o pulseras de plástico pueden ser un detalle igual de divertido.
- Habla con tus hijos sobre cómo repartir y dosificar los dulces durante los días posteriores, de forma que Halloween no se convierta en una semana entera de empachos. Establecer juntos unas normas claras hará más fácil cumplirlas.
A continuación, una infografía de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, que creo que os va a resultar útil.

Y hablando de seguridad: es verdad que se escuchan historias sobre adolescentes que tiran huevos a las fachadas de las casas en las que no se acepta el “truco o trato”, o acerca de diversas gamberradas de diversa gravedad. Espero que esos casos sean los menos, no me gusta pensar que la edad vincula con determinados comportamientos inadecuados. En cualquier caso, podéis hablar con vuestros ya no tan niños (y niñas) para que recuerden las normas básicas de urbanidad y respeto a la propiedad ajena, también para que no se puede ir por ahí molestando a los demás, porque en el fondo, no es divertido.
Si combináis un poquito de planificación, límites claros y mucha comunicación con vuestros hijos, Halloween seguirá siendo esa noche mágica que tanto les ilusiona, pero sin sobresaltos innecesarios y con la tranquilidad de saber que han aprendido a cuidarse y a cuidar de los demás.
Esperamos que estos consejos te sirvan.
Imagenes — Gracias Petr, vancouverfilmschool. © M Ángeles Miranda. Consultora/Auditora de prevención de accidentes infantiles® para la Asociación Nacional de Seguridad Infantil. Todos los derechos quedan reservados. Se autoriza a redistribuir, reenviar, copiar o citar el contenido de esta página siempre que se cite la fuente de acuerdo a la Ley 23/2006, de 7 de julio, por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril.
