Niños viviendo en zonas de conflicto bélico: cuando las cicatrices no son sólo físicas

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Coincidiendo con la festividad de Jueves Santo, UNICEF hacía público un comunicado según el cual más de 86,7 millones de niños menores de 7 años, han pasado la vida en zonas de conflicto bélico. Esta es una situación que no sólo provoca riesgos físicos inmediatos, y graves desajustes familiares y sociales, sino que además puede originar cicatrices emocionales profundas.

A diario escuchamos noticias sobre los refugiados sirios que han debido huir de su país, pero se nos olvida (o quizás no lo sepamos), que en Somalia, Sudán del Sur, este de Ucrania, Libia, y otros lugares del mundo existen guerras / conflictos bélicos de varios años de duración, que suman millones de víctimas. El futuro de miles de niños está en juego, pero también su bienestar emocional actual, que afectará a su capacidad de aprendizaje.

“Los niños que habitan en zonas de conflicto están a menudo expuestos a traumas extremos que les ponen en riesgo de vivir en un estado de estrés tóxico. Esto inhibe la conexión de las células del cerebro y tiene importantes consecuencias en su desarrollo cognitivo, social y físico durante el resto de su vida” (UNICEF).

El sentimiento de ser un niño se ve alterado.

Según datos de la organización en todo el mundo uno de cada 11 niños menores de 7 años ha vivido una situación de conflicto en la que es la época más importante para el desarrollo de sus cerebros. Esto significa que se han visto privados de seguridad, amigos, juegos, familias, y otros elementos que les hubieran ofrecido seguridad y oportunidades para un desarrollo pleno.

Poniendo como ejemplo concreto el conflicto en Siria (el que más conocemos pero no el único): 2,9 millones de niños dentro del país y al menos 811.000 en países vecinos, sólo han conocido una existencia determinada por la guerra. Si sus necesidades no son atendidas, podría perderse una generación entera. Ellos no conocerán la Siria que sus padres recuerdan, porque los hospitales, los parques, las calles y las escuelas están destruidos, cerrados o – como mínimo – su acceso ha sido bloqueado por puestos de control.

Dibujo realizado por un niño sirio.

Dibujo realizado por un niño sirio.

Todas esas chicas y todos esos chicos también tienen sueños de futuro, como cualquier niño / a, pero ese futuro está en juego. Y no sólo lo está por las consecuencias más visibles de la guerra, ya que cualquier trauma extremo provoca lo que conocemos como “estrés tóxico”, que dificulta las conexiones cerebrales e impacta en el desarrollo cognitivo, social y físico durante el resto de su vida.

Imágenes — UNICEF
Más información — UNICEF comité español


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Familia, Varios

Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

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